La profundidad de mis AACC

Sinceramente, siento mucho tedio cuando veo en la persona con quien hablo que se cree que las altas capacidades es algo bueno, solamente. No ve ni se plantea que si tienen un diagnóstico psicológico es porque conllevan un sinfín de probabilidades de suponer un problema. Total, si es listo podrá resolverlo…

Ojalá todo fuera tan simple. De verdad que deseo que si el problema estuviera en la inteligencia se solucionara simplemente con pensar. Nos pudiéramos sentar, junto a un café, y decir… “A ver, ¿cómo soluciono las ganas de suicidarme que tengo?”. Porque sí, esas ganas de quitarnos la vida y acabar con nuestro sufrimiento están ahí, son una realidad.

Y cuando vas a cualquier psicólogo que no ha tenido contacto con las altas capacidades, que son muchísimos, te diagnostica de depresión, te manda pastillas y le da igual que dentro de ti tengas el eterno dilema (hasta llegar a volverte loco) que si hoy estás contento porque sí o por la pastilla. Esa pastilla se convierte en el centro de tus pensamientos y lo justifica todo, hasta los ratos largos en el baño pensando si merece o no la pena vivir enganchado a la pastilla. ¿Será para toda la vida? Y no paras de buscar la manera de quitarte esa pastilla. Te planteas qué puedes hacer e incluso cómo engañar al médico para que te la quite. Porque esa pastilla para ti es una tortura, no la solución.

Mientras, la gente sigue pensando que las altas capacidades son una maravilla.

Luego están las personas que no quieren etiquetar a la gente. Me parece maravilloso, porque yo también lo defiendo, que no metamos a las personas en sacos y hagamos lo mismo con todas las que están en el mismo saco. Odio profundamente que se me meta en un saco. Porque no, todos somos diferentes en la misma medida, con un equilibrio delicado, en la que todos somos iguales.

Pero cuando se le pone nombre a tu sufrimiento y comienzas a ver que tiene solución. Bueno, no se te pueden quitar las altas capacidades, pero empiezas a encontrar la forma de gestionar tus emociones. Pues oye, que sigo pensando que prefiero no ser metida en un saco, pero dame toda la información del saco en el que estoy metida para conseguir dejar de querer morir.

De repente, todo lo que te pasa tiene una explicación lógica. No solo eso, ¡no estás sola en el mundo! Esas experiencias vitales que te hacen sufrir constantemente son comunes en otras personas con altas capacidades y es más, los hay que tienen problemas añadidos que tú no has sufrido o al revés, has sufrido mucho más que otros, pero te comprenden. De verdad. No en plan compasión…

Y ves que cuando hablas con otras personas con altas capacidades no sientes esa constante tensión mental de si te has explicado correctamente o si te ha entendido un 20% de lo que has querido decir. Y ya no hablemos de ese tedio cuando a la otra persona ni siquiera le importa lo que le cuentas. Sí, lo percibimos… Y lo disimulamos. Aguantamos mucho porque no queremos hacer sufrir a nadie, ni a una mosca. Porque sentir tanto sufrimiento te hace odiarlo tanto que no quieres que otros lo sufran. Así que sufres para que otros no vean lo que te hacen sufrir.

Quizás la palabra sufrimiento se podría sustituir por otras más correctas. Pero escribo este post después de año y medio con poco descanso cuando son las seis de la mañana. Además en una época de mi vida en la que todo va a pegar un cambio muy brusco.

Ojalá todo esto fuera cuestión de ser más inteligente y, por tanto, pensar la solución. Me lo repito mientras me siento desbordada por el cansancio sin poder dormir porque vives en una ansiedad constante que, aunque es mi estado natural, está desbordada por todas las emociones de ese cambio.

Y mientras tanto, entre bambalinas, se está gestando un nuevo blog para hablar de todo ello y que la constante sensación de soledad eterna desaparezca. Y mientras digo esto vuelvo a sentir dentro de mí una calidez que me da sosiego y paz mental. Porque hacer cosas nuevas que nos motive en medio del estrés insoportable, nos da relax.

Podría seguir escribiendo… Pero tengo un bebé que vuelve a llorar reclamando su teta, a las seis de la mañana…

Volviendo… otra vez

Me gusta hacer balance de fin de año, lo he hecho siempre. Y proponerme unos propósitos nuevos. El 2019 parece que se me ha escurrido entre la oposición y la bimaternidad. Han pasado muchas cosas, he contado unas pocas. Y ese ciclo se ha terminado, ¡empezamos un nuevo año! Además, un año redondo.

He tomado una serie de decisiones que por la fecha en la que estamos se podrían llamar propósitos y me gustaría imponerles ese nombre. Todas tienen que ver con mi vida 2.0 y afectan directamente a este blog en gran medida.

