5 años de maternidad y 1,5 de bimaternidad

El cumpleaños de mi hijo y la vuelta a la vida laboral me ha despertado unos sentimientos que me veo en la necesidad de expresar. No por nada, si no porque no quiero olvidar estas sensaciones. La maternidad fulltime me ha dado una perspectiva de vida distinta y ahora, fuera de ella, puedo valorar con más claridad la experiencia que he tenido hasta el momento. Probablemente dentro de unos años lo recuerde de otra forma, pero ahora, “recién salida” lo siento de ésta.

Siempre me han dicho y no seré la primera a quien se lo oyes que la bimaternidad no es el doble, es mucho más trabajo que un solo hijo. Y por más que lo tenía asumido, no conseguía comprender qué se quería decir con ello. Pero es totalmente verdad. Tener un bebé llorando con sus necesidades de atención mientras tienes otro hijo también con sus necesidades al que le tienes que pedir que espere cuando está acostumbrado a ser atendido al momento y se frustra por ello…

El cansancio acaba superando las barreras límites que pensaba que tenían. Y aún así trataba de rendir como si fuera capaz de hacerlo. No sabía cuántos pañales cambiaba al día e incluso me preocupa poco que se hayan juntado un pis con otro y con otro y con otro.

Sinceramente, me ha afectado mucho emocionalmente que ambos tuvieran un carácter tan extraordinariamente distinto. Sabía que podía pasar, pero encontrármelo me ha dejado totalmente descolocada. Donde uno se distraía fácilmente con cualquier cosa que se moviera y más si estaba en una pantalla, al otro no hay pantalla que le frene la impetuosidad. Donde uno aceptaba calmado las circunstancias y en toda su adoslescencia habrá tenido 3 rabietas como mucho y muy llevaderas, el otro a su año y medio ya ha tenido unas diez nada llevaderas.

No se trata de comparar, pero la impotencia que he llegado a sentir me superaba y esa impotencia estaba generada por esos cambios tan excesivamente bruscos entre los dos niños.

También es verdad que han despertado una ternura que yo no sabría que tenía. El pequeño, de la misma forma que expresa su lado agresivo, también expresa más su lado cariñoso. En el mismo minuto que te lanza un manotazo, te lanza un abrazo.

Me han hecho ser más yo… O han obligado que descubra antes la yo que soy. Desde luego que si comparo mi vida antes de tenerlos con la de ahora, la anterior era mucho más tranquila y calmada. Pero si comparo la persona que fui con la que soy, soy más yo y me prefiero.

Niño Fúturo a sus 5 años

El ser que me hizo madre cumple hoy sus primeros 5 años de vida y aquí vengo, en parte, a presumir del hijo tan maravilloso que es y ha sido siempre (ya veremos si lo seguirá siendo, que estoy segura que sí, pero no quiero adelantarme a un futuro que desocnozco).

Niño Fúturo ahora quiere ser el más amigo de sus amigos y es increíble verlo. De verlo aislado a sí mismo a verle siendo popular entre sus compañeros. Trata de ayudarlos a todos y de agradar a los que considera más íntimos. Diferencia perfectamente a un amigo de un compañero. No le gusta cuando los amigos no cumplen las normas escritas y le genera sentimientos contradictorios, pero ya lo acepta. Ha tratado alguna vez de experimentar no cumplir las normas, pero al recibir su consecuencia no le ha gustado y no lo hace.

En casa es un niño muy atento. Ha aceptado la llegada de su hermano increíblemente bien y el genio que éste demuestra lo asume con paciencia infinita. Trata de enseñarle y le encanta ser su ejemplo. En todo este año cada vez ha sabido actuar mejor. A veces le cuida y lo hace mejor de lo esperado.

Con el resto de su familia también es muy atento y tiene una memoria prodigiosa. Se acuerda de todos detalles y pregunta por cómo están sus familiares.

Se distrae mucho. Sobre todo con las pantallas. En cuanto ve una en su campo de acción, se abstrae totalmente. De lo contrario, si no hay pantallas, es muy activo e inquieto, con muchísima curiosidad. Quiere aprender y absorbe todo lo que pasa a su alrededor. Lee mucho y solo.

Podría decir un millón de cosas más, pero me doy cuenta que todo es bueno, en resumen. Quiero que el tiempo se pare y quedarme con el niño que es para siempre.

Trabajo en Privada VS Trabajo en Pública (comienzos)

Cuando opositas, en todas las fases de la oposición todo el mundo te asegura que todo el sacrificio que haces merece la pena. El premio es grande y satisfactorio y los sacrificios habrán sido pocos para lo que consigues. La sensación de eterna promesa inalcanzable se hace duro. Además, una vez que la gente aprueba, como que desaparece. Te da nociones, te dicen que merece la pena, que están contentos y felices, pero nunca llegas a saber por qué.

Hoy vengo a romper la balanza y a contar mis impresiones, ya sabéis que me gusta hacerlo. Y creo que ha llegado el momento en el que tras haber empezado, os puedo contar qué diferencias hay respecto a la privada para que el mito sobre que merece la pena opositar sea verdad. Yo he estado al otro lado, he querido saber esto y por eso, ahora que lo experimento, os lo cuento.

