Nuestro Porteo: Bandolera

Como ya os conté AQUÍ, llegó el verano y la mochila ergonómica se nos hizo muy calurosa. Bebé Fúturo se quedaba dormido de puro calor porque las temperaturas en nuestro pueblo, a pesar de ser más frescas que en gran parte de España, seguían siendo excesivamente altas.

Así que me decidí a cambiar de método y adquirimos una bandolera. Por edad (menor de 6 meses) no era posible tener otras opciones más frescas.

De nuevo, me dejé guiar por Portakankuritos y elegí una muy bonita de colores arco iris. Litle Frog 100% algodón, concretamente ÉSTA. Cuando me llegó, la estrené enseguida.

Por aquél entonces, Bebé Fúturo pesaba muy poquito y resultaba muy cómodo tener las dos manos libres durante los paseos. Era verano y entre la baja por maternidad y las vacaciones, lo prolongamos hasta entonces, por lo que todos los recados los hacía con él cargado.

Sinceramente, aún así, en recados más largos, cargar su peso en un sólo hombro resultó algo incómodo. Para ir a comprar el pan o verduras en la frutería de la esquina, era lo más cómodo. Pero a veces me tenía que atravesar el pueblo entero y sí sentía que un cambio de hombro me vendría bien. Y soy persona que lleva bolsos-mochila que, con la bandolera, eran imposibles de colgar.

Por lo demás, era genial poder tapar la cabeza de Bebé Fúturo durante sus siestas, sí que se notaba más fresquito, ¡y hasta conseguimos que pudiera tener lactancia mientras paseábamos!

Evaluando los pros y los contras, estoy muy a favor de una bandolera, pero quizás me habría aguantado un poco y adquirir directamente la Tonga (cosa de la que también os hablaré porque también la tengo).

Nuestro Porteo: Mochila Ergonómica

Ahora venden como ergonómicas unas mochilas portabebes que no lo son, por favor, mucho cuidado con eso. Siempre preguntar a una asesora de Porteo, recomiendo a Portakanguritos.

Como ya os conté aquí, el fular elástico lo usamos cómodamente durante dos meses y, a petición de Papá Fúturo, nos pusimos a buscar mochila.

La verdad es que hice un trabajo de investigación curioso, no sé cuántas mochilas pude llegar a comparar, pero sí recuerdo porqué elegí la Boba 4G.

Se acercaba el verano y tenía ganas de portear bastante, así que había que tener presente el calor. Y que durara el máximo tiempo posible. La elegí por ser la más fresquita y, en parte también, la más bonita.

Ahora con perspectiva estoy segura que no podría haber elegido otra mejor. La verdad es que hace poco una amiga cuya hija tiene una edad parecida a mi hijo y se compró una Manduca ya se ha tenido que pasar a una Toddler y si ella no me hubiera hablado de ello, yo no conocería su existencia.

Las Toddler son mochilas ergonómicas para bebés cuya mochila no llega de corva a corva. Suelen ser para bebés mayores de un año y hasta que el cuerpo aguante.

Pero mi mochila Boba 4G tiene una particularidad, ¡tiene estribos! En su momento me parecía un complemento curioso que me imaginaba la tenían todas las mochilas, pero hoy en día me parece imprescindible y sólo la tiene la Boba 4G.

¿Por qué? Porque, a pesar de no llegar la base de la mochila de corva a corva, respeta la postura ranita que necesita para estar cómodo. Se pueden regular en altura, por lo que nos queda mochila para rato y con suerte puedo ahorrarme una Toddler (que no es por nada, pero entre una cosa y otra, ya me he gastado el sueldo de un mes en cosas de porteo).

Desde el principio ambos nos hemos sentido muy cómodos con la mochila. Aunque haya que ponerle el acople de recién nacido, a Bebé Fúturo se le veía muy contento en general, por lo que nos encantaba portearle. A Papá Fúturo le causaba alguna molestia en la espalda, pero creo que no se lo ajusta bien.

En verano nos resultó bastante molesto porque el calor de ese año no era ni medio normal. Demasiado calor (por ello me pasé a una bandolera).

