Esa falta de tiempo…

Cuando te quedas embarazada te encuentras, en la gran mayoría de las ocasiones, con el mismo consejo: “Disfruta ahora que puedes de todo el tiempo que te queda” o algo parecido. Pero el trasfondo es siempre el mismo: “Cuando nazca tu bebé, no tendrás tiempo ni para ir al baño”.

En mi experiencia puedo decir que ni tanto, ni tan poco. Mi hora del baño es sagrada. Apenas me habré dado un baño rápido de 3 minutos, quizás, una vez en los 21 meses de maternidad que llevo. Cuando era demasiado chiquitín para tener horas de sueño, el encargado de su consuelo ha sido Papá Fúturo, y ahora que se duerme y no sabemos de él más que una vez en toda la noche, la hora del baño después de su comienzo del sueño es… glorioso. Pero jamás me he privado de mi hora del baño tal y como lo tenía antes de ser madre.

Todo hay que decirlo: no me ducho todos los días. Me parece insano para la piel y poco recomendable, cosa que demuestran los estudios. Para algo, en nuestro país, tenemos el bidé. Y no hago deporte para necesitar ducha diaria. Un buen lavado es mejor que ducha diaria y no requiere tanto tiempo.

Por lo demás, en lo que sí he visto muy sacrificado el tiempo, son en esos proyectos personales. Esos ratos de soledad en casa mientras Papá Fúturo trabaja, tienes las cosas de casa realizadas y quieres dedicar el rato que queda a escribir en el diario, ordenar e imprimir fotos, escribir en el blog, reorganizar el escritorio, leer un libro, colorear mandalas, ¡ver una película! Salir a tomar algo con las amigas, pensar en eso que ha pasado en el trabajo… ¡¡¡Matar el tiempo!!!

¿Qué tiempo? Si con suerte consigues tener algo de ropa planchada. Y no, no está ni recién planchada. La montaña de ropa por planchar que tengo siento que no la voy a tener al día JAMÁS DE LOS JAMASES.

Hay mañanas que me descubro buscando un calcetín en el montón. Secreto: no necesariamente tiene que ser la pareja del calcetín que ya he encontrado.

Tengo tantas tareas del hogar pendientes que encontrar un hueco para hacer esa mesa de luz que prometí me está costando más de lo que me esperaba. ¡¡Y eso que la he pillado en plan “para dummies”!!

Otra de las grandes cosas que me han sorprendido es que desde que tengo a Bebé Fúturo conmigo, no pienso en mis amigas. No las echo en falta… Y eso es bien raro en mí, que dentro de mi asocialidad, me sentía muy sola y abandonada por casi todas, siempre. Era la típica que llamaba y a la que nadie llamaba. Ahora siguen sin llamarme, pero ya tampoco llamo yo, ¡¡y ni me importa!! Tengo tres amigas contadas, hablo con ellas cuando podemos, ¡a veces me escriben ellas para preguntar cómo estoy! Vamos, ¡¡estoy encantada!! Ya no me siento esa pesada que llamaba para ver cómo están los demás y que molesta, casi siempre.

Ahora bien, todo el tiempo que paso con mi hijo es ORO PURO. Esa matronatación cada dos días, esos paseos al parque (pocos, por suerte… todavía), leerle el mismo cuento siete veces (¡a veces seguidas!). Todo eso, no tiene precio y hace que no te importe que tus proyectos personales no se cumplan.

PD: Sí, la mesa de luz la quiero hacer para él… Pero seamos realistas, quien la va a disfrutar voy a ser yo. Él va a hacer lo mismo que con todos los juguetes: verlo, tocarlo, reirse, pasar de él e ir a buscar ese libro que hoy sólo le he leído cinco veces.

El Sueño de Bebé Fúturo (20 meses)

Cada maternidad, cada familia, cada hijo, cada circunstancia es particular (como los patios de cada casa). Y la mía no iba a ser diferente. Pero una de las cosas que más me gustan de los blogs es cuando compartimos nuestras vivencias y hacemos ver a los demás en qué circunstancias podrían encontrarse. Hay quienes llaman esos posts “Maternidad Real”, la que tenemos, lo que somos y cómo lo vivimos cada una en su caso. En una misma familia cada hijo es distinto, así que aquí os cuento cómo ha sido, hasta ahora, el sueño de Bebé Fúturo tras cumplir sus 20 meses.

Bebé Fúturo era de muchos despertares desde bien pequeño. Yo no sabía qué hacer, hasta que descubrí que los peores despertares de Bebé Fúturo eran porque dormía conmigo. Ni él dormía bien ni yo descansaba nada, así que nos decidimos pronto (8 meses) llevarle a su cuna en su habitación. No fue mano de santo, pero casi. Se redujeron a más de la mitad el número de despertares nocturnos.

A los 9 meses ya dormía toda la noche del tirón. Yo me sentía más alegre, más descansada, tenía más energía para todo, trabajaba mejor… Bueno, os podéis imaginar. De repente la maternidad no era tan cruda. Todo iba mejor…

Hasta que a los 10 meses entró en la guardería. Volvimos a las noches infernales, a los despertares continuos, a las tetadas nocturnas incansables. Pero de nuevo, con el tiempo, se fue acostumbrando a la situación y volvió a dormir. Apenas tenía un despertar nocturno.

Hasta que atacó la otitis, ésa que seguimos arrastrando desde entonces. Nadie nos quita un despertar nocturno. Sobre todo cuando se resfría o está algo pocho. Incluso con la medicación y todo. Pero bueno, esperamos que con la medicación nueva de la otitis la cosa sólo vaya a mejor  y en breves vuelva a dormir toda la noche, que va por buen camino.