Comienzos en la Privada

He trabajado en varias empresas privadas. En una he estado muchísimo tiempo y en otras mi recorrido ha sido bastante corto. En la mayoría he realizado funciones parecidas a las que realizo ahora, por lo que parto de la misma base.

La vorágine de empezar a trabajar en todos esos sitios siempre fue bastante caótico, pero desde luego que no desaprovechaban ni un solo minuto de mi contrato. En cuanto me habían presentado a mis nuevos compañeros y me ponían en la mesa, me daban cuatro nociones de mis funciones, me explicaban lo básico que necesitaba saber para cumplir y… ¡¡a trabajar!!

Si no sabía algo, lo iría aprendiendo sobre la marcha, pero ya contaban con que sabría hacerlo. A ver, suena mal, pero no. Eran majos, amables y todo eso, pero la sensación que yo tenía era que daban por hecho que sabría hacer lo que me pedían y tenía que preguntar si no era así. Deducía casi todo y acertaba bien, pero en muy pocos sitios se adelantaban a mis dudas. Así que ya en el segundo día parecía que nunca habría sido nueva.

Además, todo el tema de identificación personal lo tenía tramitado a los diez minutos de empezar. Si necesitaba correo electrónico, sesión en el ordenador, claves para diferentes programas… Cuando me sentaba a mi sitio después de presentarme a todo el personal, ya tenía todas mis claves.

La sensación siempre fue de exigencia. Se te exigía saber cosas que no te habían dicho. Y entre los compañeros mismos siempre había una cierta competencia.

Comienzos en la Pública

Cuando acabé de firmar la posesión, que es cuando oficialmente firmas el contrato de empezar y a partir de ese momento me convertí en trabajadora pública, tuve que irme a otro sitio a firmar más cosas. Pero a otro sitio literal, en otro edificio de otro lado. Pero es más, no me dijeron el sitio que era, lo deduje por otros compañeros que les constaba la misma consejería y me equivoqué, así que tuve que ir a otro sitio distinto que mis compañeros para firmar lo mismo. Me chocó muchísimo, no hay nada centralizado, incluso en la misma consejería. Según tu destino, firmas lo mismo en sitios distintos…

Tras hacerme el tour de firma de documentos varios y variados. Entre los cuales está la toma de posesión, la protección de datos, la cuenta bancaria para la nómina, la solicitud del abono, la declaración de irpf, etc. llego a mi lugar de trabajo. Me reciben con los brazos abiertos aceptando mi condición de funcionaria de carrera y siendo muy delicados al expresarse.

Poniendo en situación. La funcionaria interina que ocupaba mi puesto tenía unas condiciones laborales por las que cesaba única y exclusivamente en el momento en el que yo firmaba esa posesión del cargo público. La administración nos tiene prohibido cruzarnos, por lo que cuando yo firmo mi posesión, a ella la llaman para que abandone el cargo. En mi caso, llevaba muchos años y le tenían cariño. Cuando entré, hubo veces que sin querer se escapaba un “la que sustituye a X”, pero enseguida corregían y decían “quien ocupa su plaza merecida”. Ese día me permitieron irme antes a casa sin haber encendido el ordenador para que lo celebrara.

La entrada fue igual de caótica que en la privada, pero las exigencias eran distintas. Trabajo para un departamento que no “me gestiona” y es todo un poco complicado. Yo cumplo las funciones del departamento que “me gestiona”, pero para un departamento distinto, con sus particularidades. Entonces el jefe que me aprueba los días de permisos no es el mismo que el jefe que me da trabajo. Entre ellos se hablan y se coordinan, pero es algo que en la privada no me ha pasado nunca.

No daban por hecho que supiera nada. Casi me intentaban explicar hasta cómo hacer click en el ratón (he exagerado, pero la diferencia es abismal). Tratan de mimarme y que estuviera a gusto y no me agobiara. Valoran a menudo mi eficacia y están muy atentos a que me sienta bien. Sobre todo me ha sorprendido la valoración que hacen constantemente de lo bien que realizo mi trabajo, ¡eso nunca me había pasado en la privada!

Y sobre las claves e identificaciones que necesito para realizar mi trabajo… Bueno, unas claves las tengo que solicitar a un sitio y me las autorizan en otro. Otras claves las tengo que solicitar personalmente a otro departamento distinto. La de inicio de sesión del ordenador tardó una semana porque era urgente, de lo contrario, habría tardado mucho más. Así que mientras tanto tenía que trabajar con claves de mis compañeros e incluso de mi jefe.

Y la sensación general es la falta de competencia entre mis compañeros. Cada uno se ha ganado su puesto de trabajo con sus condiciones (de carrera o interino) y todos son bienvenidos.

Las guarderitis

Es oficial, he empezado a trabajar. Es algo que consta incluso en el boletín oficial. ¿Y qué pasa cuando tienes un bebé y tú debes cumplir con tu vida laboral? Pues que ese pequeño bebé indefenso con toda una vida llena y plena que vivir comienza su andadura en la guardería.

