Poema Anhormonal

Hay días que el tiempo pasa con la ligereza de la felicidad y verte hace que la felicidad sea exponencial.

En cualquier caso, los días de tiempos oscuros y lúgubres donde la realidad no cuenta una historia bonita, consigues que irradie el Sol tras la nube y nunca sea gris del todo.

Haces que el día sea mejor y la noche inmejorable.

Porque siempre he visto en la noche la amabilidad de la Vida. Sosegada en su paz, la Luna nos enseña lo que se esconde tras la Luz implacable del Sol y esa visión, nos transforma. Siempre a mejor.

Y tú haces que siempre sea a inmejorable.

Hoy la química no juega en mi contra, ni a mi favor… sólo juega conmigo. Y yo también sé jugar a ese juego. Porque con el tiempo, ése en el que tú no estabas, aprendí que las letras ponen fin a los pensamientos, ponen el objetivo y encuentran su comienzo a la historia que quieren desempeñar.

Y hoy la historia eres Tú, la única que importa. En mis paralelismos hay cosas que no encajan e historias sin felicidad, pero no importan. Porque hoy sólo importas Tú.

Esa falta de tiempo…

Cuando te quedas embarazada te encuentras, en la gran mayoría de las ocasiones, con el mismo consejo: “Disfruta ahora que puedes de todo el tiempo que te queda” o algo parecido. Pero el trasfondo es siempre el mismo: “Cuando nazca tu bebé, no tendrás tiempo ni para ir al baño”.

En mi experiencia puedo decir que ni tanto, ni tan poco. Mi hora del baño es sagrada. Apenas me habré dado un baño rápido de 3 minutos, quizás, una vez en los 21 meses de maternidad que llevo. Cuando era demasiado chiquitín para tener horas de sueño, el encargado de su consuelo ha sido Papá Fúturo, y ahora que se duerme y no sabemos de él más que una vez en toda la noche, la hora del baño después de su comienzo del sueño es… glorioso. Pero jamás me he privado de mi hora del baño tal y como lo tenía antes de ser madre.

Todo hay que decirlo: no me ducho todos los días. Me parece insano para la piel y poco recomendable, cosa que demuestran los estudios. Para algo, en nuestro país, tenemos el bidé. Y no hago deporte para necesitar ducha diaria. Un buen lavado es mejor que ducha diaria y no requiere tanto tiempo.

Por lo demás, en lo que sí he visto muy sacrificado el tiempo, son en esos proyectos personales. Esos ratos de soledad en casa mientras Papá Fúturo trabaja, tienes las cosas de casa realizadas y quieres dedicar el rato que queda a escribir en el diario, ordenar e imprimir fotos, escribir en el blog, reorganizar el escritorio, leer un libro, colorear mandalas, ¡ver una película! Salir a tomar algo con las amigas, pensar en eso que ha pasado en el trabajo… ¡¡¡Matar el tiempo!!!

¿Qué tiempo? Si con suerte consigues tener algo de ropa planchada. Y no, no está ni recién planchada. La montaña de ropa por planchar que tengo siento que no la voy a tener al día JAMÁS DE LOS JAMASES.

Hay mañanas que me descubro buscando un calcetín en el montón. Secreto: no necesariamente tiene que ser la pareja del calcetín que ya he encontrado.

Tengo tantas tareas del hogar pendientes que encontrar un hueco para hacer esa mesa de luz que prometí me está costando más de lo que me esperaba. ¡¡Y eso que la he pillado en plan “para dummies”!!

Otra de las grandes cosas que me han sorprendido es que desde que tengo a Bebé Fúturo conmigo, no pienso en mis amigas. No las echo en falta… Y eso es bien raro en mí, que dentro de mi asocialidad, me sentía muy sola y abandonada por casi todas, siempre. Era la típica que llamaba y a la que nadie llamaba. Ahora siguen sin llamarme, pero ya tampoco llamo yo, ¡¡y ni me importa!! Tengo tres amigas contadas, hablo con ellas cuando podemos, ¡a veces me escriben ellas para preguntar cómo estoy! Vamos, ¡¡estoy encantada!! Ya no me siento esa pesada que llamaba para ver cómo están los demás y que molesta, casi siempre.

Ahora bien, todo el tiempo que paso con mi hijo es ORO PURO. Esa matronatación cada dos días, esos paseos al parque (pocos, por suerte… todavía), leerle el mismo cuento siete veces (¡a veces seguidas!). Todo eso, no tiene precio y hace que no te importe que tus proyectos personales no se cumplan.