Ahora porteamos muchísimo a la espalda, sobre todo desde hace un mes. Él ya sabe lo que tiene que hacer cuando le llevo a la espalda y yo he perdido todo el miedo de ponerlo y quitarlo de ahí. Incluso el otro día que fuimos a una cafetería los de la mesa de al lado tenían la cara perfectamente expresiva, decían claramente: “Se le va a caer y no le importa, qué cachiporrazo se va a meter el crío, pero cómo puede ser tan bestia la madre”. Mientras tanto, Bebé Fúturo super divertido con la experiencia.

Nuestro Porteo: el Fular Elástico

Acababa de conocer mi embarazo y se lo dije a mi Tribu, de inmediato Diario de mi Garbanzito me llama y me dice que me regala el Fular de Boba Wrap. No sabía qué contestar, todavía no había decidido cómo portear al que por aquel entonces todavía era Futuro Bebé, me invadía el miedo de si el embarazo seguiría adelante o no. Y al cabo de unos días me llegó a casa un Boba Wrap verde precioso.

Leyendo las instrucciones, entre Papá Fúturo y yo, no nos enterábamos de nada y decidimos muy claramente que no portearíamos hasta haber hecho un Taller de Porteo. Busque uno que nos viniera bien y, llegado el día de la cita, nos encaminamos a él.

Nos explicaron muchas cosas y nos enseñaron diferentes sistemas de porteo ergonómico. Entre ellos el fular elástico que llevábamos.

Estaba muy interesada en portear a la espalda, pero la instructora nos decía que hasta el primer año, nada de portear a la espalda. Insistí (para portear a la espalda después del año) y volvió a decirme que hasta el año no se recomienda y zanjó el asunto. Me quedé muy chafada, además que he visto vídeos en los que se enseña a portear a recién nacidos y lo que me decía que entonces no se respetaba la curvatura de su espalda se veía perfectamente que no es así, sí que la respeta. Intuyo que no tenía mucha idea de asesorar con el fular.

Nosotros aprendimos lo que necesitábamos, colocar a Bebé Fúturo en el fular. Y cuál es el sistema por el que no se caía, que no lo veíamos nada claro hasta entonces.

El primero en portear en casa fue Papá Fúturo, pero siempre pedía ayuda para colocar el fular y, la verdad, no es lo mismo que te lo ajustes a ti mismo a que te lo ajuste alguien. Por eso siempre tenía la sensación de que Bebé Fúturo no iba bien puesto cuando él mismo lo llevaba.

Esa primera vez ya la narramos aquí, pero quiero contaros nuestra experiencia “a largo plazo” de ese sistema.

Indudablemente me hizo sentir embarazada de nuevo y la verdad es que es el sistema con el que más cerca lo he sentido a mí sin ninguna molestia. Y, sobre todo, sin ninguna duda.

Con otros sistemas siempre he tenido la duda de si estaba bien colocado o si algo le hacía daño, pero con el fular, menos al principio cuando la novedad todavía te abruma, no he sentido eso.

Siempre fue como si formara parte de mí. Fueron dos meses en los que no teníamos otra opción para portear y los recuerdo con mucho cariño.

Nuestro Porteo

Una de las primeras publicaciones que hice en el blog fue hablando de mi intención de portear y de cómo he llegado a ese concepto. Desde entonces ha pasado tiempo y sólo he hecho una referencia aquí, pero creo que ahora que he probado casi de todo, puedo hablaros mejor de ello.

Yo tenía expectativas bastante altas sobre el porteo y debo reconocer que han sido superadas. Conocía los beneficios para el bebé y me centré en ellos, pero no vi las ventajas que eso suponía para la madre.

A ver si me explico. Una de las ventajas es que lloran menos y, claro, yo ahí sólo veía lo bueno que era para Bebé Fúturo que no llorara tanto, pero no me hacía a la idea del relax mental que eso podía significar para la madre. Y como eso, otras muchas cosas.

Ya hablaré de los sistemas que hemos usado y cuan útil han sido en cada caso. Pero la sensación de lo que hemos vivido merece un post aparte.

Para nosotros ha sido libertad, compenetración, unión, paz. Sentirle conmigo y sentirle feliz. Verle dormido y hacer cosas en casa sin preocuparme si le oigo o no llorar.

Recuerdo algún tiempo en el que siempre que le ponía en el fular se quedaba automáticamente dormido. Alguna vez hubo que lloraba hasta que te movias, pero son las menos, sólo al principio.