Con este post pretendo desempolvar un poco el blog y quitarle sus telarañas a la vez que me desahogo en esta eterna dualidad de ser madre VS ser mujer y persona. Y si no lo he hecho antes es por sufrir de guarderitis.

Bebito Fúturo y yo hemos podido disfrutar y sufrir de 16 meses de convivencia. Todo el mundo se queda con la parte de disfrutarla y pocos reconocen la parte de sufrirla. Yo quiero reconocer ambas partes, la buena y la mala.

La parte buena

Un bebé da mucho trabajo, pero estar con él te quita también muchísimo. Al poder cuidarle como buena madre se pone enfermo con menos frecuencia. Eres quien mejor le conoce y puedes ver toda su evolución. También ayudarle a evolucionar, ayudarle a crecer y estar con él.

Él te aporta felicidad a un nivel de sacrificio que merece la pena. Es extraño descubrir cómo puede pagarlo todo con una sonrisa. Te deja totalmente noqueada con una mirada dulce. Y poder saber que está sano y crece feliz entre tus brazos acaba realizándote como madre. Es una sensación de satisfacción pura a pesar del sacrificio que haces quedándote sin vivir experiencias a las que estás acostumbrada.

Pero todo eso da igual. Algo salido de tus entrañas se va a convertir en la razón de tu ser. Y disfrutas de su primera sonrisa, su primera comida, sus primeros pasos, sus primeras palabras…

La parte mala

Dejas de ser tú y de controlar tu vida. Creo que es lo que más echo de menos con diferencia. Poder ducharme cuando yo lo decida. Salir a tomar algo con quien me apetezca. Tener un bebé no quita que puedas hacerlo, pero tienes que entrar en la faena de adaptarlo.

Las salidas serán muy planificadas, además de muy cargadas de un millón de cosas para cualquier circunstancia. Pero es más, da igual cuanto tiempo de antelación lo hayas planificado, que siempre puede haber un cambio de planes repentino que se llevará al traste tus intenciones.

¿Te quieres duchar después de ir al gimnasio para tener el pelo seco antes de dormir? Bueno, pues no te olvides de que llegas a la hora habitual de la cena de tus hijos y que éstos no van a esperar a que te duches para llorar de hambre. Y en su ritual nocturno debes respetar que tras la comida, va su ducha y que les tienes que preparar para dormir. Pero es más, el bebé decide que no quiere dormir y te toca aguantar el tirón hasta que se duerma una hora más tarde. Total, que cuando te quieres duchar le estás robando el tiempo a dormir y eso del pelo seco… Recuerda que mientras los niños duermen mejor no hacer ruido, así que prohibido.

Adaptación a la Guarde

Todo esto viene porque, al empezar a trabajar, Bebito Fúturo ha empezado la guardería. En el colegio han respetado completamente el método de adaptación que he elegido y en esta ocasión lo hemos podido hacer paulatinamente. Pero los virus nos han atacado por igual.

Quizás por la lactancia materna que aún mantenemos, la virulencia no ha sido muy grande, pero sí inevitable. No sé qué virus ha tenido, como dice el título, yo ya lo llamo todo guarderitis.

La profundidad de mis AACC

Sinceramente, siento mucho tedio cuando veo en la persona con quien hablo que se cree que las altas capacidades es algo bueno, solamente. No ve ni se plantea que si tienen un diagnóstico psicológico es porque conllevan un sinfín de probabilidades de suponer un problema. Total, si es listo podrá resolverlo…

Ojalá todo fuera tan simple. De verdad que deseo que si el problema estuviera en la inteligencia se solucionara simplemente con pensar. Nos pudiéramos sentar, junto a un café, y decir… “A ver, ¿cómo soluciono las ganas de suicidarme que tengo?”. Porque sí, esas ganas de quitarnos la vida y acabar con nuestro sufrimiento están ahí, son una realidad.

Y cuando vas a cualquier psicólogo que no ha tenido contacto con las altas capacidades, que son muchísimos, te diagnostica de depresión, te manda pastillas y le da igual que dentro de ti tengas el eterno dilema (hasta llegar a volverte loco) que si hoy estás contento porque sí o por la pastilla. Esa pastilla se convierte en el centro de tus pensamientos y lo justifica todo, hasta los ratos largos en el baño pensando si merece o no la pena vivir enganchado a la pastilla. ¿Será para toda la vida? Y no paras de buscar la manera de quitarte esa pastilla. Te planteas qué puedes hacer e incluso cómo engañar al médico para que te la quite. Porque esa pastilla para ti es una tortura, no la solución.

Mientras, la gente sigue pensando que las altas capacidades son una maravilla.

Luego están las personas que no quieren etiquetar a la gente. Me parece maravilloso, porque yo también lo defiendo, que no metamos a las personas en sacos y hagamos lo mismo con todas las que están en el mismo saco. Odio profundamente que se me meta en un saco. Porque no, todos somos diferentes en la misma medida, con un equilibrio delicado, en la que todos somos iguales.

Pero cuando se le pone nombre a tu sufrimiento y comienzas a ver que tiene solución. Bueno, no se te pueden quitar las altas capacidades, pero empiezas a encontrar la forma de gestionar tus emociones. Pues oye, que sigo pensando que prefiero no ser metida en un saco, pero dame toda la información del saco en el que estoy metida para conseguir dejar de querer morir.

