Verano 2019 con mis niños

Pensaba que podría haber aprovechado más con el blog durante este tiempo, contaros cosas chulas que hacemos y que vemos (os he contado cosas chulas con las que jugamos), pero una vez más el tiempo nos ha engañado. Los días parecían largos, pero el mes se hizo corto… y los dos meses y medio han acabado pasando en un suspiro. Así que os cuento de principio a fin cómo ha sido este verano 2019 con mis niños.

Al Principio

Reconozco que al principio todo parecía un infierno. Niño Fúturo tenía unas rutinas en el colegio que en casa, con Bebito Fúturo, eran difíciles de compaginar. Cada uno tenía unas exigencias muy propias y una forma de ser muy particular. Bebito Fúturo parecía más feliz con la compañía perenne de su hermano, pero a mí el tiempo no me daba para darle a cada uno lo que exigía.

Creía que sería así todo el verano. Uno imponiendo sus tiempos de siesta, comidas, ganas de explorar el mundo y el otro con lo mismo. Compaginarlo era hacer malabares y la casa se me caía encima. No porque me pasara el día ahí metida, si no porque no había manera de meterle mano para limpiar, ordenar, cocinar o cualquier tarea que se os ocurra. Ambos exigían de mí una cantidad de energía que yo no conseguía reponer por las noches.

Fueron unas semanas terribles, de verdad. El cansancio era supremo y eso no ayudaba a estar a gusto con nada. Papá Fúturo seguía trabajando, aunque no de Sol a Sol, sí que salía por la mañana todavía en la noche. Lo cual hacía que exigiera su hora y pico de siesta para reponer sus fuerzas también. Yo me sentía desbordada y no hacía más que desear la rutina de vuelta.

A mediados

Bueno, todo cambió bastante cuando Papá Fúturo también disfrutó de unos días de vacaciones. El cuidado del hogar y de los niños era compaginable. Cuando uno se quedaba con los niños, el otro preparaba algo de comer, recogía la casa. Incluso hubo varias veces que todos limpiábamos en casa.

Este hombre tiene mucha maña para hacer limpiar a los niños. Yo me veo desbordada (seguramente por la falta de descanso que no es ayuda para la paciencia) enseguida. Él le enseña a Niño Fúturo a llevar la ropa a la lavadora, a recoger la mesa, a poner cosas en su sitio. Yo no me apañaba, siempre le gritaba porque enseguida perdía la paciencia.

Bebito Fúturo se le veía mucho más feliz cuando estábamos todos en casa, se le notaba en la cara. Creció de golpe muchísimo y Niño Fúturo parece que comprende los cuidados que necesita. Pocas peleas había entre ellos, aunque Niño Fúturo reclamaba territorio.

A finales

Y ahora que estamos a escasos días de comenzar de nuevo el curso escolar estamos totalmente sincronizados. Reconozco que echaré de menos en mi día a día a Niño Fúturo. Sus besos y abrazos constantes, su búsqueda de amor y entrega desinteresada del mismo. Sus preguntas constantes sobre cómo funciona el mundo… Sus negociaciones. Bueno, a todo él, ¿para qué nos vamos a engañar?

Ahora ya tenemos rutinas para salir a hacer recados, un ratito de parque, ir al supermercado. Ya no me desbordo entre las obligaciones y los niños. Dos meses he tardado en tener una buena rutina familiar. Y ahora que por fin la tengo, ¡empezamos de nuevo el curso!

Hemos tardado, pero lo hemos conseguido. La experiencia nos ha unido más como familia y me encanta haber tenido este verano 2019 con mis niños para poder ofrecerles a ellos un hogar de amor (poca paz…).

Deja un comentario

Soy Zana, al marcar esta casilla consientes que gestione tu información personal para mantenerte informado de las novedades de mi web. No cederé tus datos a nadie y puedes darte de baja en un click. Más información en la política de privacidad de mi página.

14 − 9 =