Lo que nunca he conseguido fue darle el pecho mientras porteaba. Es algo que todavía me pregunto cómo se puede hacer. Me habría gustado y he puesto mi empeño con la bandolera, pero al final era más engorro que solución.

Hay tiempos en los que hemos porteado menos por mal tiempo o porque directamente no le veía y tampoco se terciaba. Echo en falta haber porteado más en esas épocas.

Ahora porteo a la espalda. Hasta ahora no lo hemos hecho mucho, sólo en espacios controlados, porque no le veía la cara y no colaboraba mucho para ponerse. Pero ya tenemos dominada la técnica y, con el buen tiempo, si no salimos en familia a tomar algo o a ver a un amigo, me lo encasqueto y salimos a ver el pueblo.

Hasta ahora jamás me ha dicho nadie (exceptuando un personaje de nuestras vidas) que Bebé Fúturo fuera mal ahí. Siempre que nos cruzamos con alguien por el pueblo alababa lo bien que iba “junto a su mamá”. Quizás dos personas, una de ellas este personaje, que sí que me hacían comentarios que en el carrito sufriría menos mi espalda y por más que decía que estaba perfectamente porque era un buen sistema y no de los malos, insistían.

La personaje de este cuento lo hacía porque si lo porteaba en lugar de llevarlo en el carro, ella no podía llevarlo. Que es muy así ella…

Ahora nos miran entre sorprendidos y maravillados. Entre que todavía porteo y que mi abrigo lo puedo poner para portear a la espalda… Ayer vi cómo lo flipaban.

Papá Fúturo no portea tanto. La verdad es que no tiene un abrigo de porteo y, no entendemos por qué, él sí lo sufre más en la espalda. Seguramente ahora con el buen tiempo que no necesitamos ir tan abrigados y el porteo a la espalda se anime más.

Lo único que me queda es, a los que aterrizais aquí por primera vez o escucháis hablar de porteo por aquí por primera vez, es que os dejéis asesorar por un profesional y contactes con una Asesora de Porteo. Es importante no llevar a los bebés en portabebes colgonas y diferenciar lo que el mercado denomina ergonómico con lo que lo es de verdad. No entiendo cómo esto no está regulado por el Estado y cómo las marcas con renombre en puericultura infantil permita que una colgona lleve su marca.

Mi Crianza con Apego

A estas alturas del blog… ¿a alguien le queda alguna duda de que sigo los principios y los preceptos de la crianza con apego? ¿Hay alguien que todavía no sepa que creo firmememente que a un hijo no sólo hay que amarlo sino demostrarle que se le ama?

En cualquier caso… por si acaso, aquí vengo a contaros cómo crío yo personalmente con apego.

Besos, muchos besos y más besos y besos infinitos. Ahora que todavía no puede defenderse ni tiene motivos para pedirme que deje de ser pesada, le beso todo y más de lo que puedo. Papá Fúturo asegura que le tengo agobiado, pero yo seguía dando besos y más besos. ¿Qué he conseguido con esto? Cuando está muy cansado y, por tanto, muy pesado, le doy besitos en la carita, los mofletes, la nariz, la barbilla y… ¡¡se queda dormido!! Me lo ha hecho dos veces y todavía no me lo creo, pero le relaja tanto que yo le bese que cierra los ojitos, se deja besar y todos felices (menos Papá Fúturo que odia el ruido de los besos).

Porteo, mucho porteo y más porteo. Lo cargo a todas partes, si no es en mochila, es en bandolera, pero a todas partes va cargadito conmigo, o con Papá Fúturo. Se le nota relajado mientras va cargado. A veces en carro también, pero yo prefiero portearlo y es algo que ya el resto de la familia ha aceptado como sempiterno.

Teta, mucha teta y más tetita. Para todo, cuando le duele algo, cuando se despierta, cuando se duerme, cuando se aburre… Yo llegué un día a ir con la teta fuera en medio de un centro comercial y sin inmutarme, sólo me tapaba el sujetador, pero la camiseta, por el escote, tenía toda la teta fuera. Me lo dijeron mis acompañantes y fue un: “Ah, vale. Jijiji, es verdad” y si no… llego a casa con la teta fuera. ¡Total! La iba a tener que volver a sacar.