De repente, todo lo que te pasa tiene una explicación lógica. No solo eso, ¡no estás sola en el mundo! Esas experiencias vitales que te hacen sufrir constantemente son comunes en otras personas con altas capacidades y es más, los hay que tienen problemas añadidos que tú no has sufrido o al revés, has sufrido mucho más que otros, pero te comprenden. De verdad. No en plan compasión…

Y ves que cuando hablas con otras personas con altas capacidades no sientes esa constante tensión mental de si te has explicado correctamente o si te ha entendido un 20% de lo que has querido decir. Y ya no hablemos de ese tedio cuando a la otra persona ni siquiera le importa lo que le cuentas. Sí, lo percibimos… Y lo disimulamos. Aguantamos mucho porque no queremos hacer sufrir a nadie, ni a una mosca. Porque sentir tanto sufrimiento te hace odiarlo tanto que no quieres que otros lo sufran. Así que sufres para que otros no vean lo que te hacen sufrir.

Quizás la palabra sufrimiento se podría sustituir por otras más correctas. Pero escribo este post después de año y medio con poco descanso cuando son las seis de la mañana. Además en una época de mi vida en la que todo va a pegar un cambio muy brusco.

Ojalá todo esto fuera cuestión de ser más inteligente y, por tanto, pensar la solución. Me lo repito mientras me siento desbordada por el cansancio sin poder dormir porque vives en una ansiedad constante que, aunque es mi estado natural, está desbordada por todas las emociones de ese cambio.

Y mientras tanto, entre bambalinas, se está gestando un nuevo blog para hablar de todo ello y que la constante sensación de soledad eterna desaparezca. Y mientras digo esto vuelvo a sentir dentro de mí una calidez que me da sosiego y paz mental. Porque hacer cosas nuevas que nos motive en medio del estrés insoportable, nos da relax.

Podría seguir escribiendo… Pero tengo un bebé que vuelve a llorar reclamando su teta, a las seis de la mañana…

Volviendo… otra vez

Me gusta hacer balance de fin de año, lo he hecho siempre. Y proponerme unos propósitos nuevos. El 2019 parece que se me ha escurrido entre la oposición y la bimaternidad. Han pasado muchas cosas, he contado unas pocas. Y ese ciclo se ha terminado, ¡empezamos un nuevo año! Además, un año redondo.

He tomado una serie de decisiones que por la fecha en la que estamos se podrían llamar propósitos y me gustaría imponerles ese nombre. Todas tienen que ver con mi vida 2.0 y afectan directamente a este blog en gran medida.

Hay cosas que van a desaparecer y cosas que van a volver. ¿Novedades? Pues no, he experimentado lo que tenía que experimentar y quizás aparezcan, pero no forman parte de esos nuevos propósitos.

El blog volverá a ser un blog, así que ya no promocionaré los productos que había puesto en venta. Seguramente el día que tenga tiempo de sobra (si eso vuelve a ocurrir) actualizaré el Kakebo para las fechas de este año. Ya que lo tendré hecho, lo dejaré disponible en su sección por un módico precio. El hosting y el dominio no son gratuitos y si puedo quitarle peso a esa factura anual, se agradece mucho. Pero no le dedicaré tiempo para promocionarlo ni tendrá su propio dominio. He liberado la web del Kakebo en Excel.

Lo mismo he hecho con las copas menstruales. Me queda algo de stock, seguramente para personas más allegadas. Pero ya no estarán disponibles en la web. Ya no me reportan ningún beneficio ni emocional ni económico y creo que su ciclo ha terminado y hay que dejarlo ir.

Vuelvo a este blog y Papá Fúturo y yo volvemos también a Supervivencia en Familia. Esperamos que con regularidad, así que nos leeremos más a menudo.

Respecto a las redes sociales, puedo decir que las he “concentrado”. Me dedicaré públicamente a Instagram. Me he quitado el WhatsApp del móvil y voy a dejar Facebook solo para los ratos realmente libres con el iPad.

Mi libro, pues pasará lo mismo que con el Kakebo. Ahí está, muchas personas me están diciendo que les está ayudando mucho, no sólo con la maternidad, si no con la organización en general. Quizás me anime a promocionarlo un poquito más, pero no le voy a dedicar el tiempo de mis hijos.

Tengo algunos proyectos en mente, pero no tienen nada que ver con este blog, aunque tienen relación. Si surge, os iré comentando.

Mi vida laboral… es cuestión de días que comience. Bebito Fúturo ya tiene día de comienzo en la guardería para hacer una adaptación adecuada. Antes de terminar este mes probablemente ya tenga una rutina respecto a mi vida laboral. También os iré contando, porque será una rutina ya para siempre.

¡Gracias por estar ahí! Os deseo un próspero 2020 de todo corazón.

No estoy hecha para emprender

No lo digo por decir. Tampoco lo digo porque lo piense. Lo digo porque lo he intentado, pero me ha servido para conocerme en otra faceta más de mi vida confirmando algo que en realidad ya intuía. Puse muchísimo empeño en que saliera bien, pero la verdad es la que es… Y hoy os la quiero contar.

