Sello de Calidad: Fisherprice

Pues gracias a Madresfera he tenido la oportunidad de probar dos juguetes de Fisherprice y no puedo sentirme más feliz porque era justo lo que necesitaba. Son cosas que tenía ganas de probar, pero que no sabía si me iban a funcionar o no y ante la duda, pues no me decidía. Vamos a empezar por:

Gimnasio-piano pataditas superaprendizaje (Enlace)

Con Niño Fúturo adquirimos algo parecido, pero había que dar unas patadas muy fuertes para que sonara el piano y por ello no estaba muy decidida a comprarlo de nuevo. ¡Pero qué diferencia!

Bebito Fúturo tiene 2 meses recién cumplidos y desde que le he puesto, no ha tenido ningún problema en sacarle sonidos al gimnasio-piano pataditas. Se sorprende mucho de los sonidos que realiza con sus patadas y no para de repetir. Me sorpende que a esa edad le guste tanto jugar con algo así, pero realmente le fascina.

El arco con sus juguetitos también le gusta. Todavía es pequeño para alcanzar los juguetitos que cuelgan, pero le tranquiliza verse en el espejo y se sonríe a sí mismo.

Ahora que lo he podido probar, me encanta. Me lo pongo en la habitación donde estudio y lo dejo en el suelo tranquila mientras se entretiene a sí mismo. No aguanta demasiado, pero un rato está ahí recibiendo estímulos que le tranquilizan. Después se duerme bien estimulado y puedo estudiar mucho más rato.

Móvil Ositos Voladores (Enlace)

Con Niño Fúturo el móvil fue todo un éxito, fue el más sencillo del mercado (y se rompió). Así que quería repetir con Bebito Fúturo sí o sí y desde luego que éste ha sido la grandísima opción.

Los ositos son muy graciosos (aunque él no diferencia todavía entre los objetos que le cuelgan), pero sí que sigue el movimiento de los ositos. No lo hemos puesto en la cuna más que para probarlo para esta crítica porque todavía duerme en el cuco a mi lado o colechamos, pero el ratejo que ha estado, quizás por la novedad, ha sido curioso verle seguir los ositos girando.

Me encanta que el proyector sea independiente, como ya he dicho, todavía no usamos la cuna. Poder ponerle el proyector con la música y las luces me ha flipado a mí. Y a Bebito Fúturo le embelesa un ratejo también (todo lo que puede aguantar un bebé de dos meses). Pero lo que me ha dejado ya encantada del todo es que tiene mando a distancia.

De esta manera, cuando estudio y Bebito Fúturo se despierta de su siesta, le entretengo un ratillo con el proyector sin tener que levantarme de la silla.

Las características dicen que es hasta los 5 meses, pero con mi experiencia con Niño Fúturo estoy segura que lo usaremos más tiempo.

Un parto respetado no es un parto deseado

Todas deseamos tener un parto respetado. Por favor, no confundan lo que quiero decir con el título de este post. Que deseemos tener un parto respetado no significa que los partos respetados sólo son aquellos que son como nuestros partos deseados.

¿Os he liado más? Vamos a aclarar conceptos:

Parto deseado: aquel parto idílico que nos imaginamos como perfecto.

Parto respetado: aquel parto en el que nos han informado correctamente y han apoyado las decisiones que hayamos podido optar.

Y ahora os cuento mi parto. Uno que ha sido respetado, pero anda muy lejos del que he deseado. Bueno, algún día lo haré desde un lado más emocional, pero hoy me apetece hacerlo desde el lado más crítico y reivindicativo.

Yo sabía cómo deseaba mi parto. Natural, inesperado, rápido, en el paritorio sin intervención, con un hijo sano y sin ningún tipo de complicación. Me lo esperaba doloroso, largo, cansado, etc… Pero nada de eso sucedió en mi parto.

Entré a mi consulta programada para las 37 semanas con unos valores de tensión más altos de los que estaba teniendo (y ya eran altos), pero no me preocupaba. En la ecografía el niño estaba más bajo de peso de lo que debería. Al principio no me importaba, ya lo veíamos venir. Pero…

La ginecóloga nos comentó que la combinación de la tensión más alta y el peso mucho más bajo podría llegar a ser un problema mucho más grave. Podría afectar a mis órganos internos y podría tener secuelas graves en mi bebé. Sin tomar decisiones precipitadas, nos indicó que habría que tomar medidas y antes de ello, hacer analíticas y ecografías que nos confirmaran el alcance de la situación.