Colecho… Lo meto en la cama cuando se despierta por las noches, pero dormir duerme en su propia cuna, aunque sí en nuestra habitación. Creo que ambos estamos más a gusto durmiendo cada uno en su sitio. Aunque hay noches en los que directamente se queda en mi cama porque me quedo dormido con tanta teta fuera.

Juego, mucho juego y más juego… Y esto sólo va en aumento según él se va desarrollando. Antes sólo era cantando, cantaba mucho. Ahora canta él y los demás le secundamos. Pero lo que realmente le gustan son todos los juguetes musicales, se queda con una cara. ¡Madre mía cómo le gustan! El sonajero musical, el piano musical, el móvil de la cuna… ¡¡todo!! Lo mira y cuando se habitúa a la música, golpea con fuerza todo y quiere más y más y más.

Mascotas, muchas mascotas y más mascotas. Me encanta que se relacione con animales y tenemos la suerte de que a los sitios que más frecuentamos, hay perros y en casa tenemos una gata. Ha aprendido que si llama a la gata, la gata se acerca. Todavía no es muy suave con ella, la agarra porque la quiere mucho y la gata se asusta y huye. Pero a veces que él está más tranquilo la gata se acerca y se restriega contra su pie, cosa que él observa con su cara de curiosidad incesante. Y a los perros… los mira muy fijamente y cuando se acercan y le lamen la cara, se asusta mucho y le encanta. Tanto que ahora cuando ve algo que le gusta saca la lengua y finge lamer el aire.

Y así pensamos descubrir el mundo: juntos, con mucho amor, cariño y respeto.

Sesión Teta

Me gusta el cine, soy cinéfila. A veces me gusta ir por disfrutar del ambiente más que por la película en sí. Las palomitas están más ricas en el cine, no sé. Es un ambiente que me gusta mucho.

Conozco desde hace una temporada la llamada Sesión Teta: Todos al cine que se promueve en el Centro Comercial de La Vaguada y tenía muchas ganas de ir, pero me separan unos 50 kms y 3 trasbordos del transporte público…

Pero la verdad es que me podían las ganas.

Así que nada más despertarnos me enchufé a Bebé Fúturo a la mochila y me dispuse a ir al Bus Interurbano. Para mi sorpresa, se portó fenomenal el peque y no resultó ningún incordio en todo el camino. El trayecto de bus muy bien, encantada con la sorpresa.

Lo siguiente fue el transporte de Cercanías. Hubo que caminar hasta llegar allí y por el camino se durmió, así que casi todo el camino del Cercanías lo hizo dormido. Para cuando se quiso despertar, ya estábamos en destino para el siguiente trasbordo.

Así que unas pocas paradas en metro (con trasbordo dentro del medio de transporte) y llegamos fenomenal. En todo el camino no quiso teta, para mi sorpresa. O al menos no manifestó especial ganas por comer. Pero en cuanto llegamos, aprovechando que llegamos 10 minutos antes de tiempo, me pedí un desayuno y le ofrecí el pecho a Bebé Fúturo, que se enganchó con ganas.

Cuando llegó Menuda Manada nos acercamos al tumulto de la entrada al cine… Para mi sorpresa el ambiente era familiar, pero en ese plan de “aquí es como si nos conociéramos”. Me sentí mucho más integrada que en cualquier otro momento anterior en mi vida, para mí esa sensación es completamente nueva.

Aunque no era tanta sorpresa, sí era extraño ver a los medios de comunicación rodeándonos para filmarnos. Estaba avisada que iría la prensa, pero no que fueran varios los medios de comunicación que se presentaban. Ahí estaban TVE, Telemadrid, Cuatro y Telecinco haciendo eco de la iniciativa.

¿Todavía no he dicho de qué va? ¡Menudo despiste! La Sesión Teta es una sesión especial de cine en el que bajan el sonido a los decibelios adecuados para bebés y están permitidos sus llantos y darles el pecho. Por lo que siempre encontrarás con quién hablar sobre las cosas de los bebés. De momento son los martes a las 11:30 en el Centro Comercial de la Vaguada. ¿Conseguiremos más sesiones y más cines que se hagan eco?

De todas maneras, AQUÍ tenéis una de las presentaciones donde tenéis información y hasta donde salgo hablando. ¿Me reconocéis?