Tras siete años trabajando en una empresa privada en particular donde estaba medianamente a gusto, ésta me echó. Aunque siendo sincera era un poco lo que quería, no era lo que me esperaba. Pensaba que conseguiría irme tras encontrar otro trabajo mejor, pero el sorpresón de encontrarme en paro me lo supe tomar con filosofía. Era una gran oportunidad de llegar más lejos. En esa empresa como mucho podía aspirar a encontrarme más a gusto con los compañeros y tener un rato de desayuno (cosa que no tenía en el puesto donde estaba).

Tenía un gran abanico de posibilidades delante de mí. Mis preferencias eran claras, quería trabajar para una empresa y jubilarme en ella. Lo único que pedía era que me valoraran y que la compensación económica me diera para vivir tranquila sin preocupaciones, además de un horario con el que poder conciliar con mi familia. Preferiblemente haciendo algo que me gustara dentro del ámbito administrativo, pero soy muy flexible y enseguida me entusiasmo con lo que se me ofrece.

En mi ámbito más cercano, con quienes tenía cierto trato continuo (en las redes sociales) proliferaba el emprendimiento femenino por motivos familiares. Todas triunfaban con sus servicios o sus productos y, como he dicho antes, me entusiasmo con facilidad. Siempre he querido aprender más sobre porteo y poder ayudar de verdad. También especializarme en lactancia. Y todas mis amigas me dicen que les acompañé muy bien al elegir una copa menstrual. ¡Incluso me llamaba la posibilidad de acompañar el duelo gestacional! Así que algo fraguaba dentro de mí que abría las puertas a ser mi propia jefa.

Todas hablaban de lo genial que era establecer tu propio horario cuando tienes niños tan pequeños. Quizás tenías que trabajar por la noche, pero lo elegías tú. El niño siempre estaba atendido y te sentías libre de trabajar de lo que realmente quieres. No estaba exento de dificultades, pero se las sorteaba en la medida de lo posible. Había muchas maneras, estableciendo un sistema de productividad que fuera acorde a ti. ¡Todo pintaba de lujo!

Obviamente, para conseguir triunfar tienes que hacer una gran inversión y con la indemnización en esos momentos me lo podía permitir. Así que pagué mi formación de porteo, de lactancia e incluso de marketing especializado en madres. Por supuesto, para empezar a ofrecer los servicios especializados en copas menstruales tenía que hacerme con un stock importante que también salieron de esos ahorrillos.

Con nada de vergüenza, pero sí un poco de inseguridad, comencé mi andadura. Que si me seguís desde hace tiempo, bien lo sabéis. Me temía las consecuencias legales por no hacerme autónoma, pero el riesgo era muy grande y preferí explorar el emprendimiento antes de tomar ese riesgo. ¡Ni siquiera ganaba suficiente para hacer frente a la cuota! ¿Cómo me iba arriesgar a perder el sustento de mis hijos? Bastante que hice una inversión descomunal…

En fin, la cosa empezaba a fluir. Quizás no era suficiente para subsistir de ello, pero siendo el principio no podía quejarme. Yo vendía y la gente estaba contenta con mi servicio. Poquito a poco esto aumentaría y podría vivir de ello. Con las formaciones adquiridas aprendía cada día algo más. Además, me quedé embarazada y la alegría solo aumentaba…

Hasta… que sufrí mi aborto.

Entonces la vida me dio un vuelco, pero de los malos. No como cuando tienes tu bebé en brazos y de repente eres consciente de lo frágil y fuerte que es la vida. Si no como cuando te sacan el corazón del pecho, le cortan un cachito y lo tiran para que se pudra.

Me habían roto las ilusiones. Quizás no fuera la primera vez, pero las consecuencias de ese momento todavía se me agarran al pecho al pensarlo. Menos mal que contaba con el acompañamiento de Mónica Álvarez, mi hada colegiada. Pero todo se volvió negro, ofuscado y tenebroso. Por fuera podía sobrellevarlo, pero por dentro se había roto una parte importante de mí.

Y el entusiasmo por emprender fue una de esas cosas que se rompieron. Quería hacerlo porque me comprometí con ello, invertí mucho dinero y no tenía otra esperanza de sustento. Ya era consciente de que las empresas no querrían valorarme por ser una posible futura madre sin carrera universitaria, así que tenía que intentarlo muy fuerte…

Entonces vi lo malo de emprender. Trabajar a destajo (aunque sea en algo que te guste de verdad) totalmente sola y ocupándote igualmente de todo. Estar mal, realmente mal, y que da igual… Si no lo haces, no consigues dinero. La responsabilidad de que lo que haces lo tienes que hacer realmente bien si quieres llegar al objetivo que te has marcado. La terrible incertidumbre por no saber con cuánto dinero vas a poder disponer a final de mes, ni a principios, ni siquiera de aquí a tres días.

Todo eso era algo que yo no quería en mi vida. Ni siquiera cuando estaba bien. Darme cuenta en ese momento fue un hito importante para mí. Probablemente si no hubiera estado mal, me habría acabado dando cuenta, ¿pero cuánto tiempo después?

