Actividades Extraescolares 19/20

Al terminar el curso pasado, con la actuación de fin de curso, vi a Niño Fúturo vibrar de una manera muy especial. Disfrutaba muchísimo lo que estaba haciendo, era como verle brillar. Cuando se subió al escenario lo vi más claro que nunca. Estaba en su salsa. Era como ver brillar una estrella, la naturalidad en persona. Y me confirmó lo que intuí el resto del curso: necesita hacer algo fuera de la escuela. Una actividad extraescolar.

Por entonces tenía bastante claro que sería de la escuela de música. Él quiere tocar la batería, lleva la música en los genes. Quizás sus padres no nos hemos desarrollado artísticamente en esta faceta de forma laboral, pero sí lo disfrutamos y lo desarrollamos de forma personal. Sus intereses hacia la música son grandes.

Pero también se pasó todo el verano pidiéndome jugar al ajedrez. Todo pasó porque un buen día que yo estaba intranquila teniendo que cuidar de los dos hijos, cuando llegó Papá Fúturo de trabajar y después de comer se me ocurrió comentarle que si les apetecía jugar al ajedrez. Fue totalmente fortuito. Pero le fascinó y se pasó todo el verano pidiéndome jugar. Y yo teniendo que cuidar de un bebé, lo hacía cuando podía. Y, sinceramente, no lo hacía bien. Estaba intranquila, cansada y sobrepasada, así que no eran ratos de juegos tranquilos y pacientes.

Como en el cole nos lo permitían, decidimos que la semana de pruebas de actividades podría probar la extraescolar de música y la extraescolar de ajedrez para ver cuál le gustaba y que la practicara durante este año. Egoístamente me interesaba la de música, que es fuera del horario escolar y me daba una hora de margen para hacer cosas en casa. Pero él tiene la última palabra, así que decidí no ser egoísta.

Siempre trato de adelantarle a los acontecimientos para que en el momento de la verdad no se encuentre con la sorpresa, sino que vaya prevenido todo lo posible de lo que vaya a pasar. Así que le fui hablando de la semana de prueba de actividades, que probaría música y ajedrez para que eligiera el que más le gustara. Pues el sábado por la noche, mientras estábamos preparando para irnos a dormir me dice muy serio: “Mamá, ¿puedo probar lo de las niñas y los niños?”. Lo primero que me saltó a la mente es que estaba diciendo una tontería, pero decidí no ignorarle y preguntarle a qué se refería. Salió de la cama y haciendo un gesto de esgrima me dijo “quiero hacer kung-fu”. Óle ahí…

Obviamente el Kung-Fu no está entre las opciones de actividades extraescolares, pero al ser un arte marcial le enseñé vídeos de kárate y vídeos de judo, además de esgrima (ese gesto de esgrima tan natural despistaba). Tras ver a otros niños practicar esas tres actividades me confirmó que quería ir a clases de judo. Lo comenté con su padre, que casualmente también fue a judo cuando era pequeño, y decidimos que lo probara.

La primera actividad que probó fue judo. Salió fascinado. No paraba de hablar sobre los ejercicios que hicieron, sobre lo bien que lo hacía él mismo. En un buen momento nos dijo que él era del equipo azul y que un niño del equipo azul le dijo que si estaba bien… Mis alarmas de madre saltaron cual liebre y ahí se me escapó un: “¿Y qué pasó?”. Respuesta: “Nada”. ¿Cómo no va a pasar nada si otro niño te pregunta si estás bien? En fin… más o menos parece ser que debió de verle concentrado aprendiendo (cosa bastante habitual en él cuando está con nuevas personas y que ha heredado de su progenitora) y el chico, muy atento, debió de preocuparse por él. En sus palabras: “Estaba quieto mirando y me preguntó”.

La siguiente actividad era música, la que más me convenía de horario porque las otras dos son dentro de su horario escolar (en la hora del recreo, que tienen un recreo de 2 horas después de comer). 

Salió… fascinado. Si le viérais tendríais una imagen real de lo que es la fascinación, en serio. Le encantó todo lo que hizo y salió con ese halo brillante de felicidad. Hicieron un palo de lluvia y tocaron el triángulo. Con lo que le gustan las manualidades y los instrumentos de percusión… 

Y finalmente probó ajedrez. Como hubo colegio entre medias no sé exactamente cómo salió de la actividad, pero de cómo habló cuando le pregunté… Adivinad cómo salió. Sí, fascinado, jajajaja. Por lo visto había una parte que hacían con ordenador y no puede haber otra cosa que le guste más en la vida. Por la tarde me viene e hizo de profesor preguntándome las cosas que me imagino le preguntaron a él en clase.

Y llegó la hora de la verdad, la decisión de qué actividad haría. Hablando Papá Fúturo y yo creemos que una actividad física y otra mental podrían venirle muy bien. Sobre todo la física dado que es donde más cojea en general (y piscina ya tiene en sus clases, además de no hacerle tanta gracia). Así que judo tenía muchísimas papeletas para quedarse. Entre música y ajedrez… no nos decidimos. Estaba igual de fascinado con ambas opciones así que le hemos preguntado a él. El viernes la favorita era música, el sábado la favorita era ajedrez y el domingo la favorita era ajedrez… 

El año que viene la actividad de música es iniciación a la música, ya con conceptos de solfeo. Y por más que nos pese, más actividad extraescolar nos parece por un lado demasiado para un niño de 4 años y por otro lado, no es permisible para nuestra economía ahora mismo. Así que este año se quedará con judo y ajedrez, ambas de la rama deportiva. A ver qué tal termina el año, si le gusta de verdad y si repetimos experiencia para el siguiente. Él está emocionado con ambos. Le encanta aprender y tener amigos con aficiones comunes también le ayudará mucho en la faceta social, estoy segura.

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