Tema Porteo: Segundo Encuentro

Primer Encuentro: AQUÍ.

Pues la verdad es que con la cesárea tuve algo de miedo de empezar a portear. La verdad es que me encontraba muy bien, pero ya se sabe… Recomiendan calma con estas cosas dado que las consecuencias pueden ser imprevisibles y no muy favorables. Así que empezó a portear Papá Fúturo.

El primer día que sacábamos a Bebé Fúturo de paseo (al segundo día de llegar a casa) nos decantamos por probar “el invento”, así que Papá Fúturo se lo puso por casa para comprobar que lo hacíamos bien y fue un exitazo desde el principio. Se encontraban muy cómodos los dos, a Bebé Fúturo se le veía que se sentía protegido y Papá Fúturo se le veía entusiasmado, así que salimos con el invento por la calle.

Yo no hacía más que verle ventajas: no había escalones que molestaban, a la hora de cruzar no tenía que ir uno en avanzadilla para parar los coches en esquinas de poca visibilidad (siempre hemos odiado a los padres que sin mirar meten el cochecito en el paso de cebras dispuestos a que atropellen a sus hijos), tenías las manos libres, la gente no toca al bebé constantemente. Todo eran ventajas y no veía ningún inconveniente.

Luego llegó el día en el que me vi dispuesta a probarlo yo (dos días más tarde, no aguanté mucho más). Salimos para comprar el pan y estuve pletórica con el invento. Me sentía embarazada de nuevo. Sólo que también bastante preocupada porque Bebé Fúturo no hacía ningún amago por moverse, me pasaba cada cinco minutos comprobando su respiración… parecía inexistente. Aquello era como hacía apenas una semana, tenía que acostumbrarme a medir el espacio a mi alrededor para evitarle golpes a Bebé Fúturo, pero mi cuerpo estaba a tope.

A día de hoy, exactamente seis semanas después de que Bebé Fúturo llegara a la vida, porteo hasta para ir al servicio. Hay momentos en los que Bebé Fúturo (como cualquier otro recién nacido que pasa a ser bebé) empieza a reclamar de manera más espontánea y, sobre todo, llamativa a sus padres. Cuando has comprobado que no tiene hambre y el culito está sequito, sospechas que es un gas que todavía no ha expulsado o simple necesidad de afecto, en cualquiera de estos dos últimos casos el porteo obra milagros. Es poner a Bebé Fúturo en el fular y se obra toda la magia: se queda tranquilo y se duerme. Así que cuando estoy sola en casa y no hay hambre ni pañal sucio pero Bebé Fúturo requiere sus mimos, le planto dentro y me dedico a lo que necesito hacer.

Y ahora es cuando confieso que jamás pensé que usaría el porteo para ir al servicio.

Por cierto, el método que hemos elegido nosotros es con un fular elástico, regalo de Garbanzita a quien se lo agradezco de mil amores. Hay muchos más, pero esa información os las pueden dar asesoras del porteo, recomiendo a Portakanguritos entre otras (tiene un curso online gratuito para elegir el mejor portabebés que se adapta a ti).

Porteando

PD: AQUÍ os cuento más.

Tema Porteo: Primer Encuentro

No es la primera vez que hablo del porteo. Mi idea inicial la tenéis AQUÍ. Lo que sí es que el mismo día en el que tuve mi primer encuentro con el tema chupete, me comentaron algo del tema porteo que no me cuadraba.

Ya van dos personas que me dicen que el porteo en los primeros días de vida es algo MALÍIIISIMO, porque le destroza la espalda a Futuro Bebé. Me he quedado un poco controvertida, porque no son ésas las ideas que yo tengo. Pero me aseguraban insistentemente que en los primeros días hay que tenerlo tumbado en un carrito para el correcto desarrollo de la espalda. Me lo dijeron tal y como yo iba a decirle a la chica lo del chupete, así que me retuve y no le mandé a la mierda.

Aunque, la verdad, es que se me quedó la espinita clavada. ¿Será verdad que es malo portear al bebé con días de vida?

No tenía ganas de investigar todavía al respecto, es algo que quiero hacer junto a Futuro Papá, en el momento que consideremos oportuno. Pero necesitaba quitarme esta espinita clavada.

