Visita al Pediatra. Revisión

En la revisión del año, al comentarle a nuestra pediatra que Bebé Fúturo empezó la guardería nos dijo que quería revisarle más a menudo para controlar sus reacciones. Mi hipocondríaca interior estaba encantada. Así que nos citó para dos meses después. Que era el mes pasado. Pero como quería vernos después de la revisión del traumatologo y no conseguimos cita hasta el mes pasado… Pues la cosa se ha ido posponiendo, al menos hasta el viernes.

En el traumatologo no estuvimos más de cinco minutos. Le revisó a fondo y al no ver ningún problema, nos citó para dentro de seis meses. Quiero pensar que es porque Bebé Fúturo todavía no camina y prefiere revisarle y “dar el alta” comprobando que todo va bien de verdad. Pero ya son ganas de hacernos pasear. Que soy hipocondríaca, pero ni tanto.

A la revisión del pediatra no pude asistir por trabajo y coincidió que Bebé Fúturo estaba empezando un catarro de los suyos (con moco verde y todo el pack). Así que la revisión no podía ser en mejor fecha porque de lo contrario habríamos ido de nuevo a urgencias.

Después de ponerle la vacuna de la varicela y ver que todo estaba en orden. Aunque insistió un poco en el tema comida porque está bajando su percentil de peso, pero al contarle lo que come mi pequeña lima, no insistió más. Que mi niño ya es de sólido puro y en la guardería nos dicen que come fenomenal y en casa también no hay comida que se le resista (de momento).

Sobre el catarro (o lo que sea), nos ha mandado unos aerosoles… Yo, primeriza total, me surgieron siete mil dudas, pero bueno, nada difícil. Como vamos por seguridad privada la empresa del seguro se encarga de facilitarlo, así que sólo hemos tenido que adquirir el medicamento.

El primer día fue un horror. Bebé Fúturo parecía que le estábamos torturando. Se nos caía el alma a los pies y pensar que sería así todos los días ya era insoportable. El segundo también fue mal, pero a partir de ahí, era él quien quería que se lo pusieran. ¡Daba palmas cuando nos veía prepararlo!

La calidad de sueño desde el primer día ha ido sólo a mejor. Supongo que por eso mostraba ese entusiasmo. Nosotros encantados.

Hasta ayer…

Te encontré dormido…

Dos días… llevo contándolos desde enero, pero ya sólo quedan dos días.  Hoy y mañana.

Pero ayer, si no fuera por esos dos días, me habría ido a la cama llorando. Y hoy estaría demasiado destrozada para trabajar.

Saber que estabas tan cansado por el madrugón de la mañana y porque te interrumpieron la siesta de la tarde. Porque sí, hijo mío, no estoy contigo, pero estoy ahí… de alguna manera. Intento saber todo lo que te pasa, intento estar de alguna manera, porque eres parte de mí y no sabría vivir sin saber de ti.

Y ayer te fuiste a la cama destrozado por el cansancio y sin vernos.

Esto no se lo deseo a nadie…

Cosas de Bebé Fúturo: Palmas Palmitas

Tengo muchos posts atrasados que espero poder escribir pronto. Necesito tiempo y ahora no lo tengo ni en el trabajo ni en mi vida personal, pero todo se andará.

Ahora escribo porque ayer ha ocurrido de esas cosas que no te quieres olvidar en la vida y que soy muy dada a ello, razón por la que tengo blog. [Y porque la app del móvil me lo permite con cierta facilidad]. Así que voy a titular a esa serie de cosas “Cosas de Bebé Fúturo”.

Siempre que Bebé Fúturo llora procuro calmarle con lo que más le gusta y esto son las “palmas palmitas”. Él aplaude enseguida entusiasmado y se le pasa todo el cabreo del mundo.

Ayer, ante una fechoría de las suyas me mostré enfadada y disgustada con él y después de analizar la situación…

¡¡Palmas Palmitas!! Que me tocó con cara de “ríete conmigo, Mamá”.

Papá Fúturo fue incapaz de disimular la risa y se agarró a eso para insistir (igual que le insisto yo cuando no se le pasa igual de rápido su enfado).

Me mostré firme ante el disgusto, pero aquí y ahora confieso que me ha costado mucho no estallar en carcajadas.

Lección: tener una reacción acorde a la que espero que tenga cuando esté llorando por un disgusto.

