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Cómo superar un Aborto

Cada persona realiza su propia gestión emocional y en esto, no hay diferencia. Superar un aborto… ¿realmente lo conseguimos hacer? Aquí os dejo una reflexión de Mamá Jumbo al respecto: Mamá en Duelo. Lo que vengo a contaros no es cómo hacerlo, si no cómo lo he hecho yo, con la humilde esperanza de ayudar a otra persona a que encuentre su propia gestión de la situación.

El Duelo

Antes o después, de alguna manera, vivimos un duelo. Algunos más importantes que otros. Desde la primera decepción que tienes de tus padres como el fallecimiento de un familiar. Y todos los duelos se caracterizan por unas fases concretas (aunque no definitivas). A veces las fases no siguen el orden concreto, otras veces se salta directamente de una fase a otra sin haberla percibido, pero éstas son:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación

Info sacada de AQUÍ. Quizás en el Duelo por un Aborto deberíamos añadir la Culpabilidad en lugar de la Ira.

Mi Duelo para Superar un Aborto

Las primeras fases del duelo las pasé bastante rápido, la verdad. Sabía que era una posibilidad, pero hasta que finalmente no me dijeron que el embrión se había desprendido, no me lo creí. La verdad es que lo negué hasta el momento que lo vi fuera y, finalmente, hasta que mi ginecóloga me confirmó en la Revisión del Aborto que todo estaba limpio.

He estado enfadada, lo podéis escuchar en el podcast del post Los Sentimientos tras el Aborto. Ese sentimiento de soledad… Ese momento en el que te das cuenta que eres la única que ha sentido y vivido realmente a ese Bebé.

Y he negociado… Me he prometido a mí misma que ayudaría a toda madre que necesitara acompañamiento o asesoramiento para pasar por esta etapa tan dura. Me estoy planteando formarme para hacerlo… Y que jamás olvidaría a mi bebé. Aunque sea la única quien lo recuerde, ha sido mi embarazo.

Después de todo, lo he aceptado. Creo que en esta fase de aceptación me quedaré para siempre… porque no pienso dejar de ser una Mamá en Duelo. Eso sí, lo que me ha ayudado mucho a aceptarlo ha sido un ritual.

No he pasado por la culpabilidad ni por la depresión, pero he pasado tantas veces por ella en mi vida sin estar en duelo que ya, simplemente, no me lo permito.

El Ritual

Estamos acostumbrados a ceremoniar siempre lo bueno y tenemos toda clase de rituales para hacer ceremonias de todo lo bueno que nos pase en la vida. Las fiestas de cumpleaños no son más que rituales para celebrar la llegada al mundo… ¿y qué pasa cuando no ocurre esa llegada al mundo?

También tenemos rituales para la muerte, pero no se les llama con ese nombre. Se les llama “funerales”. Y me voy a remitir, con vuestro permiso, a la etimología de estas palabras:

  • Ritual (“Rito“): La palabra rito viene de la palabra en latín ritus, el cual se refería a las ceremonias religiosas. La idea del rito es que se tiene que realizar en cierto orden. La palabra latina ritus se asocia con la raíz indoeuropea *ar- (mover, ajustar, hacer actuar), que estaría presente en palabras como aritmética, arte, orden.
  • Ceremonia: (acto público que se realiza de acuerdo con las reglas o ritos fijados por la ley o por la costumbre) viene del latín caeremonia, compuesto por Caere y Monia. Caere era una antiquísima ciudad etrusca cerca de Roma, donde sacerdotes etruscos celebraban sus ritos.
    La terminación monia llevaría el sufijo -ia (cualidad, abstracto femenino) sobre el sufijo monium, como en matrimonio o antimonio que parece venir del etrusco e indica conjunto de actos y rituales.
  • Funeral: Esta palabra genera más controversia, pero se puede observar que se entiende sólo en el ritual y la ceremonia de enterrar.

En conclusión, en el caso de un aborto es cierto que no podemos realizar un funeral siempre. Sería una ceremonia si participan dos o más personas y estuviera establecido por ley o costumbre en el acto del Rito o Ritual.