Hay cosas que van a desaparecer y cosas que van a volver. ¿Novedades? Pues no, he experimentado lo que tenía que experimentar y quizás aparezcan, pero no forman parte de esos nuevos propósitos.

El blog volverá a ser un blog, así que ya no promocionaré los productos que había puesto en venta. Seguramente el día que tenga tiempo de sobra (si eso vuelve a ocurrir) actualizaré el Kakebo para las fechas de este año. Ya que lo tendré hecho, lo dejaré disponible en su sección por un módico precio. El hosting y el dominio no son gratuitos y si puedo quitarle peso a esa factura anual, se agradece mucho. Pero no le dedicaré tiempo para promocionarlo ni tendrá su propio dominio. He liberado la web del Kakebo en Excel.

Lo mismo he hecho con las copas menstruales. Me queda algo de stock, seguramente para personas más allegadas. Pero ya no estarán disponibles en la web. Ya no me reportan ningún beneficio ni emocional ni económico y creo que su ciclo ha terminado y hay que dejarlo ir.

Vuelvo a este blog y Papá Fúturo y yo volvemos también a Supervivencia en Familia. Esperamos que con regularidad, así que nos leeremos más a menudo.

Respecto a las redes sociales, puedo decir que las he “concentrado”. Me dedicaré públicamente a Instagram. Me he quitado el WhatsApp del móvil y voy a dejar Facebook solo para los ratos realmente libres con el iPad.

Mi libro, pues pasará lo mismo que con el Kakebo. Ahí está, muchas personas me están diciendo que les está ayudando mucho, no sólo con la maternidad, si no con la organización en general. Quizás me anime a promocionarlo un poquito más, pero no le voy a dedicar el tiempo de mis hijos.

Tengo algunos proyectos en mente, pero no tienen nada que ver con este blog, aunque tienen relación. Si surge, os iré comentando.

Mi vida laboral… es cuestión de días que comience. Bebito Fúturo ya tiene día de comienzo en la guardería para hacer una adaptación adecuada. Antes de terminar este mes probablemente ya tenga una rutina respecto a mi vida laboral. También os iré contando, porque será una rutina ya para siempre.

¡Gracias por estar ahí! Os deseo un próspero 2020 de todo corazón.

No estoy hecha para emprender

No lo digo por decir. Tampoco lo digo porque lo piense. Lo digo porque lo he intentado, pero me ha servido para conocerme en otra faceta más de mi vida confirmando algo que en realidad ya intuía. Puse muchísimo empeño en que saliera bien, pero la verdad es la que es… Y hoy os la quiero contar.

Tras siete años trabajando en una empresa privada en particular donde estaba medianamente a gusto, ésta me echó. Aunque siendo sincera era un poco lo que quería, no era lo que me esperaba. Pensaba que conseguiría irme tras encontrar otro trabajo mejor, pero el sorpresón de encontrarme en paro me lo supe tomar con filosofía. Era una gran oportunidad de llegar más lejos. En esa empresa como mucho podía aspirar a encontrarme más a gusto con los compañeros y tener un rato de desayuno (cosa que no tenía en el puesto donde estaba).

Tenía un gran abanico de posibilidades delante de mí. Mis preferencias eran claras, quería trabajar para una empresa y jubilarme en ella. Lo único que pedía era que me valoraran y que la compensación económica me diera para vivir tranquila sin preocupaciones, además de un horario con el que poder conciliar con mi familia. Preferiblemente haciendo algo que me gustara dentro del ámbito administrativo, pero soy muy flexible y enseguida me entusiasmo con lo que se me ofrece.

En mi ámbito más cercano, con quienes tenía cierto trato continuo (en las redes sociales) proliferaba el emprendimiento femenino por motivos familiares. Todas triunfaban con sus servicios o sus productos y, como he dicho antes, me entusiasmo con facilidad. Siempre he querido aprender más sobre porteo y poder ayudar de verdad. También especializarme en lactancia. Y todas mis amigas me dicen que les acompañé muy bien al elegir una copa menstrual. ¡Incluso me llamaba la posibilidad de acompañar el duelo gestacional! Así que algo fraguaba dentro de mí que abría las puertas a ser mi propia jefa.

Todas hablaban de lo genial que era establecer tu propio horario cuando tienes niños tan pequeños. Quizás tenías que trabajar por la noche, pero lo elegías tú. El niño siempre estaba atendido y te sentías libre de trabajar de lo que realmente quieres. No estaba exento de dificultades, pero se las sorteaba en la medida de lo posible. Había muchas maneras, estableciendo un sistema de productividad que fuera acorde a ti. ¡Todo pintaba de lujo!