Visita a Urgencias 3. Otitis

Ya lo habréis leído algunas en Instagram, pero esto va cada día a peor. Por fin han recapacitado un poco y le han hecho pruebas para descartar cosas mayores.

¿Por qué vamos a Urgencias en lugar de a su pediatra? Porque pedir cita a su pediatra sería igual una espera de dos semanas y, por el protocolo del hospital donde está su pediatra y Bebé Fúturo tiene historial, en estos casos se acude a Urgencias.

Recapitulando… primero fuimos por una faringitis que se quedó ahí y no pasó a ser unas anginas (que Papá Fúturo y yo sí hemos tenido). Al no pasarle la fiebre, volvimos y para entonces también tenía conjuntivitis (que me contagió a mí). Por suerte, con apenas cuatro gotas de colirio se le ha quitado (a mí no). Y al seguir sin pasarsele la fiebre…

Ayer a mediodía me llaman desde la guardería que Bebé Fúturo está bastante pochito y tiene 39ºC de fiebre, le habían dado Apiretal, pero no parece que mejore y está muy intranquilo. Papá Fúturo va a buscarle y se lo lleva directamente al hospital…

Y ahí comienza mi calvario. Le ingresan para hacerle pruebas: analítica de sangre, de orina, placa de tórax para descartar definitivamente cosas y conseguir encontrar el origen del malestar desde hace tanto tiempo. Le ponen una vía y le dejan metido en boxes, lógicamente con su padre.

La cobertura no existe, las llamadas no son factibles, así que voy recibiendo por SMS a modo de telegramas informes como: “Todo OK. Puesto vía con suero, bebé dormido”… Y en mi mente salta un grito de alarma que dice algo así como: “¡¡¡¿Cómo que todo OK si tiene puesta una vía?!!!”.

Yo quería pensar que el todo OK era real. Que no pasaba nada, que no era imprescindible allí, pero la intranquilidad llegó a un punto en el que no podía pensar en lo que estaba haciendo. Todo eran ganas de salir corriendo a verle. Por fin me dio el visto bueno mi jefe y pude salir corriendo a todo lo que me permitía el transporte público…

Llegué justo a tiempo cuando le dieron el alta. Así que regresé a casa y me quedé con él. Pronóstico definitivo: otitis.

Ahora Papá Fúturo tiene gastroenteritis (cosa que ya me temía en Bebé Fúturo cuando me vomitó encima dos noches atrás), yo la conjuntivitis… Y a ambos nos ha regalado la faringitis. ¿A quién le tocará la otitis? No sé, señores… pero aquí quiero bautizar una nueva enfermedad: guarderitis.

Cuando me decían que iba a coger de todo, jamás me habría imaginado que se lo cogería de todo junto y a la vez. ¡¡Qué pesadilla!!

Visita a Urgencias 2. Conjuntivitis

La médico de urgencias me dijo la última vez que si no dejaba de tener fiebre en dos días, volviera… Y aquí estamos libres de interpretación. Papá Fúturo dice que era si no dejaba de tener fiebre a pesar de las medicinas, yo entendí que si tenía fiebre en cualquier caso.

Pero como parecía salirle moco también por los ojos, fuimos de todas formas.

Nos atendió la misma médico y después de oscultarle, nos dijo lo mismo que la última vez, pero que también tenía conjuntivitis. Obviamente en los dos ojos porque no sabe controlarse.

Nos mandó de nuevo Dalsy y colirio para los ojos. Así que ahí estamos, a base de Dalsy, limpiezas nasales y oculares y colirio.

Cuando un peque va a la guardería, toda la familia va a la guardería. Aquí estoy en la cola del médico porque vuelvo a tener dolor de garganta y me he contagiado la conjuntivitis… Y eso que la conjuntivitis no es de la guardería.

PD: Me acaba de llamar la pediatra de la guardería para preguntarme la evolución de Bebé Fúturo, está preocupada por tantos días de fiebre. Si persiste mañana la fiebre, me ha recomendado llevarle a hacer una prueba de estreptococo. Me ha gustado el gesto, aunque me ha dejado preocupada… hipocondríaca que es una.

Semana y Media de Guardería

Bueno, ya hacemos casi dos semanas de guardería y vengo a relataros cómo ha ido la cosa hasta ahora.