Creo que esta parte es fundamental para superar un aborto, realizar un ritual para ayudarnos a aceptar que ese Bebé No Nacido ha existido y que ya no existirá más. Y ahora que tenemos los conceptos más claros, nos podemos concentrar en decidir un Ritual.

Mi Ritual para superar un Aborto

La verdad es que no se podría establecer un ritual genérico… Siempre dependerá de la fase del duelo que nos encontremos, de tener el cuerpo para hacerlo, incluso de querer usarlo. Debemos adaptar cada ritual a una misma.

Por suerte tengo un don para ello. Se me da extraordinariamente bien crear rituales (no sé porqué). Pero nada más pensar que tenía el cuerpo, supe que necesitaba hacer un ritual en su honor. En ese ritual debería intervenir el Fuego, porque soy muy fuego y porque mi concepto de fuego es de purificar las cosas. Y esa herida necesitaba purificarla. Y el ser que habitó en mí necesitaba llegar a las estrellas.

Había pensado en enterrarlo para que se uniera a la tierra y salieran los frutos de lo que no pudo dar en vida. Pero cuando pensé en dónde lo enterraría sabía que ese sitio se convertiría en sagrado y no podría permitir que nadie lo pisoteara. Pensé llevarlo al cementerio, que ya de por sí es sagrado, y enseguida supe que no era una opción para mí. Necesitaba emocionalmente dejarlo libre.

Lo envolví en algo blanco, le dije palabras salidas del corazón… y lo dejé volar para que nos acompañara toda la vida desde las estrellas. Convertí su cuerpo en humo para que le fuera fácil estar en todas partes.

Abortos

Yo tuve un embarazo deseado y buscado con el Bebé No Nacido. Pero hay embarazos deseados y no buscados. También hay embarazos no deseados y, desde luego, no buscados. Eso imprime en el aborto su propia gestión. Incluso los abortos provocados pasan por un duelo y, en ocasiones, necesitan un ritual. ¡Nunca es tarde para ello!

El Aborto por Papá Fúturo

Hoy traigo una colaboración súper especial. Papá Fúturo nos cuenta de primera mano cómo ha vivido él nuestro aborto.

Me han pedido que cuente mi experiencia desde mi punto de vista.

Lo primero que me gustaría decir es que es algo increíblemente frustrante, como ir en una bici sin frenos, todo apunta en tu contra, no puedes hacer nada porque no está en tu mano y hay una posibilidad ínfima de que todo salga bien, y aunque al final te acabes dando la galleta, lo que más te duele es que siempre conservaste un hilo de esperanza.

Empezaré por el principio.

Sabíamos que estábamos embarazados, el terminator no se suele equivocar (No es predictor, Predictor predice, este te dice que ya ha pasado así que es Terminator). Durante la primera revisión llegaron las malas noticias, parecía una gestación interrumpida.

De primeras se hace difícil de entender, porque en el embarazo anterior todo fue bastante sobre ruedas (al menos para mí que a fin de cuentas no lo pasé en “propias carnes”) y que te digan que ha empezado a haber problemas.. casi que parece que le quitas importancia, dentro de ti mismo piensas “Bueno, hay que cuidarse un poco, una o dos semanas de tener a la Jefa en palmitas y todo saldrá de rechupete. Hora de apechugar y todo arreglado”. La realidad te empieza a mirar a los ojos cuando pasan las semanas y la situación no mejora mucho, vamos al médico y te dicen “Parece que ha mejorado un poquito, pero no estás fuera de peligro, mucho cuidado” Pasa el tiempo y cada vez estás más machacado, el llevar la casa, cuidar del peque y de la “Peque” pues va pasando factura.

