Cuando las cuentas no salen…

No estoy inspirada para escribir un post profundo, ni siquiera uno que pueda aportarle algo a alguien. Necesito desahogar un poco ese momento en el que la cruda realidad se adueña de la vida y, sin querer, te ves arrastrada por unas sensaciones difíciles…

Podría estar peor, muchísimo peor. Pero estoy como estoy y ésa es mi cruda realidad.

Estoy desempleada. Eso supone dos realidades paralelas… los ingresos económicos en casa limitan nuestras actividades y nuestro consumo. Me gustaría hacer muchas más cosas, salir más a menudo, comprar más cosillas y… no tener tanto cuidado de la luz o el gas que consumimos.

Por otro lado. Soy una persona activa, me gusta enfocarme hacia un objetivo, sentirme productiva. Me gusta pensar que quien me paga, está orgulloso de mí y valora mi esfuerzo por hacer de este mundo, un mundo mejor. Se me dan bien infinidad de cosas, me motivan muchísimas. Me encanta aprender sobre excel o sobre fotografía. Las matemáticas se me dan de vicio y sé expresarme en varios idiomas sin dificultad.

Pero esta inestabilidad me hace preguntarme demasiado a menudo una cosa: ¿qué tengo de malo? Pues también, otras muchas cosas, no lo voy a negar. Pero quiero centrarme en lo bueno. A pesar de estar desempleada, no estoy parada. Me niego a aceptar ese término de “parada”. Dentro de mí hay una personalidad emprendedora que no tiene (mucho) miedo.

Por ejemplo, está el tema de las copas menstruales. Y también he definido mi meta de vida… Si me lo hubieran dicho hace un año, jamás lo habría creído.

Así que bueno, debo reconocer que sigue habiendo un futuro… Pero lo único que tenemos es el presente. Y me reafirmo en mi concepto de Carpe Diem. Aprovecha lo que tienes, aunque sea malo…

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