Obviamente, para conseguir triunfar tienes que hacer una gran inversión y con la indemnización en esos momentos me lo podía permitir. Así que pagué mi formación de porteo, de lactancia e incluso de marketing especializado en madres. Por supuesto, para empezar a ofrecer los servicios especializados en copas menstruales tenía que hacerme con un stock importante que también salieron de esos ahorrillos.

Con nada de vergüenza, pero sí un poco de inseguridad, comencé mi andadura. Que si me seguís desde hace tiempo, bien lo sabéis. Me temía las consecuencias legales por no hacerme autónoma, pero el riesgo era muy grande y preferí explorar el emprendimiento antes de tomar ese riesgo. ¡Ni siquiera ganaba suficiente para hacer frente a la cuota! ¿Cómo me iba arriesgar a perder el sustento de mis hijos? Bastante que hice una inversión descomunal…

En fin, la cosa empezaba a fluir. Quizás no era suficiente para subsistir de ello, pero siendo el principio no podía quejarme. Yo vendía y la gente estaba contenta con mi servicio. Poquito a poco esto aumentaría y podría vivir de ello. Con las formaciones adquiridas aprendía cada día algo más. Además, me quedé embarazada y la alegría solo aumentaba…

Hasta… que sufrí mi aborto.

Entonces la vida me dio un vuelco, pero de los malos. No como cuando tienes tu bebé en brazos y de repente eres consciente de lo frágil y fuerte que es la vida. Si no como cuando te sacan el corazón del pecho, le cortan un cachito y lo tiran para que se pudra.

Me habían roto las ilusiones. Quizás no fuera la primera vez, pero las consecuencias de ese momento todavía se me agarran al pecho al pensarlo. Menos mal que contaba con el acompañamiento de Mónica Álvarez, mi hada colegiada. Pero todo se volvió negro, ofuscado y tenebroso. Por fuera podía sobrellevarlo, pero por dentro se había roto una parte importante de mí.

Y el entusiasmo por emprender fue una de esas cosas que se rompieron. Quería hacerlo porque me comprometí con ello, invertí mucho dinero y no tenía otra esperanza de sustento. Ya era consciente de que las empresas no querrían valorarme por ser una posible futura madre sin carrera universitaria, así que tenía que intentarlo muy fuerte…

Entonces vi lo malo de emprender. Trabajar a destajo (aunque sea en algo que te guste de verdad) totalmente sola y ocupándote igualmente de todo. Estar mal, realmente mal, y que da igual… Si no lo haces, no consigues dinero. La responsabilidad de que lo que haces lo tienes que hacer realmente bien si quieres llegar al objetivo que te has marcado. La terrible incertidumbre por no saber con cuánto dinero vas a poder disponer a final de mes, ni a principios, ni siquiera de aquí a tres días.

Todo eso era algo que yo no quería en mi vida. Ni siquiera cuando estaba bien. Darme cuenta en ese momento fue un hito importante para mí. Probablemente si no hubiera estado mal, me habría acabado dando cuenta, ¿pero cuánto tiempo después?

Entonces confirmé lo que ya sabía, necesito sentir estabilidad económica y laboral. El emprendimiento está muy lejos de eso. Tiene muchas cosas buenas, lo he vivido, pero la estabilidad para mí es más importante que la libertad horaria o el ser mi propia jefa.

Sello de Calidad: Colchón de bebé Emma

Gracias a Madresfera he tenido la oportunidad de probar el Colchón Emma y os voy a desgranar lo que opino sobre las medidas y peso del colchón, composición y materiales, suavidad y percepción en general.

Antecedentes

Con Niño Fúturo usamos el colchón que nos dieron con la cuna. Había pasado por dos niñas anteriores y por el propio Niño Fúturo, así que insistí que Bebito Fúturo por lo menos estrenara colchón. Así que le compramos un colchón nuevo ajustado de presupuesto con unas condiciones aceptables.

Nunca durmió bien. Probamos de todo para que consiguiera un descanso óptimo, pero sospechaba que el colchón podría ser el culpable y justo llegó este sello de calidad. Tendríamos la oportunidad de confirmar si el culpable era el colchón u otra cosa…

Medidas y peso del colchón

Como se puede ver en la imagen, tiene 8 cms de altura. Cuando lo coges por primera vez se te hace poco, acostumbrada a colchones de 20 cms de altura, pero realmente acaban siendo suficientes. Ahí el colchón está recién desenrollado de la caja y pensaba que necesitaba unas 24 horas para adaptarse a su tamaño, pero en absoluto. Al leer las instrucciones te dicen muy claramente que sólo necesita unos minutos para quedarse perfecto y poderse usar, ¡lo cual está genial!