En la penúltima visita surgió un rayo de esperanza, el motivo de la gestación interrumpida era un hematoma creado durante el proceso de implantación, y durante la noche anterior la jefa comenzó con el sangrado. Nos habían dicho en visitas médicas anteriores que el proceso sería parecido a una “SuperRegla” pero como no tenía dolores decidimos esperar hasta la mañana siguiente, lo mismo había suerte y a ella no le dolía. A la mañana siguiente nos pasamos por Urgencias y después de una eco el veredicto era un poco rocambolesco pero a estas alturas te agarras a un clavo ardiendo: “No es una gestación interrumpida, lo que pasa es que estás de menos semanas de las que crees” Lo primero que pensé es: El predictor se equivocó, la jefa se equivocó, y la otra Gine se equivocó, pero la historia me cuadra, no me importa que deformes la manzana hasta que parezca una pera, compro la pera aunque en el fondo no deje de sospechar que es una manzana”. La explicación en lo que concernía al sangrado era que estaba expulsando el hematoma, motivo por el cual no tenía dolores, no era un aborto. Aún así nos dijo que no estábamos fuera de riesgo.

A estas alturas, por motivos que no vienen al caso la familia directa lo sabía y los compañeros de curro también, no quedó más remedio y en todo caso si alguien me lee, de verdad, no lo digáis hasta que pasen los tres meses de rigor, y eso si todo va bien, que luego duele más, que la gente pregunta y no dejan que cierre la herida.

Nos volvimos a casa a comer bastante divididos, una mitad de mi cabeza decía parece que todo va de cara, parece que el esfuerzo a dado frutos, parece que va a salir bien; otra mitad gritaba “¿EN SERIO TÍO! ¿PERO QUE EXPLICACIÓN ES ESA? CASI UN MES DE DESFASE!!! PERO TU ESTÁS SEGURO???”

Total que aunque te convences y convences a los demás de que las probabilidades de que las cosas vayan mal siguen siendo mayoría, la llamita arde, la luz de calorcito y nos gusta.

Después de comer la cosa se torció un poco porque la niña comenzó con molestias en la tripa, la cosa fue a más y nos fuimos al Hospi de cabeza. Llegamos rápido y nos atendieron aún más rápido [Gracias de verdad, no nos dio tiempo ni a sentarnos, las preguntas fueron las imprescindibles y la amabilidad y comprensión nos llegaron a carretadas] en ese momento el sangrado se hizo evidente y ella tenía muchísimas molestias. Le hicieron una nueva Eco y ése fue el momento en que peor lo pasé. Se la llevaron detrás de la cortina (se olvidaron un poquitín de que el contrario también está allí) y trataron de hacer una Eco Intravaginal, pero la zona estaba con mucho dolor, el dolor provoca tensión, y para hacer eso era necesario que estuviera relajada, así que no había manera y lo único que conseguían era hacer mucho daño.

La oí gritar y pedí permiso dos veces de forma educada, a la tercera me levanté, la enfermera me pidió con un hilo de voz que esperara, se quitó de su lado, y me pidió que me pusiera yo. No sé si sirvió de algo que estuviera con ella, pero no podía quedarme a un lado.

Después del mal rato nos dijeron que el proceso de aborto había comenzado, era evidente y eso iba a pasar si o si, así que mejor pasarlo en el Hospi con algo de ayuda química y eso hicimos. Nos pusieron en una habitación, algo de chute y algo de Oxitocina y pasada la medicación a caminar. Luego revisaron un poco, le dieron un empujoncito al proceso a base de pinzas y mucha habilidad y otro chute Intravaginal para expulsar parte que quedaba dentro (el saco) y para casita.

Finalmente el proceso terminó sin complicaciones y por suerte sin repercusiones físicas negativas para la amatxo.

Desde mi punto de vista… pues qué voy a decir, que es una frutada, que no se lo deseo a nadie y que es muy duro. El equipo médico decía “esto le pasa a casi todas las mujeres al menos una vez en la vida” ya pero ellas no son nosotros, nadie quiere que la pase y el mal de muchos no es el consuelo de nadie.

He respetado cada punto y cada coma, no he alterado el texto.

Visitas a Urgencias: Metrorragia y Aborto

Todo comenzó el sábado a las 3 de la madrugada. Niño Fúturo reclamaba un poco de cariño por la noche y fui a su habitación para ver si había perdido su bibi de agua o si había tenido una pesadilla. Dos minutos después de un abrazo, un beso y tumbarme en el sillón de al lado se quedó tranquilo y se volvió a dormir. Aproveché para ir al servicio que me lo pedía el cuerpo… y vi sangre.

