El Teletrabajo

Lo que os voy a contar es mi realidad, no tiene que ser la realidad de otra persona. Es mi punto de vista, es mi experiencia, son mis pensamientos y mis sentimientos. En ellos influye una gran parte de mi forma de ser y quizás mi forma de expresarme, que se puede entender como algo distinto a lo que quise decir.

Estuve 3 años en paro, de los cuales 2 años opositando después de sufrir un aborto, quedándome embarazada, pariendo el mes del examen y seguir opositando mientras tenía un recién nacido y un niño muy pequeño. Y anteriormente, intentando emprender. No me remuneraban por ello, pero a día de hoy considero que eso fue más duro que lo que estoy haciendo ahora.

Y aún así, el ahora tampoco es ningún paraíso. No sé si el teletrabajo lo podría considerar “conciliación”. Según el concepto de conciliación que se tenga. Pero si el concepto es equilibrar tu vida laboral con tu vida familiar y sacar ambos adelante con decencia, esto no es conciliar.

Trato de ser siempre positiva y sí es cierto que mis hijos van a estar mejor con nosotros que con cualquiera en estas circunstancias donde no pueden jugar con otros niños de su edad. Pero cuando tienes reunión y llamadas en tu teletrabajo y te chilla el bebé de fondo, sin poder colgar o postergar la reunión. Y obviamente no puedes pedirle al bebé que deje de llorar porque sí… los nervios se te ponen a siete mil.

Como os decía, en mi experiencia con las oposiciones… no quería el teletrabajo. Incluso de mucho antes cuando estaba en el horizonte de mi extrabajo, intuía que no me iba a gustar. No tengo la templanza de atender ambos con la decencia que se requiere. Cuando me concentro lo hago con todos los sentidos y la multitarea me quita eficacia, cosa que llevo muy mal.

Si algo me está ayudando son las listas y la organización. Cierta planificación también ayuda, pero sigue siendo difícil. Lo que está claro es que tengo un horario de trabajo y ese trato de respetarlo sin excederme si no es necesario. Y si durante ese tiempo puedo atender las necesidades de mis peques, trato de hacerlo. Pero me disgusta no conseguir concentrarme en nada.

Aprendiendo en Confinamiento

Quitando las cosas que nos ha quitado este estado de alarma, como por ejemplo la seguridad sanitaria y la estabilidad económica. Saliendo de una crisis que ha golpeado nuestro país para entrar en otro peor que el gobierno llama “guerra sin bombas”… No voy a entrar más en este tema porque cada uno lo estamos sufriendo por nuestra parte.

Vengo a reconocer las partes buenas que en esta casa nos estamos llevando en la situación de confinamiento. Al principio la incertidumbre nos hizo pasarlo emocionalmente muy cuesta arriba. No saber cuánto iba a durar esto, no saber cómo afectaría a los niños, tanto emocionalmente como también académicamente. No nos engañemos, que cierren las escuelas significa que no están aprendiendo como en su rutina habitual y eso afectará en muchos sentidos. Los psicosociales los podemos gestionar desde casa, pero el futuro de sus notas… ¿quién nos asegura que podrán estudiar lo que van a estudiar?

Ojo, es cierto que los míos tienen una edad en la que eso es lo que menos preocupa porque todavía no están adquiriendo unos conocimientos imprescindibles para desarrollar su futuro académico y laboral. Pero también es una realidad con la que nos encontramos rodeados.

Como he dicho, mis hijos no tienen una edad en la que la adquisición de conocimientos sea una preocupación. Y esto lo he hablado con su tutora y me ha reconocido que simplemente es más la necesidad de establecer una rutina en la que no dejen de aprender cosas para que no se les atrofie la curiosidad. Y eso lo estamos trabajando, entre otras razones, porque lo reclama.