El peso es muy ligero. Pesa 3,5 kgs, por lo que una persona menuda puede con ello perfectamente. Ya he cambiado sábanas y es terriblemente cómodo para eso. Tanto por la altura porque todas las sábanas le van bien, como por el peso, que no te deslomas al cambiarle las sábanas. Me ha gustado mucho en ese aspecto.

Composición, materiales y suavidad

El colchón como tal está compuesto por polilactida. Un material que si investigas un poco es completamente ecológico hecho con recursos 100% renovables. En el caso del colchón tiene propiedades libre de toxicidad, también evita las alergias y es flexible para ajustarse a su columna, se mueva como se mueva. Muy flexible y cómodo.

La funda del colchón (que veis en la foto) tiene una cara blanca hecha un 66% de poliéster y un 34% de viscosa y la cara gris es 100% poliéster. Ambos lados son suaves y agradables. La blanca parece más calentita y la gris más fresca, cada una para su estación o para mejorar el confort según las necesidades.

Pero ambos dan gustito al tacto. Como podéis ver, tiene cremallera y se puede quitar fácilmente para lavar. Aunque le pongo sábanas, en esta ocasión no le he puesto funda para el colchón, le quitarías las propiedades de estas dos texturas y con lo fáciles que son para lavar, no lo creo necesario.

Con los colchones anteriores eran imprescindibles porque no se podían quitar la funda ni nada. Pero en esta ocasión, una sábana fina es suficiente.

Percepción en general

La llegada del colchón ha coincidido con virus familiares y salida de los dientes. Así que haríamos directamente la prueba de fuego. Pero sin adelantarme, os cuento un poco mi percepción sin haberlo probado.

Se nota la diferencia de calidad. El colchón anterior que tenía características similares (el primero era un colchón que se parecía más al de los adultos, pero el que compramos se parecía a éste) quizás podría llegar a parecernos que tenían similitudes generales. Pero si analizas específicamente, se nota que no tienen nada que ver. No es tan flexible y la figura que tenía la funda que lleva el colchón se notaba.

A ver si me expreso bien. La funda del colchón del que compramos tenía una especie de dibujo hecho con el hilo como para encajar mejor al bebé con una profundidad lo suficientemente grande como para que se notara con las sábanas. Aunque el Colchón de Emma también tiene unos dibujos, no se perciben en absoluto.

En cuanto al sueño. Bebito Fúturo cuando dormía en el colchón que compramos lloraba cada vez que se movía porque se despertaba, eso es algo que con el Colchón de Emma no nos ha pasado. Es verdad que se despierta por la noche, pero debo reconocer que desde que nos ha llegado el colchón le han salido 3 dientes seguidos, dudo que los despertares sean por el colchón. Pero sí estoy convencida que anteriormente sí se despertaba por el colchón.

Cuando el tema de los dientes haya terminado, haré una actualización de la entrada. De momento os confirmo que estoy contenta con el cambio, he notado diferencias.

La historia de una madre opositora (libro)

Zana (15 años), una tarde cualquiera en su casa: Quiero escribir un libro. Dentro de mí nace esa necesidad como si fuera una verdad universal. No sé, se me ocurren siempre mil historias, puede que alguna sea buena y merezca tener sus propias páginas. Voy a empezar ahora.

¿Por qué escribí un libro?

Por aquel entonces no tenía ordenador en casa. Recuerdo la imagen perfectamente, un folio de cuadrados pequeños de mi carpeta del colegio y un boli bic transparente. Me recuerdo escribiendo una historia en ese primer folio. Me imaginaba haciendo fotocopias y enviando a las editoriales y recibir respuestas negativas, y finalmente la positiva. Y la interrupción de mi madre para comer.

Ahí se quedó la historia de ese primer libro. Cuando volví, lo releí y descubrí mil fallos. Nació la inseguridad de mi faceta escritora. Sabía que algún día escribiría mi libro, que cambiaría muchas vidas para mejor, pero tenía mucho que practicar. Así que empecé leyendo todo libro que cayera en mis manos.

Con el tiempo y una amiga de los chats de IRcap descubrí los blogs… Tenía 17 años y me creía capaz de cambiar el mundo y mucho más. Mi primer blog sería lo que todo el mundo querría leer. ¿Y sobre qué iba a escribir? No lo sabía… Tenía que practicar para cuando escribiera un libro de verdad. No pensaba que lo fuera a leer nadie. Sólo era un rincón donde escribir como si fuera el libro y tantear el terreno, leer a otras personas en sus propios blogs y recibir comentarios sobre cómo mejorar. Se convirtió en el único rincón del mundo donde podía ser yo misma… Ya entonces ponía mucho cuidado con mis datos privados, pero eso no significaba que no podría usarse para utilizarme.