Así que esta mañana le pregunté a Portakanguritos en un privado, por si acaso… ¿Quién sabe? Igual estoy equivocada…

Su respuesta:

Portakanguritos

Tema Chupete: Primer Encuentro

No me gusta ponerme a mirar cosas antes de que ocurran porque soy muy dada a tener ideas preconcebidas que luego me arrebatan con la razón. Con lo emocional que soy, eso es un problema, básicamente porque me quedo echa polvo, me entra la rabia y durante un tiempo, hasta que me calme, dejo de hablarle a la persona que me quitó la idea. Después reflexiono y doy la razón a regañadientes con sentimiento de culpa por ponerme como una energúmena por nada… (Muy Aries todo).

Pero como me voy conociendo poco a poco, reacciono en consecuencias a un equilibrio que necesito mantener, para ser yo y no imponerme a nadie.

El tema del chupete me ha puesto a prueba por primera vez ante el encontronazo conmigo misma. Pasamos la tarde con unos amigos, una de las que estaba es mamá de hace 3 años. Yo, que tengo la razón (que confundo con sentimiento) por delante, iba a imponerme ante el tema del chupete… Que el niño seguía usando y que la madre no estaba dispuesta a quitárselo. Aunque el resto de amigos de la mesa no hacían más que incordiar al nene para que lo dejara, en plan presión de grupo para que se sienta incómodo y lo deje. Cosa que cuando yo era pequeña nunca me funcionó y me reforzaba en la cuestión que fuere, por lo que yo no lo hacía.

En fin, que me voy de tema… Tenía la firme intención de separar a la madre y decirle que lo que está haciendo con su hijo está mal. ¿Quién, yo? La que todavía no es madre… sí. Por lo que me frené, me quedé inquieta con la cuestión… Porque según he oído decir, es malo que esté tanto tiempo con el chupete. ¿Pero quién soy yo para cuestionar a una madre? Básicamente porque cuando me cuestionen a mí, no tendré reparo en mandar a la mierda a quien fuera. ¿Estoy dispuesta a que me manden a la mierda a mí? Pues no, porque me quedaré echa polvo. Porque intentando hacer un bien, me he metido donde nadie me ha llamado y me han dado en las narices (de forma merecida), así que lo dejé estar, pero me quedé inquieta.

No he parado hasta que por fin he podido buscar información sobre ello. No recuerdo exactamente lo que puse en Google, estoy intentando repetirlo, pero no me remite a la misma página. Era algo así como: “a qué edad es bueno quitar el chupete”. ¡Uys! Pero si existe el historial de los navegadores… Pues busqué: “edad a la que el chupete ya no es bueno” y me encontré con ESTA PÁGINA con la que he encontrado todas las respuestas.

Curiosamente por la noche me cuestionaron a mí con el tema del porteo y colecho. Así que a punto estaba de mandar a la mierda (a alguien que tiene una sobrina, no es madre). Pero también fui capaz de frenarme y dejar correr el asunto, para tomar la firme decisión de que cuando llegue el momento de tomar estas decisiones, Futuro Papá y yo investigaremos y no nos dejaremos llevar por habladurías. Pero que de momento no es momento de investigar…

Pero debo reconocer que no estoy nada hormonal… ¿Cómo lo habría hecho si estuviera con el SPM? Que quien sea en quien creyeran les coja confesados…

Mi Primera Idea del Porteo

He crecido en un país nórdico (al menos hasta los 11 años). En ese país no había la cantidad de carritos por la calle como he llegado a ver aquí. Siempre he visto como natural llevar al recién nacido en un aparatejo en brazos. Es más, he visto como a mi hermana pequeña la han llevado siempre en un aparatejo en brazos. Por lo que ahora leo otros blogs de mamás que han dudado en llevar a sus niños en brazos y me quedo un poco patidifusa.

La primera vez que escuché la palabra porteo fue a una mamá bloguera amiga mía. Todavía no tengo muy claro lo que es, pero yo tenía la certeza de que haría eso. Todavía tengo que averiguar qué es el colecho. Pero no es sobre eso de lo que quiero hablar en este post. Supongo que más adelante, cuando tenga a Futuro Bebé, os podré hablar de mis diferentes experiencias.

Pero ahora lo que quiero es transmitiros el paraje de un libro que me ha convencido totalmente que los carritos son lo más antinatural del mundo.