Ambos padres teletrabajamos, ninguno de los dos se puede dedicar al 100% a ellos en horario de oficina. Eso les está obligando a aprender a gestionarse socialmente entre ellos. Intervenimos en momentos de crisis, pero se reclaman el uno al otro adaptándose a sus edades. El bebé (19 meses) imita constantemente a su hermano y el hermano mayor (5 años) trata de cuidarle para que no se haga daño. Está siendo muy bonito verles crecer juntos, como hermanos, que se pelean y que se buscan. Están constantemente juntos, algo que no sería así sin confinamiento porque pasarían gran parte del tiempo en la escuela con otros niños, no entre ellos. Espero que esto se traduzca a largo plazo en un lazo de unión entre hermanos ejemplar.

Los padres les estamos viendo, constantemente. Es cierto que estar con ellos 24 horas los siete días de la semana las 6 semanas de confinamiento que llevamos es emocionalmente agotador. Tienen una energía que no se sabe muy bien de dónde sale. Seguimos teniendo noches muy malas con el bebé y el descanso escasea. Y no podemos escaparnos un rato para tomar un café con los amigos, ni siquiera para trabajar. Si acaso para salir a comprar. Pero estar a solas en tu propia casa para… ¿ducharte? Es un sueño hecho realidad. Ahora bien, también reconozco que el roce hace el cariño y estar unidos a ellos por el confinamiento te hace verlos rodeados de un halo de amor que solo quieres abrazar para que no crezcan. No te pierdes nada, ni sus cacas, y eso siempre une.

En nuestra casa estamos aprovechando todo lo que podemos cada instante que tenemos. Hemos creado un macetohuerto del que espero hablaros pronto en Supervivencia en Familia más al detalle. Pero por fin tenemos una terraza en la que te apetece tomarte el café. Siempre ha sido el trastero de la leña y algunas plantas, ahora es como un rincón zen. Nuestro huerto y jardín en macetas.

Es un post muy parecido al anterior. Pero quiero transmitir que también podemos sacar cosas buenas de los momentos malos.

El Confinamiento en nuestra casa

Todos hemos vivido de cómo hemos pasado de un “este virus no es tan letal” a en pocos días “no puedes salir de tu casa sopena de una multa”. Los primeros y más perjudicados nuestros hijos. No digo que los demás no estén perjudicados, pero los demás pueden encontrar una excusa para salir por algún motivo. Las alegrías de las calles se han apagado, los niños ya no corren por los campos. Los menos letales están encerrados, mientras esa persona mayor con bastón sigue yendo a comprar el pan sin guantes ni mascarilla. No me importa lo que haga la persona mayor, es su vida, sus circunstancias… lo que sí me importa es lo que sufre mi hijo.

Al principio podíamos pintarlo como una nueva aventura. Ya me llegaban ideas de que sería más largo de lo que parecía de principio, pero quería centrarme en el presente. Así que cada día hacíamos algo nuevo que no había hecho nunca antes, eso les encantaba. Cuidar del macetohuerto, montarle un refugio en otra habitación, hacer pan… Le metíamos en esas cosas que siempre queremos hacer y que nunca tenemos tiempo.

El bebé… esa es otra historia. Justo se acababa de adaptar a la guardería, dos días antes había empezado a dar sus primeros pasos. Estaba expandiendo su mente cuando se la hemos tenido que encerrar en nuestra casa. Fue emocionante ver también cómo disfrutaba de tener a sus padres para él. Daba vueltas por casa, veía al final del pasillo a su padre, abría los brazos y le daba un abrazo que siempre quedará en nuestra memoria. Yo le pongo motes para desahogar mi frustración de madre y pasó de ser “Tiranillo” a “Míster Abrazos & Don Dramitas”, creo que los motes ya lo dicen todo. ¡Ahora da besos! Cumplió los 19 meses hace poquito y está en una etapa encantadora, pero también le vemos sufrir.

Los adultos… somos adultos. Pasamos por nuestros ciclos de negación, frustración, aceptación, aprovechamiento, curiosamente no por ese orden. Además, cada uno su propio orden y eso nos ayuda a ser el apoyo del uno al otro en momentos distintos y por circunstancias diferentes. Yo he decidido aprovechar la crisis, no aprovecharme de los demás, si no tratar de hacer aquellas cosas que siempre he querido hacer.