Desde entonces volví a dar muchos saltos blogueros hasta terminar en este rincón que bien conocéis o que acabáis de descubrir. Y ha llegado el día en el que os puedo hablar de un libro mío. ¿El único? No lo sé… pero sí el primero.

¿Por qué “La historia de una madre opositora”?

Cuando opositaba, en los pocos ratos que podía, que coincidía siempre con la hora de dormir de Bebito Fúturo y su eterna tetada, leía libros sobre oposiciones. Me ayudaba a estar enfocada, aunque no fuera el temario, y soportar la intranquilidad de parecer que no haces nada mientras alimentas a tu pequeño vástago (hormonas que te hacen sentir siempre culpable de hacer cosas aunque parece que no las haces).

Acabé leyendo casi todos los libros que por entonces había disponibles. Y ninguno era realista con la situación que yo estaba viviendo. Había consejos muy útiles que aplicaba, algunos estaban muy bien escritos. Todos tenían algo de paja para rellenar, pero no estaban escritos para madres opositoras.

Mi Instagram sobre oposiciones (opomamifutura) estaba teniendo bastante éxito. La compañía que sentía cuando me desahogaba del duro camino de una madre opositora era increíble. Muchísimas madres me decían que se sentían reflejadas en mí porque decía las cosas como eran. La oposición es dura, la maternidad es dura, el combo es… casi mortal. Pero ahí estaba, día tras día, cual hormiguita, coleccionando ratos de estudio como pequeños tesoros.

Así que me decidí por escribir ese libro que necesitaba leer, pero que no existía todavía. Pero antes necesitaba conseguir mi plaza para demostrar que era posible. Y que todas podíamos hacerlo.

¿Cómo se hizo realidad?

Como habéis leído antes, lo de escribir un libro me viene desde pequeña. Sabía que algún día lo haría, lo que no sabía era cuándo, ni cómo, ni de qué.

Un buen día se cruzó ante mí una oferta para “Autopublica tu Libro“. Es algo que ya estaba barajando desde hacía años, había descubierto Bubok y pensé que sería la herramienta perfecta para hacer mi libro realidad. No depender de editoriales era justo lo que quería. Aún así, aunque tenía decidido que iba a gestionarlo con Bubok, el curso me llamó la atención.

La oferta era tentadora y me apunté. Se abrió ante mí la posibilidad de que quizás no sería un libro de ficción, si no de no ficción. Tal y como he escrito mil veces en mis blogs. Podría hablar sobre la maternidad. Explicarle al mundo mi experiencia y ayudar a otras madres a ser felices con su maternidad. Abarcaría todo el mundo maternal, para que fuera completo…

Y entonces decidí opositar y dejé aparcado el proyecto, hasta que terminé de opositar y decidí escribir otro libro. Tras repensar también que ya había muchos libros sobre maternidad y lo que yo querría leer, ya está escrito porque ya lo he leído en otros libros.

¿Cómo puedo comprar el libro?

Finalmente he autopublicado en Amazon, así que te dejo pinchando en la imagen el enlace para poder adquirirlo tanto en formato papel, como en formato digital. Que también está disponible en su plataforma Unlimited:

Actividades Extraescolares 19/20

Al terminar el curso pasado, con la actuación de fin de curso, vi a Niño Fúturo vibrar de una manera muy especial. Disfrutaba muchísimo lo que estaba haciendo, era como verle brillar. Cuando se subió al escenario lo vi más claro que nunca. Estaba en su salsa. Era como ver brillar una estrella, la naturalidad en persona. Y me confirmó lo que intuí el resto del curso: necesita hacer algo fuera de la escuela. Una actividad extraescolar.

Por entonces tenía bastante claro que sería de la escuela de música. Él quiere tocar la batería, lleva la música en los genes. Quizás sus padres no nos hemos desarrollado artísticamente en esta faceta de forma laboral, pero sí lo disfrutamos y lo desarrollamos de forma personal. Sus intereses hacia la música son grandes.

Pero también se pasó todo el verano pidiéndome jugar al ajedrez. Todo pasó porque un buen día que yo estaba intranquila teniendo que cuidar de los dos hijos, cuando llegó Papá Fúturo de trabajar y después de comer se me ocurrió comentarle que si les apetecía jugar al ajedrez. Fue totalmente fortuito. Pero le fascinó y se pasó todo el verano pidiéndome jugar. Y yo teniendo que cuidar de un bebé, lo hacía cuando podía. Y, sinceramente, no lo hacía bien. Estaba intranquila, cansada y sobrepasada, así que no eran ratos de juegos tranquilos y pacientes.

