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Visita al Ginecólogo en la Semana 8 – Vía Pública

Creo que ésta va a ser el post más duro que he escrito en todo lo que va de blog…

Como ya sabéis, estaba toda nerviosa y con muchas ganas de llegar a esta cita para ver cómo ha evolucionado la cosa desde la semana anterior. Además, era mi primera cita de embarazo con el servicio público, también tenía mucha curiosidad por saber cómo se gestiona desde esta vía (sí, tengo curiosidades muy extrañas).

Fui con mi paso de hada descubriendo cómo llegar al sitio, ¡el hospital es enorme! Así que llegué algo tarde, iba muy justa de tiempo y mi paso de poquito a poco no ayudaba a recuperar el tiempo. Saqué mi numerito de turno y esperé delante de la pantalla. Iba acompañada por mi cuñada, no tenía transporte fácil para llegar. La opción de no molestar a nadie era una hora y media en bus interurbano para llegar, de todas formas, tarde. Así que aceptó cuando se lo pedí sin ningún problema.

Además, el pronóstico no era muy bueno, por lo que también prefería ir acompañada. Mi fobia a la bata blanca, aunque casi está superada, sigue vigente.

Yo llevaba, como paciente aplicada, todo mi historial ginecológico (algo amplio), mi volante de interconsulta (como me exigieron por vía telefónica) y mis últimas analíticas de sangre.

Cuando me atendió, no me pidió el volante de interconsulta. ¡Y yo preocupadísima toda la noche por si se me olvidaba! Tomó nota por vía verbal de todo mi historial (ahí tardamos rato), revisó las analíticas, tanto la citología como la analítica. Luego le pidió a la auxiliar que me tomara la tensión (117 – 83) y el peso (79.2 kgs). Y por último me invitó al potro.

Me coloqué, me pidieron que me recolocaran y me hizo la ecografía vaginal. Intenté mirar la pantalla, pero me dijo que luego me comentaría… Silencio…

Me pregunta si en la ecografía anterior hubo latido, le dije que no, y me suelta (con cierto tacto): “Tiene toda la pinta de una gestación interrumpida”. Sigue sin ver el embrión y no encuentra latido. Me dijo que no quería adelantarse tampoco a los acontecimientos y que, por si acaso, daba una semana más de margen.

Rellenó el informe en el ordenador y me dijo que con el más mínimo sangrado acudiera a urgencias y que la semana que viene, el lunes, acudiera a Urgencias con el informe que me facilitaba. Si seguía sin haber latido, se provocaría el aborto.

Todo esto me confirma lo que yo ya sabía el martes, cuando me estaba arreglando para ir a la ginecóloga. Ese coágulo que tuve en mis dedos, que observé y que, por más que quiero ser abierta de mente y pensar que pudiera ser un coágulo cualquiera, era el embrión. Tenía la forma. Lo miré un minuto y me pudo el susto. Pero la posibilidad estaba ahí, ése era Futurito Bebé. Me quedé un poco paralizada, pero algo me decía que debía decirle adiós. No lo quise pensar mucho en ese momento, pero le dije adiós y me fui corriendo a mi cita con la ginecóloga.

Y hasta aquí puedo escribir…