La mayoría de las mujeres parecen comprender instintivamente la necesidad de una experiencia rítmica y automáticamente hamacan y palmean a sus hijitos. Más aun, cuando una madre mece a su hijo, tendrá una tendencia a hacerlo siguiendo el ritmo de su propia respiración o de la del niño; al palmearlo, este ritmo reproducirá también el ritmo cardíaco de la madre o del niño. La cuna mecedora, raramente empleada en nuestros días, solía brindar una sensación de seguridad basada en el ritmo. Hasta casi el final del siglo XIX, era considerada indispensable. Sin embargo, a finale de 1890 los pedíatras comenzaron a objetar su empleo, acusándola de ser formadora de hábito y a condenar el mecer a los niños como una “práctica malsana”. Eventualmente la confortable mecedora fue reemplazada por la rígida extensión desprotegida de una cuna. Montagues es un ardoroso defensor de la vuelta al uso de la mecedora.

Montagu también considera que los bebés norteamericanos no son tocados ni tenidos en brazos el tiempo suficiente. Para muchos mamíferos las primeras experiencias táctiles son literalmente una fuente de vida. El animal recién nacido es cuidadosamente lamido y aseado inmediatamente después de nacer y luego con frecuencia, esto no es tanto una medida sanitaria como un estimulo tangible necesario. La piel es masajeada y los impulsos sensoriales llegan al sistema nervioso central y despiertan los centros respiratorios y otras funciones. Este despertar constituye una necesidad del animal recién nacido. El que no reciba este tratamiento, es muy posible que muera. Montagu sostiene que en los seres humanos, las prolongadas contracciones del útero que constituyen el trabajo de parto, cumplen la misma función que la lamida después del nacimiento en los animales. Ambos ponen en funcionamiento los sistemas vitales del ser.

Sin embargo, la necesidad del contacto táctil estimulatorio no termina a los pocos días del nacimiento. Los famosos experimentos de Harry Harlow prueban que por lo menos para los monos, el continuo contacto de la piel es extremadamente importante. Harlow separó a monitos recién nacidos de sus madres y los colocó en jaulas con dos madres sustitutas artificiales. Una de estas figuras hecha de alambre, periódicamente les proveía leche. La otra, confeccionada con felpa, no les proporcionaba alimento alguno, sin embargo, los monitos no preferían la figura que les proporcionaba comida, sino que se acercaban, con mucha más frecuencia, a recibir el contacto de la felpa, que al parecer les proporcionaba consuelo. Aparentemente, para ellos, era tan importante el contacto corporal como el alimento.

El contacto corporal es también muy importante para los seres humanos recién nacidos. Si se los separa de sus madres inmediatamente después de nacer y se los interna en alguna institución, padecerán lo que se conoce como síndrome de la “privación materna”. El desarrollo mental, emocional y aun físico de estos pobres niños, está amenazado. Los niños de orfelinato son demasiado tranquilos y duermen en exceso. Desde que tienen cinco meses, hasta los ocho, tendrán una tendencia a consolarse solos mediante un balanceo monótono similar al que realiza un adulto sumido a una gran pena. El bebé huérfano hasta reacciona en forma distinta al ser tomado en brazos. Dos científicos que efectuaron estudios de este problema escribieron: “No se adaptan bien a los brazos de los adultos, no parecen querer acurrucarse y hasta se nota una falta de flexibilidad. . . Parecen muñecos rellenos de aserrín; se mueven y flexionan correctamente las articulaciones pero se los siente algo rígidos, como si fueran de madera”. Al igual que los cachorros de animales, los niños parecen necesitar que se les estimule el sistema nervioso de alguna manera para poder desarrollarse normalmente.