PD: Sí, la mesa de luz la quiero hacer para él… Pero seamos realistas, quien la va a disfrutar voy a ser yo. Él va a hacer lo mismo que con todos los juguetes: verlo, tocarlo, reirse, pasar de él e ir a buscar ese libro que hoy sólo le he leído cinco veces.

Hartura Emocional 

Buenos días, me he despertado como me he acostado. Como con mucha basura emocional que tengo que vomitar si quiero continuar con los proyectos que tengo en mente. Como el que tengo más atascado es éste, pues os va a tocar leer una sarta de basura que tengo atragantada.

No estoy bien en el trabajo, pero tampoco estoy mal. Odio la gente que quiere consolar haciéndote ver que hay situaciones peores que la tuya. Por tanto, me odio a mí misma. ¿Cuántas veces no lo habré hecho? Y encima pensaba que consolaba super bien… Sólo necesitaba un abrazo, yo soy muy de abrazar.

El otro día debatiendo cosas con Papá Fúturo, me di cuenta que nuestro concepto de dar o recibir abrazos es muy distinta. Yo doy abrazos a alguien que lo necesite, él da abrazos porque necesita uno él mismo. Yo recibo abrazo cuando necesito uno, él lo hace cuando la otra persona necesita darlo.

Es importante tener claro el significado para cada uno, a nosotros nos ha desajustado durante los años nuestras emociones. Yo estoy harta de tener que pedirlo y él no siente la necesidad de darlo y ya estoy harta de pedirlo así que estoy muy harta de no recibir los abrazos que necesito y él no los da porque no siente la necesidad de darlos dado que recibe de sobra.

Las mujeres con tripa cuando no están embarazadas ni tienen relleno el resto del cuerpo, sólo la tripa, me desconciertan. Yo empezaba a tenerla rellena y me estaba achantando. Pero estoy luchando contra ello y lo estoy consiguiendo.

Siento que el mundo es una mierda y no quiero que nadie venga a darme ánimos. Ni me haga ver lo maravilloso que es y que no lo estoy apreciando porque entonces lo que siento es que yo soy una mierda. Y no quiero que nadie me venga a convencer de lo contrario.

Antes Papá Fúturo sabía ayudarme a gestionarlo emocionalmente, pero ahora es él quien está lleno de lo mismo y no sé ayudarle yo porque no le sirve lo que me sirve a mí. E intento otras cosas, pero estoy tan llena que al final acabo cayendo yo.

Y aún así tenemos hijos y queremos más. Aunque nos sentimos hartos de tener uno porque da mucho trabajo y no tenemos tiempo. No hartos de él, hartos de que la vida no nos deje disfrutar del que tenemos y de nuestras cosas también.

Tenemos que pasar más de la mitad de la jornada trabajando… Yo, encima, en un trabajo que no me motiva. Donde no me valoran y donde me pagan una mierda. Las cuentas no llegan, ni para lo imprescindible. Otra razón para no tener más hijos…

Y sólo quiero llorar, que me den un abrazo sin pedirlo e irme a la mierda. Así que acabo pasando un día más, sin más. Mientras me pregunto si lo que siento es mío o es de las hormonas.

Una hormonas revolucionadas por la lactancia materna y el DIU. El tiempo me ha enseñado a expresar para no explotar. Me ha ido bien puliendo la técnica, así que eso hago.

Pero me estoy dando cuenta que, aunque eche cosas a la basura, el “alma” de esas cosas se queda. No es que yo las guarde, no… Es más bien que acaban formando parte también de mi propia alma y es imposible que se vaya. Así que la vida acaba siendo un “suma y sigue” de cosas buenas y de cosas malas.

Estoy muy harta del suma y sigue de las cosas malas. Y aquí disiento con la gente porque no digo las cosas malas que me pasan a mi, aunque no hable de ello hay cosas que me afectan muchísimo y de las que tampoco quiero hablar porque duelen más que las cosas mundanas de mi propio día a día. Política, conflictos internacionales, “Noticias” en definitiva (sí, con mayúsculas. Quien quiera entender, que entienda).

Mis cosas malas son mías y llevo muchas, la mayoría me ha hecho mucho bien también. No hay mal que por  bien no venga. Es mi lema, lo creo muy dentro de mí. Por eso que alguien venga a decirme lo que tengo que pensar cuando ellos eso no lo creen, me remata por dentro. He aprendido de todas las cosas malas que me han pasado e, incluso, de las que no me han pasado. Pero no estoy en ese punto.

Sólo estoy harta y la hartura sólo se quita con el paso del tiempo. Y con abrazos. Lo siento mucho, pero los virtuales no son lo mismo. (los acepto todos, pero hay que reconocer la verdad)