Ya estábamos concienciados y prevenidos, podría tener un aborto natural en cualquier momento y seguramente ése era el comienzo y siguiendo las pautas marcadas por mi ginecóloga, debía esperar a terminar de sangrar para acudir a urgencias y confirmar el diagnóstico.

No tuve dolor en ningún momento, lo cual me escamaba un poco. El sábado estuve sangrando todo el día pequeñas manchas de sangre. Hasta que por la tarde salió un coágulo que yo creía que era grande. Así que lo asumí, ya había acabado todo. Pero seguía sangrando, así que decidimos esperar a la mañana siguiente para acudir a urgencias.

El domingo por la mañana acudimos a urgencias ya con las ideas bastante claras y sólo para revisar si todo estaba bien. Cuando entro por fin a consulta y me puso en el potro nos llevamos una grandísima sorpresa. ¡Había salido el hematoma, pero se veía perfectamente embrión (cosa que no se veía antes) y estaba agarrado! Yo no me lo podía creer, ¡había esperanza! Con todo lo que me habían dicho antes, era increíble. Parecía que simplemente todo evolucionaba más lento. En lugar de estar de 8 semanas según mi FUR, estaba de 5 semanas. Pero todo iba… a su ritmo. A seguir tal y como estaba, con reposo relativo, progesterona y todos los demás medicamentos.

Fuimos a casa de Abuelos Fúturos (Niño Fúturo había dormido esa noche allí) y esperamos a que se despertara de la siesta. De repente tengo dolor en la tripa y me quedo tumbada en el sofá esperando, de repente el dolor se hacía cada vez más fuerte. Fui al servicio y ahí salía sangre y más sangre y coágulos que eran realmente grandes. El dolor seguía aumentando y sólo pude decir una cosa: “llévame al hospital”.

En el hospital me atendieron enseguida (tenía una mala cara que nadie me quitaba los ojos de encima), una vez con la ginecóloga y revisando mi historial, me puso en el potro. Me puso el espéculo y el dolor era realmente insoportable. Tuvo que venir Papá Fúturo a susurrarme en el oído para dejarles trabajar. Después pusieron el ecógrafo y… el embrión estaba dentro, pero ya situado cerca del cuello del útero, que había dilatado lo suficiente para que saliera. Estaba desprendido y a punto de salir.

Ya no había opción, lo único que podían hacer por mí era aliviarme el dolor y ayudarme a producir el aborto. Preferiblemente en el hospital para estar controlada. Me ofrecieron ponerme oxitocina allí mismo y esperar. Me llevaron a una Sala de Observación, me pincharon enantyum y oxitocina. Se me fue aliviando el dolor… y tocaba esperar.

De vez en cuando entraban para preguntar cómo progresaba la cosa y observar cómo iba lo que me habían pinchado. Todo iba bien, ya no me dolía mucho. De vez en cuando sentía contracciones, pero eran muy controlables. Al final, hasta sentía salir sangre (me lo preguntaban mucho).

Cuando la medicación terminó de administrarse, me quitaron los tubos y me pidieron que caminara por la habitación. Era una habitación muy amplia y ahí estuve unos diez o veinte minutos caminando. Papá Fúturo y yo hicimos planes para la noche y hasta bailamos durante dos segundos unos pasos de valls. El tiempo pasaba y no había novedades.

Me llevaron de nuevo a la consulta de ginecología, esta vez me tocó otra ginecóloga. Pero los pasos fueron los mismos. Poner el espéculo, revisar el cuello y poner el ecógrafo. Cuando me puso el espéculo me dolió mucho, menos que en la exploración anterior, pero mucho. En una de éstas le comenté que es que había sufrido de vaginismo y fue muy comprensiva y lo bajó un poco para que no me hiciera daño. Enseguida sentí un gran alivio y ella… metió unas pinzas. No me explicó nada, pero la vi meter unas pinzas y sacar algo. ¡Quería que me explicaran! Pero no fui capaz de pedir que me contaran lo que estaban haciendo.