Entonces confirmé lo que ya sabía, necesito sentir estabilidad económica y laboral. El emprendimiento está muy lejos de eso. Tiene muchas cosas buenas, lo he vivido, pero la estabilidad para mí es más importante que la libertad horaria o el ser mi propia jefa.

Sello de Calidad: Colchón de bebé Emma

Gracias a Madresfera he tenido la oportunidad de probar el Colchón Emma y os voy a desgranar lo que opino sobre las medidas y peso del colchón, composición y materiales, suavidad y percepción en general.

Antecedentes

Con Niño Fúturo usamos el colchón que nos dieron con la cuna. Había pasado por dos niñas anteriores y por el propio Niño Fúturo, así que insistí que Bebito Fúturo por lo menos estrenara colchón. Así que le compramos un colchón nuevo ajustado de presupuesto con unas condiciones aceptables.

Nunca durmió bien. Probamos de todo para que consiguiera un descanso óptimo, pero sospechaba que el colchón podría ser el culpable y justo llegó este sello de calidad. Tendríamos la oportunidad de confirmar si el culpable era el colchón u otra cosa…

Medidas y peso del colchón

Como se puede ver en la imagen, tiene 8 cms de altura. Cuando lo coges por primera vez se te hace poco, acostumbrada a colchones de 20 cms de altura, pero realmente acaban siendo suficientes. Ahí el colchón está recién desenrollado de la caja y pensaba que necesitaba unas 24 horas para adaptarse a su tamaño, pero en absoluto. Al leer las instrucciones te dicen muy claramente que sólo necesita unos minutos para quedarse perfecto y poderse usar, ¡lo cual está genial!

El peso es muy ligero. Pesa 3,5 kgs, por lo que una persona menuda puede con ello perfectamente. Ya he cambiado sábanas y es terriblemente cómodo para eso. Tanto por la altura porque todas las sábanas le van bien, como por el peso, que no te deslomas al cambiarle las sábanas. Me ha gustado mucho en ese aspecto.

Composición, materiales y suavidad

El colchón como tal está compuesto por polilactida. Un material que si investigas un poco es completamente ecológico hecho con recursos 100% renovables. En el caso del colchón tiene propiedades libre de toxicidad, también evita las alergias y es flexible para ajustarse a su columna, se mueva como se mueva. Muy flexible y cómodo.

La funda del colchón (que veis en la foto) tiene una cara blanca hecha un 66% de poliéster y un 34% de viscosa y la cara gris es 100% poliéster. Ambos lados son suaves y agradables. La blanca parece más calentita y la gris más fresca, cada una para su estación o para mejorar el confort según las necesidades.

Pero ambos dan gustito al tacto. Como podéis ver, tiene cremallera y se puede quitar fácilmente para lavar. Aunque le pongo sábanas, en esta ocasión no le he puesto funda para el colchón, le quitarías las propiedades de estas dos texturas y con lo fáciles que son para lavar, no lo creo necesario.

Con los colchones anteriores eran imprescindibles porque no se podían quitar la funda ni nada. Pero en esta ocasión, una sábana fina es suficiente.

Percepción en general

La llegada del colchón ha coincidido con virus familiares y salida de los dientes. Así que haríamos directamente la prueba de fuego. Pero sin adelantarme, os cuento un poco mi percepción sin haberlo probado.

Se nota la diferencia de calidad. El colchón anterior que tenía características similares (el primero era un colchón que se parecía más al de los adultos, pero el que compramos se parecía a éste) quizás podría llegar a parecernos que tenían similitudes generales. Pero si analizas específicamente, se nota que no tienen nada que ver. No es tan flexible y la figura que tenía la funda que lleva el colchón se notaba.

A ver si me expreso bien. La funda del colchón del que compramos tenía una especie de dibujo hecho con el hilo como para encajar mejor al bebé con una profundidad lo suficientemente grande como para que se notara con las sábanas. Aunque el Colchón de Emma también tiene unos dibujos, no se perciben en absoluto.

En cuanto al sueño. Bebito Fúturo cuando dormía en el colchón que compramos lloraba cada vez que se movía porque se despertaba, eso es algo que con el Colchón de Emma no nos ha pasado. Es verdad que se despierta por la noche, pero debo reconocer que desde que nos ha llegado el colchón le han salido 3 dientes seguidos, dudo que los despertares sean por el colchón. Pero sí estoy convencida que anteriormente sí se despertaba por el colchón.

Cuando el tema de los dientes haya terminado, haré una actualización de la entrada. De momento os confirmo que estoy contenta con el cambio, he notado diferencias.

La historia de una madre opositora (libro)

Zana (15 años), una tarde cualquiera en su casa: Quiero escribir un libro. Dentro de mí nace esa necesidad como si fuera una verdad universal. No sé, se me ocurren siempre mil historias, puede que alguna sea buena y merezca tener sus propias páginas. Voy a empezar ahora.

¿Por qué escribí un libro?