Disfrutar mucho de los niños, en la medida de lo posible porque el bebé sigue sin tener noches buenas. Trato de ser todo lo accesible que ellos necesiten para que las circunstancias ellos también la aprovechen con su madre. Aprovecho para hacer cosas que me gustan, por ejemplo he grabado otra meditación que si queréis, me la pedís. A todo esto, no sé si sabéis que en su día hice ÉSTA (los textos también son míos). Estoy reorganizando todo mi papeleo, rescatando todas las facturas de forma digital de los últimos 4 años para tenerlas totalmente controladas, hasta me he creado un excel para controlar a partir del 2020 todos los datos relevantes de cada factura. Ayer terminé de organizar todo el historial médico de toda la familia, por persona y ordenado por fechas (lo siguiente es escanearlo). Y por supuesto que ya tengo digitalizado los documentos más relevantes como el Testamento y otros documentos notariales.

Ambos padres teletrabajamos y eso dificulta un poco la atención a los niños. Al principio parecía que sería más fácil, pero cada día se complica más porque vemos cómo aumenta su ansiedad. Niño Fúturo (5 años) ha crecido mentalmente en este confinamiento y ha desarrollado un pensamiento más crítico, también a nosotros, y nos lo manifiesta. Bebito Fúturo (19 meses) también crece en sus competencias psicomotrices y con la ansiedad se dedica a dar vueltas por la casa como si estuviera poseído porque necesita hacer ejercicio y desarrollar sus nuevas habilidades. Los padres a veces coincidimos en momentos críticos del trabajo en el que ninguno les puede atender aún estando los dos.

Así que bueno, hay momentos buenos y momentos no tan buenos (y si juntamos la falta de descanso por malas noches son realmente malos). Pero hacemos lo que podemos con lo que tenemos y tratamos de aprovechar al máximo posible. No voy a entrar en gestiones gubernamentales, bastante tengo con gestiones familiares y domésticas de la situación…

¿Y tú? ¿Ya tienes tu casa reluciente? Porque eso también va por etapas. Al principio me hice un buen croquis de cómo iba a limpiar poquito a poco cada estancia. Además, cumplí años en el confinamiento y ya habían comprado el regalo que me pedí (una vaporeta), así que empecé a usarla con mucha ilusión. Pero como todo en este confinamiento, ha ido por ciclos. A día de hoy tengo la habitación de los niños mejor que nunca y el proyecto de la cocina avanza a pasos de enano.

5 años de maternidad y 1,5 de bimaternidad

El cumpleaños de mi hijo y la vuelta a la vida laboral me ha despertado unos sentimientos que me veo en la necesidad de expresar. No por nada, si no porque no quiero olvidar estas sensaciones. La maternidad fulltime me ha dado una perspectiva de vida distinta y ahora, fuera de ella, puedo valorar con más claridad la experiencia que he tenido hasta el momento. Probablemente dentro de unos años lo recuerde de otra forma, pero ahora, “recién salida” lo siento de ésta.

Siempre me han dicho y no seré la primera a quien se lo oyes que la bimaternidad no es el doble, es mucho más trabajo que un solo hijo. Y por más que lo tenía asumido, no conseguía comprender qué se quería decir con ello. Pero es totalmente verdad. Tener un bebé llorando con sus necesidades de atención mientras tienes otro hijo también con sus necesidades al que le tienes que pedir que espere cuando está acostumbrado a ser atendido al momento y se frustra por ello…

El cansancio acaba superando las barreras límites que pensaba que tenían. Y aún así trataba de rendir como si fuera capaz de hacerlo. No sabía cuántos pañales cambiaba al día e incluso me preocupa poco que se hayan juntado un pis con otro y con otro y con otro.

Sinceramente, me ha afectado mucho emocionalmente que ambos tuvieran un carácter tan extraordinariamente distinto. Sabía que podía pasar, pero encontrármelo me ha dejado totalmente descolocada. Donde uno se distraía fácilmente con cualquier cosa que se moviera y más si estaba en una pantalla, al otro no hay pantalla que le frene la impetuosidad. Donde uno aceptaba calmado las circunstancias y en toda su adoslescencia habrá tenido 3 rabietas como mucho y muy llevaderas, el otro a su año y medio ya ha tenido unas diez nada llevaderas.