A pesar de que en nuestros días son pocos los niños norteamericanos que padecen de ausencia materna, Montagu piensa que aun los bebés normales en nuestra cultura no reciben el estímulo táctil suficiente. Ciertamente, si comparamos la forma en que son tratados los niños en otras culturas, des cubriremos que los norteamericanos figuran entre los que reciben menor proporción de contacto. Los bebés balineses, por ejemplo, pasan sus días dentro de una faja que sus madres, sus padres o alguna otra persona lleva colgando a la espalda. Por la noche, duermen en brazos de los adultos. Las madres esquimales de Netsilik mantienen a sus bebés desnudos con excepción de un pañal, sobre su espalda, metidos dentro de su parka que tiene un cinturón especial que la convierte en una bolsa muy adecuada. En los Estados Unidos, por el contrario el bebé es llevado en un cochecito, atado ocasionalmente al asiento de un auto, o librado a su propio albedrío en una cuna movible o un “corralito”. Cuando duerme, lo hace solo. Esta temprana separación del bebé y la mamá en nuestra cultura, probablemente contribuye al sentimiento de estar aislado en el adulto, que se siente aun dentro de la familia.

Montagu no es muy afecto al modo de criar los niños en el mundo occidental. Más aun, cree que la privación del contacto táctil de los bebés norteamericanos produce un adulto torpe en el arte de hacer el amor y una mujer que, con frecuencia, está más interesada en el acto en sí por el contacto corporal que entraña, que por la gratificación sexual que pueda obtener de él. Algunas mujeres que se convierten en ninfómanas, lo hacen en un aparente deseo ferviente de ser acariciadas y estrechadas entre los brazos; realmente un desesperado deseo infantil.

La evidencia de la pobreza táctil surgió en uno de los pocos estudios naturalistas realizados con respecto al contacto. Vidal Starr Clay observó el comportamiento táctil de madres con sus hijos en lugares públicos. Descubrió, como era de esperar, que los niños son tocados cada vez menos a medida que crecen. No obstante, los que mayor contacto físico tenían con sus madres no eran los llamados “niños de brazos”, sino los más grandecitos; los de menos de dos años que ya sabían caminar. En nuestra cultura, hay una cantidad de cosas que se interponen entre la madre y el niño: biberones, pañales, cunas, cochecitos, etc. El niño comienza a disfrutar de un período satisfactorio de contacto cuando comienza a caminar y luego éste disminuye progresivamente hasta decaer casi totalmente a la edad de cinco o seis años.

Las observaciones de Clay mostraron también que la mayoría de los contactos entre la madre y el niño se producen a través de los gestos que aquélla realiza para atenderlo —limpiarle la nariz, arreglarle las ropas— más que expresiones de afecto. Asimismo comprobó que las niñitas eran tocadas con mayor frecuencia que los varones. Otros estudios revelaron que las niñas son sometidas a mayor número de demostraciones de cariño que los varones y que aquéllas mantienen durante más tiempo la alimentación maternal. Así como a los varones se les permite una mayor independencia física, a las niñas se les proporciona una mayor independencia emocional. La madre norteamericana parece tan empeñada en no sobreestimular a sus hijos varones ni sexual ni emocionalmente, que en realidad probablemente peque de lo contrario. Tal vez ésa sea la razón que lleva a las americanas adultas a sentirse más cómodas con respecto al contacto corporal que los hombres.

‘’Para el bebé, ser tenido en brazos representa amor. Pero a medida que crece la forma en que lo sostienen representa mucho más que eso. Le indica muchas cosas acerca de la persona que lo sostiene; se da cuenta cuándo el que lo maneja está nervioso y no está acostumbrado a tratar con bebés. Puede sentir la tensión que acompaña a la ira y captar el letargo de la depresión. A temprana edad, comienza a absorber los sentimientos de su madre hacia el sexo, que le son transmitidos de manera no verbal. El psiquiatra Alexander Lowen explica que si una madre siente vergüenza de su cuerpo, podrá transmitir ese sentimiento al amamantar a su hijo, por la forma tensa y poco graciosa en que lo haga. Si los órganos genitales le resultan repulsivos, lo demostrará al cambiar los pañales de su niño. Debe ser difícil, casi imposible, tratar de esconder estas reacciones básicas ante la ávida atención del infante.”

La Comunicación No Verbal – Flora Davis
(Podéis consultarlo online AQUÍ)

Es un libro magnífico, la verdad. Pero no habla sobre ser madres, sino sobre psicología. Sobre cómo nos comunicamos sin emitir palabras. Y por supuesto que la comunicación con el bebé es en todos los sentidos sin palabras.

Quiero tocar a Futuro Bebé, quiero que aprenda a vivir y que nunca carezca de amor. Que no busque amor porque le falte amor propio y que tampoco le sobre tanto amor que infle su ego.