Por aquel entonces no tenía ordenador en casa. Recuerdo la imagen perfectamente, un folio de cuadrados pequeños de mi carpeta del colegio y un boli bic transparente. Me recuerdo escribiendo una historia en ese primer folio. Me imaginaba haciendo fotocopias y enviando a las editoriales y recibir respuestas negativas, y finalmente la positiva. Y la interrupción de mi madre para comer.

Ahí se quedó la historia de ese primer libro. Cuando volví, lo releí y descubrí mil fallos. Nació la inseguridad de mi faceta escritora. Sabía que algún día escribiría mi libro, que cambiaría muchas vidas para mejor, pero tenía mucho que practicar. Así que empecé leyendo todo libro que cayera en mis manos.

Con el tiempo y una amiga de los chats de IRcap descubrí los blogs… Tenía 17 años y me creía capaz de cambiar el mundo y mucho más. Mi primer blog sería lo que todo el mundo querría leer. ¿Y sobre qué iba a escribir? No lo sabía… Tenía que practicar para cuando escribiera un libro de verdad. No pensaba que lo fuera a leer nadie. Sólo era un rincón donde escribir como si fuera el libro y tantear el terreno, leer a otras personas en sus propios blogs y recibir comentarios sobre cómo mejorar. Se convirtió en el único rincón del mundo donde podía ser yo misma… Ya entonces ponía mucho cuidado con mis datos privados, pero eso no significaba que no podría usarse para utilizarme.

Desde entonces volví a dar muchos saltos blogueros hasta terminar en este rincón que bien conocéis o que acabáis de descubrir. Y ha llegado el día en el que os puedo hablar de un libro mío. ¿El único? No lo sé… pero sí el primero.

¿Por qué “La historia de una madre opositora”?

Cuando opositaba, en los pocos ratos que podía, que coincidía siempre con la hora de dormir de Bebito Fúturo y su eterna tetada, leía libros sobre oposiciones. Me ayudaba a estar enfocada, aunque no fuera el temario, y soportar la intranquilidad de parecer que no haces nada mientras alimentas a tu pequeño vástago (hormonas que te hacen sentir siempre culpable de hacer cosas aunque parece que no las haces).

Acabé leyendo casi todos los libros que por entonces había disponibles. Y ninguno era realista con la situación que yo estaba viviendo. Había consejos muy útiles que aplicaba, algunos estaban muy bien escritos. Todos tenían algo de paja para rellenar, pero no estaban escritos para madres opositoras.

Mi Instagram sobre oposiciones (opomamifutura) estaba teniendo bastante éxito. La compañía que sentía cuando me desahogaba del duro camino de una madre opositora era increíble. Muchísimas madres me decían que se sentían reflejadas en mí porque decía las cosas como eran. La oposición es dura, la maternidad es dura, el combo es… casi mortal. Pero ahí estaba, día tras día, cual hormiguita, coleccionando ratos de estudio como pequeños tesoros.

Así que me decidí por escribir ese libro que necesitaba leer, pero que no existía todavía. Pero antes necesitaba conseguir mi plaza para demostrar que era posible. Y que todas podíamos hacerlo.

¿Cómo se hizo realidad?

Como habéis leído antes, lo de escribir un libro me viene desde pequeña. Sabía que algún día lo haría, lo que no sabía era cuándo, ni cómo, ni de qué.

Un buen día se cruzó ante mí una oferta para “Autopublica tu Libro“. Es algo que ya estaba barajando desde hacía años, había descubierto Bubok y pensé que sería la herramienta perfecta para hacer mi libro realidad. No depender de editoriales era justo lo que quería. Aún así, aunque tenía decidido que iba a gestionarlo con Bubok, el curso me llamó la atención.

La oferta era tentadora y me apunté. Se abrió ante mí la posibilidad de que quizás no sería un libro de ficción, si no de no ficción. Tal y como he escrito mil veces en mis blogs. Podría hablar sobre la maternidad. Explicarle al mundo mi experiencia y ayudar a otras madres a ser felices con su maternidad. Abarcaría todo el mundo maternal, para que fuera completo…

Y entonces decidí opositar y dejé aparcado el proyecto, hasta que terminé de opositar y decidí escribir otro libro. Tras repensar también que ya había muchos libros sobre maternidad y lo que yo querría leer, ya está escrito porque ya lo he leído en otros libros.

¿Cómo puedo comprar el libro?

Finalmente he autopublicado en Amazon, así que te dejo pinchando en la imagen el enlace para poder adquirirlo tanto en formato papel, como en formato digital. Que también está disponible en su plataforma Unlimited:

Actividades Extraescolares 19/20

Al terminar el curso pasado, con la actuación de fin de curso, vi a Niño Fúturo vibrar de una manera muy especial. Disfrutaba muchísimo lo que estaba haciendo, era como verle brillar. Cuando se subió al escenario lo vi más claro que nunca. Estaba en su salsa. Era como ver brillar una estrella, la naturalidad en persona. Y me confirmó lo que intuí el resto del curso: necesita hacer algo fuera de la escuela. Una actividad extraescolar.

Por entonces tenía bastante claro que sería de la escuela de música. Él quiere tocar la batería, lleva la música en los genes. Quizás sus padres no nos hemos desarrollado artísticamente en esta faceta de forma laboral, pero sí lo disfrutamos y lo desarrollamos de forma personal. Sus intereses hacia la música son grandes.