Me puso el ecógrafo… y ahí seguía mi embrión. A punto de salir, pero no llegaba. Así que los pasos a seguir ahora era ponerme la pastilla y dejar que la cosa evolucione en casa.

Me puso las cuatro pastillas, me dijo más o menos cómo evolucionaría la cosa. Básicamente que tendría dolores como los que he tenido antes de ir. Podía tomarme medicación para aliviar el dolor, incluso me recetó enantyum. Saldría sangre, mucha sangre. Y que tendría que ir dentro de una semana a revisión para ver hacerme una ecografía.

A veces pienso y repienso cosas que podría haber hecho para evitarlo. Pero sólo sirve para producirme un dolor emocional irreparable. Lo que ha pasado es lo que tenía que pasar y, aunque el sentimiento de culpabilidad es el más natural del ser humano, debemos enfocarnos en que hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano. Buscar un ritual que mejor enfoque la superación de nuestros sentimientos y compartir nuestras penas con personas que nos comprendan. Pero esto es posible que os lo cuente en otro post…

Visita al Ginecólogo en la Semana 8 – Vía Pública

Creo que ésta va a ser el post más duro que he escrito en todo lo que va de blog…

Como ya sabéis, estaba toda nerviosa y con muchas ganas de llegar a esta cita para ver cómo ha evolucionado la cosa desde la semana anterior. Además, era mi primera cita de embarazo con el servicio público, también tenía mucha curiosidad por saber cómo se gestiona desde esta vía (sí, tengo curiosidades muy extrañas).

Fui con mi paso de hada descubriendo cómo llegar al sitio, ¡el hospital es enorme! Así que llegué algo tarde, iba muy justa de tiempo y mi paso de poquito a poco no ayudaba a recuperar el tiempo. Saqué mi numerito de turno y esperé delante de la pantalla. Iba acompañada por mi cuñada, no tenía transporte fácil para llegar. La opción de no molestar a nadie era una hora y media en bus interurbano para llegar, de todas formas, tarde. Así que aceptó cuando se lo pedí sin ningún problema.

Además, el pronóstico no era muy bueno, por lo que también prefería ir acompañada. Mi fobia a la bata blanca, aunque casi está superada, sigue vigente.

Yo llevaba, como paciente aplicada, todo mi historial ginecológico (algo amplio), mi volante de interconsulta (como me exigieron por vía telefónica) y mis últimas analíticas de sangre.

Cuando me atendió, no me pidió el volante de interconsulta. ¡Y yo preocupadísima toda la noche por si se me olvidaba! Tomó nota por vía verbal de todo mi historial (ahí tardamos rato), revisó las analíticas, tanto la citología como la analítica. Luego le pidió a la auxiliar que me tomara la tensión (117 – 83) y el peso (79.2 kgs). Y por último me invitó al potro.

Me coloqué, me pidieron que me recolocaran y me hizo la ecografía vaginal. Intenté mirar la pantalla, pero me dijo que luego me comentaría… Silencio…

Me pregunta si en la ecografía anterior hubo latido, le dije que no, y me suelta (con cierto tacto): “Tiene toda la pinta de una gestación interrumpida”. Sigue sin ver el embrión y no encuentra latido. Me dijo que no quería adelantarse tampoco a los acontecimientos y que, por si acaso, daba una semana más de margen.

Rellenó el informe en el ordenador y me dijo que con el más mínimo sangrado acudiera a urgencias y que la semana que viene, el lunes, acudiera a Urgencias con el informe que me facilitaba. Si seguía sin haber latido, se provocaría el aborto.

Todo esto me confirma lo que yo ya sabía el martes, cuando me estaba arreglando para ir a la ginecóloga. Ese coágulo que tuve en mis dedos, que observé y que, por más que quiero ser abierta de mente y pensar que pudiera ser un coágulo cualquiera, era el embrión. Tenía la forma. Lo miré un minuto y me pudo el susto. Pero la posibilidad estaba ahí, ése era Futurito Bebé. Me quedé un poco paralizada, pero algo me decía que debía decirle adiós. No lo quise pensar mucho en ese momento, pero le dije adiós y me fui corriendo a mi cita con la ginecóloga.

Y hasta aquí puedo escribir…