La primera semana el mayor problema parece que ha sido la adaptación, Bebé Fúturo no terminaba de encajar en los requerimentos que se le pedían. Parece ser que bajar las persianas suponía un problema porque no paraba de llorar. Los ritmos fueron siendo algo así como que al principio muy bien, juguetes nuevos que descubrir, nuevas emociones y eso le motiva siempre muchísimo.

A la hora de la primera siesta (una hora después de entrar) decía que todavía no estaba cansado lo suficiente, así que pasaba de esa siesta. Lo cual era un problema, porque en casa esa siesta sí la duerme. Eso nos lleva a un niño malhumorado, cansado al cual cualquier tontería le irritaba infinitesimalmente.

Llegaba la hora de la comida y, otra cosa no, mi niño se lo comía todo. Un poco a regañadientes porque tenía sueño, pero no dejaba ni las migas en el plato. En casa es lo mismo, dormir… hay que hacer malabares, es un niño al que no le gusta dormir (como su madre), pero comer le encanta, cualquier cosa y de cualquier manera, se lo zampa que da miedo (como su padre). (Sí, la madre sólo tiene cosas malas… hay que aceptarlo).

La siguiente siesta no se la saltaba ni un gitano y si le dejaban dormir dos horas, dos horas que se dormía, pero le despertaban un cuarto de hora antes de salir y eso… Volvía a ponerle de mal humor. Así que cuando salía, quien le recogiera, lo encontraba durmiendo porque le han despertado. (Una vez que duerme, lo duerme todo del tirón, al menos de día).

Por lo que en resumen, la primera semana ha faltado un poco de adaptación…

Cosa que en la segunda ha ido de maravilla. Aunque ha llorado mucho cuando veía que se quedaba en brazos de la seño en lugar de en brazos de mamá, en cuanto no me veía, se iba feliz a los juguetes y a pasar el día con sus nuevos compañeros. Por lo visto ya estaba bien adaptado y eso no ocasionaba problemas…

Pero le entraba el mal, el mal de la guardería y el martes por la noche nos encontramos un bebé con fiebre. El miércoles fuimos a urgencias, el jueves volvió a clase (aunque sigo pensando que quizás no era la mejor opción) y el jueves por la tarde era un despojito febril. Hoy, viernes, se ha quedado en casa procurando recuperarse del mal de la guardería.

Por suerte, no le he contagiado las anginas, que era lo que yo me temía, pero aún así, verle tan malito me ha roto un poquito el alma. Por suerte o por desgracia, ahora será una detrás de otra, ¿verdad?

Visita a Urgencias. Faringitis

Pues anoche Bebé Fúturo le notamos con fiebre tanto la abuela como yo. No le quisimos dar mayor importancia, estaba con los dientes. Aún así le dimos un poco de apiretal (que no sirvió para nada).

Se pasó igual la noche, con bastante fiebre.

Yo estoy pasando por unas anginas que he contagiado a Papá Fúturo (aunque está consiguiendo combatir por métodos naturales, en mi caso llegó a necesitar antibióticos). Así que por la mañana necesitaba confirmar o descartar que se las he contagiado a mi peque.

Intentamos medirle la fiebre con un termómetro digital de luz. En un segundo la mide, pero… ¡no lo recomiendo! Ha sido una mala compra por nuestra parte. Si haces la misma medición cuatro veces, nunca sale lo mismo y la diferencia llega a ser de un grado. Son muy cómodos y rápidos, pero nada fiables.

El otro que teníamos era de tipo mercurio que ya no tienen mercurio. Imposible leer nada también. Así que sabía que tenía fiebre, pero no cuanta.

En urgencias (que salió a la calle) no daba que tuviera fiebre (la frente tampoco estaba tan caliente como antes de salir de casa). Al explorarle la pediatra lo único a lo que hizo referencia es a las rojeces que tenía en la garganta, por lo que dictaminó Faringitis.

Por lo que me dicen (he tenido que ir a trabajar), se ha pasado el día llorando y sin comer, estoy preocupada. Espero que no vaya a más.

Caca de Semana

Hay años en los que todo va como la seda y no pillo ni medio catarro. Suelen repetirse muchos años buenos, pero luego hay años en los que todo me viene junto. ¿Será éste uno de esos? De momento voy por un dolor de estómago con náuseas que me dejan sin comer, algo inaudito en mí y ahora… Malditas anginas.

