Sus Dos Primeros Pasos y la Rabieta

Me lo han contado, no lo he podido ver. Cuando me ve a mí se me aferra como si fuera a salir huyendo para dejarle abandonado y no quiere hacer nada más que estar conmigo o llevarme a los sitios a los que le apetece ir.

Me han contado que ayer, en la guardería, a sus 19 meses a punto de dejar de tenerlos, salía agarrado de las dos manos de un acompañante de la guardería y la jefa de estudios la incitó a soltarle de una mano. Así lo hizo y salía requete contento. Tanto así que el padre (Papá Fúturo) hizo señas a la chica para que le soltara del todo…

Y así fue como ha dado sus dos primeros pasos en solitario.

Conmigo, a base de juegos, de motivarle, de hablarle, conseguí que se soltara para tirarse a mí de algún sitio. Y, como mucho, daba un paso por no caerse de bruces. Pero otra cosa, era inimaginable.

Por lo demás, anoche tuvo su primera rabieta gorda.

Cuando no era un hijo mío el que tenía la rabieta a mi lado me encantaba jugar a fingir que la tenía yo también. En su primera medio rabieta lo hice… Se quedó el pobre tan traspuesto que he decidido dejar de hacerlo con él. Me quedo con ese momento en el que deseaba abrazarme en un momento culmen de la rabieta. Pero el pobre se veía que se quedó excesivamente traspuesto.

La siguiente sólo ocurrió una hora más tarde. No quería comer lo que le estábamos dando a comer. Quería tirar la comida al suelo y como no le dejamos ni tirar la comida ni rechazarla, se puso como una furia.

Yo no sé si hago bien o mal, pero no puedo ignorar una rabieta. Y entiendo que no puedo ponerme yo furiosa, así que con toda la calma del mundo esperé que se desahogara y, con la voz más calmada inimaginable, le dije que no pasaba nada y que tenía que calmarse, que todo iría bien.

Papá Fúturo sí se le notaba nervioso, tenía muchas ganas de intervenir e increparle a la calma. Pero en casa hay una norma muy clara, no nos metemos en las intervenciones ajenas a menos que seamos invitados a ello.

A Bebé Fúturo no se le pasaba, estuvo más de 10 minutos llorando y sollozando sin parar. Le puse música relajante, un vídeo con naturaleza, todo lo posible para que se calmara. Pero era imposible. Así que bueno, tengo que probar el bote de la calma, a ver si funciona. ¡Y ya os contaré!

Finalmente accedimos y le dimos de cenar otra cosa… Va a ser una prueba muy dura.

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