Pero también se pasó todo el verano pidiéndome jugar al ajedrez. Todo pasó porque un buen día que yo estaba intranquila teniendo que cuidar de los dos hijos, cuando llegó Papá Fúturo de trabajar y después de comer se me ocurrió comentarle que si les apetecía jugar al ajedrez. Fue totalmente fortuito. Pero le fascinó y se pasó todo el verano pidiéndome jugar. Y yo teniendo que cuidar de un bebé, lo hacía cuando podía. Y, sinceramente, no lo hacía bien. Estaba intranquila, cansada y sobrepasada, así que no eran ratos de juegos tranquilos y pacientes.

Como en el cole nos lo permitían, decidimos que la semana de pruebas de actividades podría probar la extraescolar de música y la extraescolar de ajedrez para ver cuál le gustaba y que la practicara durante este año. Egoístamente me interesaba la de música, que es fuera del horario escolar y me daba una hora de margen para hacer cosas en casa. Pero él tiene la última palabra, así que decidí no ser egoísta.

Siempre trato de adelantarle a los acontecimientos para que en el momento de la verdad no se encuentre con la sorpresa, sino que vaya prevenido todo lo posible de lo que vaya a pasar. Así que le fui hablando de la semana de prueba de actividades, que probaría música y ajedrez para que eligiera el que más le gustara. Pues el sábado por la noche, mientras estábamos preparando para irnos a dormir me dice muy serio: “Mamá, ¿puedo probar lo de las niñas y los niños?”. Lo primero que me saltó a la mente es que estaba diciendo una tontería, pero decidí no ignorarle y preguntarle a qué se refería. Salió de la cama y haciendo un gesto de esgrima me dijo “quiero hacer kung-fu”. Óle ahí…

Obviamente el Kung-Fu no está entre las opciones de actividades extraescolares, pero al ser un arte marcial le enseñé vídeos de kárate y vídeos de judo, además de esgrima (ese gesto de esgrima tan natural despistaba). Tras ver a otros niños practicar esas tres actividades me confirmó que quería ir a clases de judo. Lo comenté con su padre, que casualmente también fue a judo cuando era pequeño, y decidimos que lo probara.

La primera actividad que probó fue judo. Salió fascinado. No paraba de hablar sobre los ejercicios que hicieron, sobre lo bien que lo hacía él mismo. En un buen momento nos dijo que él era del equipo azul y que un niño del equipo azul le dijo que si estaba bien… Mis alarmas de madre saltaron cual liebre y ahí se me escapó un: “¿Y qué pasó?”. Respuesta: “Nada”. ¿Cómo no va a pasar nada si otro niño te pregunta si estás bien? En fin… más o menos parece ser que debió de verle concentrado aprendiendo (cosa bastante habitual en él cuando está con nuevas personas y que ha heredado de su progenitora) y el chico, muy atento, debió de preocuparse por él. En sus palabras: “Estaba quieto mirando y me preguntó”.

La siguiente actividad era música, la que más me convenía de horario porque las otras dos son dentro de su horario escolar (en la hora del recreo, que tienen un recreo de 2 horas después de comer). 

Salió… fascinado. Si le viérais tendríais una imagen real de lo que es la fascinación, en serio. Le encantó todo lo que hizo y salió con ese halo brillante de felicidad. Hicieron un palo de lluvia y tocaron el triángulo. Con lo que le gustan las manualidades y los instrumentos de percusión… 

Y finalmente probó ajedrez. Como hubo colegio entre medias no sé exactamente cómo salió de la actividad, pero de cómo habló cuando le pregunté… Adivinad cómo salió. Sí, fascinado, jajajaja. Por lo visto había una parte que hacían con ordenador y no puede haber otra cosa que le guste más en la vida. Por la tarde me viene e hizo de profesor preguntándome las cosas que me imagino le preguntaron a él en clase.

Y llegó la hora de la verdad, la decisión de qué actividad haría. Hablando Papá Fúturo y yo creemos que una actividad física y otra mental podrían venirle muy bien. Sobre todo la física dado que es donde más cojea en general (y piscina ya tiene en sus clases, además de no hacerle tanta gracia). Así que judo tenía muchísimas papeletas para quedarse. Entre música y ajedrez… no nos decidimos. Estaba igual de fascinado con ambas opciones así que le hemos preguntado a él. El viernes la favorita era música, el sábado la favorita era ajedrez y el domingo la favorita era ajedrez… 

El año que viene la actividad de música es iniciación a la música, ya con conceptos de solfeo. Y por más que nos pese, más actividad extraescolar nos parece por un lado demasiado para un niño de 4 años y por otro lado, no es permisible para nuestra economía ahora mismo. Así que este año se quedará con judo y ajedrez, ambas de la rama deportiva. A ver qué tal termina el año, si le gusta de verdad y si repetimos experiencia para el siguiente. Él está emocionado con ambos. Le encanta aprender y tener amigos con aficiones comunes también le ayudará mucho en la faceta social, estoy segura.