Pero lo grave es que sé en qué momento empezaron a adueñarse de mí, lo recuerdo perfectamente. En mi trabajo tenemos una fuente de agua con tres filtros para potabilizar el agua corriente, una tarde tenía una sed horrible y bebí directamente de ahí en lugar de llevar mi botella y esperar que se calentara. Porque no es por nada, pero parece que traen el agua del polo norte directamente. Tiene que estar a temperatura a punto de congelación.

Y ya veis, ayer, día de trabajo super importante, me quedé en casa recluida (tuve que ir, pero no me quedé).

Pero a esto le sumamos el inicio de guardería de Bebé Fúturo. Entra a las 9 de la mañana y yo llego a casa a las diez de la noche. No, no se queda en la guardería hasta esa hora (¿por qué la gente no piensa en lo que digo?). Pero eso implica que estamos trece horas diarias sin vernos. Y sí, la que peor lo pasa soy yo… Que soy la que me quejo de la situación.

Imposible llevarle a la hora que me viene bien a mí, es la hora de entrada y es lo que hay.

Cada día lo llevaba peor. Encima con la regla y sus hormonas yo estaba algo más insoportable en mí misma. Así que se ha juntado todo para decir que ha sido una semana de caca.

Nuestro Primer Fin de Año

El día 31 empezó como siempre, Bebé Fúturo despertando se temprano, un día apacible, tranquilo. Él juguetón. Nada indicaba que fuera el último día del año.

Pero para mí es algo que llevo muy adentro. El primer año que termina siendo yo madre, el primero de mi vida que no paso las navidades con mi familia, sentía que algo dentro de mí había cambiado y que necesitaba fomentar ese cambio y que siguiera su curso, porque todavía no era total.

Papá Fúturo se pasó la mañana preguntándome si me pasaba algo. Supongo que sí, pero no como él se imaginaba. Estaba más introspectiva que de costumbre para fin de año, tenía la sensación que podía pensar con calma.

Y una de las ideas más recurrentes era que no había aprovechado el año para mí. Que no encontraba huecos para hacer mis cosas, estudiar el curso que estoy haciendo online, colorear mandalas, dedicarme a mis fotos… Todo se estaba quedando en un tedioso standby insoportable.

Y llegó a mí este post sobre el método Bullet Journal que me hizo chiribitas. Así que activé las neuronas, cogí a Bebé Fúturo y nos fuimos derechos a la papelería con intención de comprar una agenda que pudiera adaptarme (que sí, que recomiendan un cuaderno en blanco y hacerlo a tu gusto… ¡dame el tiempo que necesito!). No encontré ninguno que me convenciera, pero ahí me estaba esperando el número trimestral de un cuaderno de mandalas que me encanta y al hojearlo, me tuve que hacer con él… (y el primero apenas he podido colorear 2 mandalas y medio).

Recordé que en un chino vi una agenda que me gustó y fui para allá. La encontré (después de mucho rebuscar) y la compré. Tenía la particularidad que tenía dos columnas para cada hoja, así podía dividir las cosas personales y las del trabajo.

Al salir me acordé que cerca está la casa de fotos del pueblo y pensando en instaurar una nueva tradición en esta casa, me encaminé para allá. Así que ahora nos hacemos fotos de carnet en cada fin de año para ver cómo lo terminamos y empezamos. Aproveché para hacerle fotos más “artísticas” con un fondo distinto. Y ya de paso, una de los dos porteando.

Saqué dos copias de la foto bonita y, ya que estábamos cerca, se la llevamos a Bisabuela Fútura. Como estaba ahí Abuela Fútura nos fuimos con ella a comprar el pan y nos encontramos con amigos de Papá Fúturo a quienes saludamos y despedimos el año.

De ahí volvimos a casa, comimos y nos echamos la siesta. La tarde la pasamos en familia. Yo personalmente me aislé un ratito reclamando mi espacio, casi el único del año que terminaba, y me dediqué a organizar la leyenda de mi nueva agenda. Entre mis propósitos está organizarme bien para encontrar tiempo también para mí y para eso tenemos que dejarlo todo pormenorizado.

Al rato fuimos a casa de Abuelos Fúturos, como habíamos quedado. Cenamos pronto porque Papá Fúturo tenía que irse a trabajar. De hecho, se fue mientras intentábamos dormir a un somnoliento Bebé Fúturo.

Y aquí parecía que se lo estaba oliendo. Iba a haber jarana y él no se la quería perder. No se dejaba dormir aunque se le estuviera cayendo la cabeza. Resistió cada minuto del 2015 para despedirse del año de su llegada.