Como en el cole nos lo permitían, decidimos que la semana de pruebas de actividades podría probar la extraescolar de música y la extraescolar de ajedrez para ver cuál le gustaba y que la practicara durante este año. Egoístamente me interesaba la de música, que es fuera del horario escolar y me daba una hora de margen para hacer cosas en casa. Pero él tiene la última palabra, así que decidí no ser egoísta.

Siempre trato de adelantarle a los acontecimientos para que en el momento de la verdad no se encuentre con la sorpresa, sino que vaya prevenido todo lo posible de lo que vaya a pasar. Así que le fui hablando de la semana de prueba de actividades, que probaría música y ajedrez para que eligiera el que más le gustara. Pues el sábado por la noche, mientras estábamos preparando para irnos a dormir me dice muy serio: “Mamá, ¿puedo probar lo de las niñas y los niños?”. Lo primero que me saltó a la mente es que estaba diciendo una tontería, pero decidí no ignorarle y preguntarle a qué se refería. Salió de la cama y haciendo un gesto de esgrima me dijo “quiero hacer kung-fu”. Óle ahí…

Obviamente el Kung-Fu no está entre las opciones de actividades extraescolares, pero al ser un arte marcial le enseñé vídeos de kárate y vídeos de judo, además de esgrima (ese gesto de esgrima tan natural despistaba). Tras ver a otros niños practicar esas tres actividades me confirmó que quería ir a clases de judo. Lo comenté con su padre, que casualmente también fue a judo cuando era pequeño, y decidimos que lo probara.

La primera actividad que probó fue judo. Salió fascinado. No paraba de hablar sobre los ejercicios que hicieron, sobre lo bien que lo hacía él mismo. En un buen momento nos dijo que él era del equipo azul y que un niño del equipo azul le dijo que si estaba bien… Mis alarmas de madre saltaron cual liebre y ahí se me escapó un: “¿Y qué pasó?”. Respuesta: “Nada”. ¿Cómo no va a pasar nada si otro niño te pregunta si estás bien? En fin… más o menos parece ser que debió de verle concentrado aprendiendo (cosa bastante habitual en él cuando está con nuevas personas y que ha heredado de su progenitora) y el chico, muy atento, debió de preocuparse por él. En sus palabras: “Estaba quieto mirando y me preguntó”.

La siguiente actividad era música, la que más me convenía de horario porque las otras dos son dentro de su horario escolar (en la hora del recreo, que tienen un recreo de 2 horas después de comer). 

Salió… fascinado. Si le viérais tendríais una imagen real de lo que es la fascinación, en serio. Le encantó todo lo que hizo y salió con ese halo brillante de felicidad. Hicieron un palo de lluvia y tocaron el triángulo. Con lo que le gustan las manualidades y los instrumentos de percusión… 

Y finalmente probó ajedrez. Como hubo colegio entre medias no sé exactamente cómo salió de la actividad, pero de cómo habló cuando le pregunté… Adivinad cómo salió. Sí, fascinado, jajajaja. Por lo visto había una parte que hacían con ordenador y no puede haber otra cosa que le guste más en la vida. Por la tarde me viene e hizo de profesor preguntándome las cosas que me imagino le preguntaron a él en clase.

Y llegó la hora de la verdad, la decisión de qué actividad haría. Hablando Papá Fúturo y yo creemos que una actividad física y otra mental podrían venirle muy bien. Sobre todo la física dado que es donde más cojea en general (y piscina ya tiene en sus clases, además de no hacerle tanta gracia). Así que judo tenía muchísimas papeletas para quedarse. Entre música y ajedrez… no nos decidimos. Estaba igual de fascinado con ambas opciones así que le hemos preguntado a él. El viernes la favorita era música, el sábado la favorita era ajedrez y el domingo la favorita era ajedrez… 

El año que viene la actividad de música es iniciación a la música, ya con conceptos de solfeo. Y por más que nos pese, más actividad extraescolar nos parece por un lado demasiado para un niño de 4 años y por otro lado, no es permisible para nuestra economía ahora mismo. Así que este año se quedará con judo y ajedrez, ambas de la rama deportiva. A ver qué tal termina el año, si le gusta de verdad y si repetimos experiencia para el siguiente. Él está emocionado con ambos. Le encanta aprender y tener amigos con aficiones comunes también le ayudará mucho en la faceta social, estoy segura.

Verano 2019 con mis niños

Pensaba que podría haber aprovechado más con el blog durante este tiempo, contaros cosas chulas que hacemos y que vemos (os he contado cosas chulas con las que jugamos), pero una vez más el tiempo nos ha engañado. Los días parecían largos, pero el mes se hizo corto… y los dos meses y medio han acabado pasando en un suspiro. Así que os cuento de principio a fin cómo ha sido este verano 2019 con mis niños.