Durante la analítica aprovecharon para hacerme monitores y durante tres segundos la gráfica marcó un problema muy grave. Podría deberse a sufrimiento fetal durante las contracciones o simplemente un movimiento fetal fortuito que desbarajustara la gráfica. ¿Quién quiere arriesgarse? Me ofrecieron un ingreso con una prueba de oxitocina para provocar contracciones, pero no el parto y así salir de dudas. La analítica salió todo bien (por lo que yo no tenía órganos afectados) y la ecografía me la harían al día siguiente… Si ingresaba, no tendría que ir y volver a casa dos días seguidos.

Todo salió bien. Tuve el monitor una hora puesta y llegué a tener contracciones cada tres minutos pero no se provocó el parto ni había sufrimiento fetal.

Llegó el momento de la ecografía doppler, una especial para ver cada milímetro de mi bebé. En él podríamos ver en diferentes partes de su cuerpo si estaba bien alimentado o no. Todos los puntos de mi bebé en los que se podía medir el riego sanguíneo estaban perfectos, menos en el cordón umbilical. Esto significaba que podría perjudicar a mi bebé y que podría dejar de estar todo perfecto en cualquier momento, por lo que me recomendó mi ginecóloga la inducción del parto.

Esto desbarajustaba de lejos todos los planes que podría haberme hecho, pero lo importante era mi bebé. Es mejor que naciera en ese momento sabiendo que estaba bien a arriesgarnos a que no lo estuviera cuando quisiera nacer. Y esa misma noche me pusieron el propess. Con ello se intentaba borrar el cuello del útero y con suerte provocar el parto. A la mañana siguiente veríamos la evolución.

La ginecóloga sí que nos dijo que al tener una cesárea previa, debido a la cicatriz que ya tenía mi útero, la inducción no sería como las habituales de esperar 3 días. La cicatriz limitaría el tiempo de la inducción y era muy probable, por no decir totalmente seguro, que mi bebé nacería al día siguiente de una manera u otra. Que tratarían de que fuera de la manera más natural posible, pero dependería de mi cicatriz y del avance del parto con la inducción. Y que también dependía de la reacción de Futurito Bebito ante la inducción. Es decir, había dos factores claves que darían las pautas del parto, mi cicatriz y mi bebé. Según cómo evolucionen con la inducción, me evitarían, o no, la cesárea.

A la mañana siguiente no se había borrado ni un poco del cuello del útero. Así que me inyectaron la oxitocina para provocar el parto. Poco a poco las contracciones se hicieron más notorias. Pedí la pelota de pilates para aliviar el dolor, pero al necesitar controlar muy de cerca el ritmo cardíaco de Futurito Bebito no me dejaron tener ventanas de monitorización… Es más, al principio la matrona me dijo que no. Pero como mi bebé iba bien en el control, me dejaron usar la pelota con la condición de que se pudiera controlar bien el corazón suyo. Así que durante un rato estuve con la pelota, poniendo mucho cuidado en que los latidos de mi bebé se escucharan bien… Hasta que me cansé de que el monitor se moviera todo el rato y no me dejara disfrutar de la pelota.

Al poco entraron a hacerme otro tacto vaginal. Mi cuello del útero seguía igual, no se había borrado nada. Yo ya tenía contracciones cada minuto y medio y bastante dolorosas. Habían pasado 16 horas desde que me pusieron el propess, unas 9 horas desde la oxitocina, y ni medio avance. El dolor era soportable, pero no me imaginaba quieta en la cama sufriéndolo indefinidamente, así que pedí la epidural. Un poco con la idea de que al relajarme del dolor quizás conseguiría avanzar más rápidamente y llegar a tener mi parto vaginal (aunque ya no iba a ser natural).

De repente todo pasó muy deprisa. Al volver de ponerme la epidural y monitorizarme, los latidos de Futurito Bebito habían bajado drásticamente y mi ginecóloga vino para informarme que debían hacerme una cesárea. No era de urgencia, así que nos ofreció que el padre asistiera en el quirófano a acompañarme. Aceptamos.

Casualmente llegó Niño Fúturo en esos momentos, al regresar de la epidural estaba en la habitación. Lo tengo todo muy claro en mi mente, pero me resulta difícil transcribir los siguientes momentos. Yo en el quirófano, olor a carne quemada, preguntas sobre dónde estaba el padre que iba a estar conmigo, Papá Fúturo que llega al quirófano justo a tiempo (un minuto antes) para ver al recién convertido en Bebito Fúturo a la vida, el neonatologo que nos dice que se lo llevan a la UCI por su bajo peso, mi reclamo del piel con piel, que nos respetan durante media hora pero que tendría que hacer el padre…

De repente estaba en la REA aceptando que no iba a poder ver a mi bebé hasta que no pudiera caminar para ir a la UCI…

Mi parto fue respetado, pero lo que vino después… Eso es otra historia.