Oposición en la Maternidad y Embarazo (Desahogo)

Llevo mucho tiempo pensando en lo abandonado que tengo el blog. En el sacrificio que estoy haciendo por mi futuro laboral respecto a todas mis emociones. No puedo decir que nadie me lo haya advertido, todo lo contrario. Nunca me he decidido a opositar porque sabía que tendría que abandonar las cosas que me llenan.

Al principio pensé que no tendría porqué. Que bien organizada y con la vida bien estructurada podría compaginar el blog, el embarazo y la oposición (¡incluso las amistades!). Pero luego llegó la realidad y me obligó a reconocer la equivocación. Sobre todo porque había unos ingredientes que se me habían olvidado: la pareja y la maternidad.

Mi día a día hoy en día es un cúmulo de cosas por hacer sin parar. Si no es por la oposición (a la que le dedico más tiempo que a ninguna otra cosa), es el embarazo (con sus analíticas, sus visitas para controlar, sus achaques), pero también hay que sumarle un hijo de 3 años que reclama (y no se lo voy a echar en cara, para nada. Fue mi deseo tenerlo, no el suyo nacer) y una pareja muy responsable del hogar con muchas horas de trabajo diarias.

Y esto último, que siempre damos por descontado, es quizás lo que más debemos valorar. A la pareja, que te ayuda a sostener ese equilibrio delicado entre el estudio y tu vida, que pertenece a la parte ésa que se podría llamar “vida”. Y que también necesita su rincón de tu existencia (¡¡y que se la merece!!). Gracias a él seguimos emitiendo el podcast de Supervivencia en Familia, si no, también sería algo abandonado (Enlace: AQUÍ).

Opositar es tan duro como me lo imaginaba y mucho más. Igual que la maternidad. Me la imaginaba dura, pero es mucho más dura. Espero que de la misma manera, opositar tenga finalmente también su recompensa. Pero en la maternidad la recompensa la recibes en el día a día… Esa sonrisa de tu hijo/a, ese “¡Mamá!” que dice en realidad “no sé vivir sin ti”, esa búsqueda continua de tu aprecio… Mientras que la oposición es una recompensa que recibes al final, y con suerte. Pero también… no tendrás que volver a coger un libro si no quieres.

No sé si os habéis dado cuenta, pero esto es un post desahogo. Llevo unos días muy preocupada por lo que pasará si no apruebo, por lo que pasará cuando se me acabe el dinero, por lo que pasará cuando nazca Futurito Bebito, por lo que pasará… Pero la realidad y mi Carpe Diem siempre me obligan a volver al presente y aprovechar el momento. Necesito compartir para desahogar, así que aquí estoy, sacando mierda de mí para reequilibrar lo que parece roto.

Sí, yo también me rompo, yo también me caigo… ¡¡Pero me levanto!! Y sigo estudiando en el día a día.

Para ser fuerte, hay que sentirse débil y afrontarlo, aceptarlo y superarlo. No me voy a rendir por muy difícil que me está resultando opositar. Yo también lloro por las noches antes de dormir preocupada, pero después de descansar me levanto y sigo esforzándome porque de lo contrario… sólo me habré caído. Y eso algo que no pienso repetir.

Ya me caí una vez y me quedé caída mucho tiempo. Me levantaron y seguí caminando y por esas personas que me levantaron en el momento que he necesitado me he prometido que me levantaré todas las veces que haga falta.

(Estoy sacando sentimientos sobre los que no pensaba escribir…)

Quiero volver al blog, pero necesito priorizar. Y me he dado cuenta que las prioridades a veces también son complicadas. Siempre, y desde mucho antes, mi máxima prioridad es mi Familia. Pero… en mi situación actual, me he dado cuenta que para tenerla bien necesito el colchón del bienestar laboral-económico. Por eso opositar es tan importante ahora para mí, porque me dará esa despreocupación, que podré dedicar por entero a las particularidades individuales de cada miembro familiar para ser quien les ayuda a equilibrar su emociones para que encuentren su felicidad, que será la mía.

Pero ahora la que necesita apoyo soy yo, la que necesita tiempo soy yo, la que tiene que aprobar su oposición soy yo. Mientras vivo sumergida en una vida familiar con un hijo de 3 años y un bebé arco iris en camino que no tienen la culpa de mis preocupaciones.

¿Y por qué oposito? Decidme una empresa privada que acepte bien la maternidad y el embarazo que quiera contratarme… No pido un sueldazo ni unas condiciones imposibles, sólo quiero una vida laboral que me permita vivir y que me valore. Puedo aportar muchísimo, pero si no acepta mi condición familiar… (que a veces se llama “horario de mañana”).

Bueno, podría no parar de hablar, creo que por hoy lo dejo aquí y lo publico sin podcast porque entonces no lo publicaría nunca. Volveré… veremos a ver si llorando o celebrando.

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