Al Principio

Reconozco que al principio todo parecía un infierno. Niño Fúturo tenía unas rutinas en el colegio que en casa, con Bebito Fúturo, eran difíciles de compaginar. Cada uno tenía unas exigencias muy propias y una forma de ser muy particular. Bebito Fúturo parecía más feliz con la compañía perenne de su hermano, pero a mí el tiempo no me daba para darle a cada uno lo que exigía.

Creía que sería así todo el verano. Uno imponiendo sus tiempos de siesta, comidas, ganas de explorar el mundo y el otro con lo mismo. Compaginarlo era hacer malabares y la casa se me caía encima. No porque me pasara el día ahí metida, si no porque no había manera de meterle mano para limpiar, ordenar, cocinar o cualquier tarea que se os ocurra. Ambos exigían de mí una cantidad de energía que yo no conseguía reponer por las noches.

Fueron unas semanas terribles, de verdad. El cansancio era supremo y eso no ayudaba a estar a gusto con nada. Papá Fúturo seguía trabajando, aunque no de Sol a Sol, sí que salía por la mañana todavía en la noche. Lo cual hacía que exigiera su hora y pico de siesta para reponer sus fuerzas también. Yo me sentía desbordada y no hacía más que desear la rutina de vuelta.

A mediados

Bueno, todo cambió bastante cuando Papá Fúturo también disfrutó de unos días de vacaciones. El cuidado del hogar y de los niños era compaginable. Cuando uno se quedaba con los niños, el otro preparaba algo de comer, recogía la casa. Incluso hubo varias veces que todos limpiábamos en casa.

Este hombre tiene mucha maña para hacer limpiar a los niños. Yo me veo desbordada (seguramente por la falta de descanso que no es ayuda para la paciencia) enseguida. Él le enseña a Niño Fúturo a llevar la ropa a la lavadora, a recoger la mesa, a poner cosas en su sitio. Yo no me apañaba, siempre le gritaba porque enseguida perdía la paciencia.

Bebito Fúturo se le veía mucho más feliz cuando estábamos todos en casa, se le notaba en la cara. Creció de golpe muchísimo y Niño Fúturo parece que comprende los cuidados que necesita. Pocas peleas había entre ellos, aunque Niño Fúturo reclamaba territorio.

A finales

Y ahora que estamos a escasos días de comenzar de nuevo el curso escolar estamos totalmente sincronizados. Reconozco que echaré de menos en mi día a día a Niño Fúturo. Sus besos y abrazos constantes, su búsqueda de amor y entrega desinteresada del mismo. Sus preguntas constantes sobre cómo funciona el mundo… Sus negociaciones. Bueno, a todo él, ¿para qué nos vamos a engañar?

Ahora ya tenemos rutinas para salir a hacer recados, un ratito de parque, ir al supermercado. Ya no me desbordo entre las obligaciones y los niños. Dos meses he tardado en tener una buena rutina familiar. Y ahora que por fin la tengo, ¡empezamos de nuevo el curso!

Hemos tardado, pero lo hemos conseguido. La experiencia nos ha unido más como familia y me encanta haber tenido este verano 2019 con mis niños para poder ofrecerles a ellos un hogar de amor (poca paz…).

Avances de Bebito Fúturo – 11 meses

Iba a hablaros sobre nuestra experiencia, no muy buena, en la vacuna con la enfermera, pero ya está resumida en la frase anterior. Lo cierto es que Bebito Fúturo va a un rápido vertiginoso y quería reflejarlo.

Esta misma mañana ha dado sus primeros pasos (agarrado de la mano), pero en el suelo. Hasta ahora te obligaba a sujetarle de pie y de vez en cuando daba un paso para adelante, lleno de orgullo y satisfacción. Pero hoy el recorrido ha sido más largo y para mí está siendo una grandísima experiencia. Os recuerdo que Niño Fúturo lo hizo a los 22 meses, así que este paso que fuera tan pronto en el pequeño me deja mareada ante la vertiginosa idea de lo rápido que puede pasar el tiempo.

Los pocos bebés que nos hemos cruzado de 12 meses ya caminan totalmente autónomos, pero me sigue sorprendiendo su velocidad y ganas de superarse.

Hace unos días ha aprendido a dar besos. Lo primero que ha besado a propósito ha sido a la rueda del andador, pero enseguida ha pillado la idea de besar a las personas. Aunque besar cosas está también muy bien. Hace un muack y se queda esperando la reacción semi-histérica de su madre feliz. Así que repite hasta que se cansa de escuchar a su madre, que suele ser al quinto o sexto beso. Y cuando está muy aburrido, besa a su madre y ya tiene diversión semi-histérica para rato.

Esta mañana yo estaba muy cansada, como es habitual. Me estuvo golpeando y dando patadas sin resultado del puro agotamiento que tenía. Así que me dio unos besos en el brazo y voilá, ya me tenía babeando a su lado.