Y sí, aguantó hasta las campanadas. Recibió su beso de feliz año de toda la familia… Y, acto seguido, se durmió.

Tal y como habíamos planeado, Bebé Fúturo y yo nos quedamos a dormir en casa de los abuelos (comodidad logística) y al despertar la cara de ilusión al ver a su abuela y abuelo no tenían nombre. No se lo podía creer, ¡estaba con los abuelos sin tener que dar un paseo! Y encima, durmió bastante bien por la noche.

Balance 2016

Yo siempre he hecho balance del año que curso el último día, sobre todo en blogs. Me permite ver con perspectiva cómo se ha desarrollado mi experiencia vital en un ciclo de 365/366 días y a modo introspección me gusta verlo.

Enero empezó con una tripacha que no me cabía dentro con lo más esperado de toda mi vida, un bebé. Muchos síntomas acarreaba ya, la más sorprendente fue, sin duda, el síndrome de túnel carpiano (a rara no me gana nadie).

Febrero me dió lo más esperado de toda mi vida, a Bebé Fúturo. Y no puedo estarle más agradecida. Sinceramente, no ha cambiado intrínsecamente mi vida, simplemente le ha dado un motivo. Pasé por lo mismo cuando conocí a Papá Fúturo, pero con él siempre supe que podría acabar en cualquier momento menos esperado… No es así con Bebé Fúturo, tengo un motivo para toda la vida y me ha llenado de todas las ganas habidas y por haber de vivirlo. Me ha abierto un mundo lleno de ganas, es algo que no tiene precio.

Marzo fue el primer día del padre de Papá Fúturo y siendo tan reciente, fue muy emocionante. Bebé Fúturo sólo crecía y yo quería disfrutar del recién nacido un poquito más, pero no me ha dado tiempo. También fue mi cumpleaños y poco a poco llegaron más amigüitas para Bebé Fúturo.

Abril pasó muy deprisa, tanto que llegó nuestro aniversario de matrimonio y nos acordamos de casualidad el mismo día. Para mí sorpresa, no me afectó, fue un día más donde estaba donde quería con quienes quería y me daba igual celebrarlo (es algo que no se cree nadie, pero es la verdad). Bebé Fúturo seguía creciendo y yo recordé lo que era ser mujer. Me llegó la regla después de 11 meses sin ella, y vino hasta 3 veces el mismo mes… Tomándose la revancha. Vinieron mis padres a visitar a Bebé Fúturo…

Mayo empezó con mi primer día de la madre, el primero de toda mi vida. Os podéis hacer una idea de la ilusión que me hacía. También me puse el DIU… Volví a ver a mi Tribu en Segovia, donde pasamos un día magnífico.

Junio no pasó nada en especial, es más, en el blog estuve bastante callada también (he tenido que revisarlo para ver qué cosas han pasado). Lo único es que me hice donante de leche materna.

Julio trajo consigo el cumpleaños de Papá Fúturo con su fiesta sorpresa y, lo más duro de mi vida hasta ahora, mi reincorporación al trabajo después de convertirme en madre. Se me hizo un poco cuesta arriba, pero sólo fue un rato.

Agosto volvió con mis vacaciones y unas jornadas durísimas de trabajo de Papá Fúturo. Aprovechamos todo lo que pudimos, pero fue difícil.

Septiembre vino de nuevo el trajín del estrés a mi vida, como todos los años. Es un mes de estrés puro en el trabajo.

Octubre no fue diferente. Aumentaron la cantidad de trabajo y fue un mes en el que Papá Fúturo me paró los pies y se plantó ante las exigencias que yo tenía ese mes. También nos fuimos a ver a mis padres.

Noviembre hasta ahora ha sido el único en el que más o menos ha vuelto de nuevo la normalidad a nuestras vidas desde que Bebé Fúturo está. Es como si ya fuera un pequeño más mayor y bueno, lo llevamos a su habitación y desde entonces ya no tenemos horarios exorbitados, cenamos juntos todos sin hacer turnos, ya teníamos rutinas. Es un cambio importante.

Diciembre… Lleno de fiestas, luces, colores y regalos.

Sólo me queda por decir que el 2015 no ha traído nada malo consigo y sólo cosas buenas. Es un año lleno de satisfacciones y alegrías. Ojalá haya sido así también para vosotros y los años venideros siempre sean así.

PRÓSPERO 2016