Por lo demás, seguimos a la espera de que le salga algún diente. Sospechamos que deben molestar porque hay veces en los que su reacción es exageradamente exigente, pero por lo general lo lleva bien. No babea demasiado, no tiene heces muy ácidas (algunos días sí) y los días en los que está más inquieto, pues se sobrellevan. Ya le saldrán.

Es muy expresivo, sabe lo que quiere y va a por ello. Aprendió a saludar y como ya sabe hacerlo, ha dejado de hacerlo porque no siente la necesidad. Igual que lo de señalar y demás, pero eso no quita para que te agarre el dedo, lo ponga en posición, también la otra mano y se levante cuando quiere. Te llama a base de bufidos y si está generoso, pronuncia unas sílabas para ver tu alegría.

Parece, en general, feliz.

Probamos Stikets

Cuando Niño Fúturo empezó la guardería y vimos todo lo que había que marcar no dudamos en probar Stikets. Fue muy recomendada en las redes sociales y me gustaba la marca, la verdad. Así que le preparé unas cuantas sencillas etiquetas que nos han servido durante todo su paso por la guardería.

Ahora con la siguiente vuelta al cole he tenido la oportunidad de probar las novedades y me he encontrado con bastantes diferencias. Para no enredar sobre cómo era antes y cómo es ahora, sólo os voy a decir que todo está repensado y tiene novedades chulísimas. Quizás antes sí es cierto que tenían más variedad en el diseño, pero hay cosas que han mejorado muchísimo.

Nos ofrecieron para probar el Pack Temático de Stikets donde ya te viene todo lo que pudieras necesitar. Es lo mismo que compramos aquella vez y sabiendo que nos hará poco más falta, pues repetimos la experiencia. Aún así, si prefieres seguir teniendo la posibilidad de personalizar más las pegatinas o no necesitas todo lo que tiene el pack, tienes variedades para comprar cosas que te convengan más. Por ejemplo el sello personalizado o hacerte tus etiquetas con tu propio diseño.

Como os digo, la posibilidad de diseñar el pack respecto a la vez anterior se ha reducido, pero tiene otras novedades. Por ejemplo, la plaquita con el nombre y el teléfono tiene un código bidi que al escanearlo con el móvil te aparece la siguiente pantalla:

Y viene dentro de una carpeta que está muy bien organizada como podéis ver:

Los dibujos son muy monos y se lee muy bien el nombre. Ahora vienen dos papeles cebolla para planchar las etiquetas de la ropa. El diseño de las pegatinas es más acertado en su tamaño. Antes sobraba bastante espacio, mientras que ahora tienen un tamaño adecuado con la letra.Además, algunas etiquetas de ropa ahora también llevan el número de teléfono.

Bueno, todo esto lo podéis ver por la web. Mi impresión es muy buena. La calidad es más que decente y la presentación y las novedades me han sorprendido gratamente. Por el precio que tienen merecen la pena.

Oferta Liquidación de las Copas Menstruales

Lo he anunciado por todas las redes sociales, pero por aquí no lo había puesto y creo que hay personas que han entrado para buscarla. Así que dejo aquí también toda la información porque es exclusiva.

Como dice el título muy bien, estoy liquidando las copas menstruales que tengo. Principalmente por motivos económicos, necesito deshacerme del stock que tengo y para ello las tengo a un precio muy especial:

Para conseguirlas, podéis escribirme por correo electrónico directamente o por cualquiera de las redes sociales que tenéis en el panel (Facebook, Instagram, Telegram, etc.). La asesoría para elegir talla está incluída en caso de hacer falta y si no os va bien la copa, también tengo compresas de algodón.

Os recuerdo que las copas tienen una duración media de 10 años y os convendría siempre tener una de repuesto por si se pierde en esas vacaciones a la playa o se las come el perro (sí, ha ocurrido). Aprovecha ahora la oferta. No la vas a encontrar a mejor precio (bueno, sí, por aliexpress. ¿Nunca os he dicho que la he probado y está totalmente fuera de mi recomendación?).

En cualquier caso, hay copas de las que ya me he quedado sin stock. La gama y variedad es bastante amplia, os recomiendo, como mínimo, preguntarme. El trato es de tú a tú, no tengo ganas de complicarme la vida. Puedo ser muy profesional, pero al precio que las estoy vendiendo, eso no está pagado. Seguiré siendo profesional, pero sin florituras. Entendedme… Os estáis ahorrando 7,50 € del precio original y en algo se tiene que notar, jajaja.

La oportunidad es única y según me deshaga de las copas, termina el negocio. La ventaja, te lo aseguro, es más para ti que para mí.