No se trata de comparar, pero la impotencia que he llegado a sentir me superaba y esa impotencia estaba generada por esos cambios tan excesivamente bruscos entre los dos niños.

También es verdad que han despertado una ternura que yo no sabría que tenía. El pequeño, de la misma forma que expresa su lado agresivo, también expresa más su lado cariñoso. En el mismo minuto que te lanza un manotazo, te lanza un abrazo.

Me han hecho ser más yo… O han obligado que descubra antes la yo que soy. Desde luego que si comparo mi vida antes de tenerlos con la de ahora, la anterior era mucho más tranquila y calmada. Pero si comparo la persona que fui con la que soy, soy más yo y me prefiero.

Niño Fúturo a sus 5 años

El ser que me hizo madre cumple hoy sus primeros 5 años de vida y aquí vengo, en parte, a presumir del hijo tan maravilloso que es y ha sido siempre (ya veremos si lo seguirá siendo, que estoy segura que sí, pero no quiero adelantarme a un futuro que desocnozco).

Niño Fúturo ahora quiere ser el más amigo de sus amigos y es increíble verlo. De verlo aislado a sí mismo a verle siendo popular entre sus compañeros. Trata de ayudarlos a todos y de agradar a los que considera más íntimos. Diferencia perfectamente a un amigo de un compañero. No le gusta cuando los amigos no cumplen las normas escritas y le genera sentimientos contradictorios, pero ya lo acepta. Ha tratado alguna vez de experimentar no cumplir las normas, pero al recibir su consecuencia no le ha gustado y no lo hace.

En casa es un niño muy atento. Ha aceptado la llegada de su hermano increíblemente bien y el genio que éste demuestra lo asume con paciencia infinita. Trata de enseñarle y le encanta ser su ejemplo. En todo este año cada vez ha sabido actuar mejor. A veces le cuida y lo hace mejor de lo esperado.

Con el resto de su familia también es muy atento y tiene una memoria prodigiosa. Se acuerda de todos detalles y pregunta por cómo están sus familiares.

Se distrae mucho. Sobre todo con las pantallas. En cuanto ve una en su campo de acción, se abstrae totalmente. De lo contrario, si no hay pantallas, es muy activo e inquieto, con muchísima curiosidad. Quiere aprender y absorbe todo lo que pasa a su alrededor. Lee mucho y solo.

Podría decir un millón de cosas más, pero me doy cuenta que todo es bueno, en resumen. Quiero que el tiempo se pare y quedarme con el niño que es para siempre.

Trabajo en Privada VS Trabajo en Pública (comienzos)

Cuando opositas, en todas las fases de la oposición todo el mundo te asegura que todo el sacrificio que haces merece la pena. El premio es grande y satisfactorio y los sacrificios habrán sido pocos para lo que consigues. La sensación de eterna promesa inalcanzable se hace duro. Además, una vez que la gente aprueba, como que desaparece. Te da nociones, te dicen que merece la pena, que están contentos y felices, pero nunca llegas a saber por qué.

Hoy vengo a romper la balanza y a contar mis impresiones, ya sabéis que me gusta hacerlo. Y creo que ha llegado el momento en el que tras haber empezado, os puedo contar qué diferencias hay respecto a la privada para que el mito sobre que merece la pena opositar sea verdad. Yo he estado al otro lado, he querido saber esto y por eso, ahora que lo experimento, os lo cuento.

Comienzos en la Privada

He trabajado en varias empresas privadas. En una he estado muchísimo tiempo y en otras mi recorrido ha sido bastante corto. En la mayoría he realizado funciones parecidas a las que realizo ahora, por lo que parto de la misma base.

La vorágine de empezar a trabajar en todos esos sitios siempre fue bastante caótico, pero desde luego que no desaprovechaban ni un solo minuto de mi contrato. En cuanto me habían presentado a mis nuevos compañeros y me ponían en la mesa, me daban cuatro nociones de mis funciones, me explicaban lo básico que necesitaba saber para cumplir y… ¡¡a trabajar!!

Si no sabía algo, lo iría aprendiendo sobre la marcha, pero ya contaban con que sabría hacerlo. A ver, suena mal, pero no. Eran majos, amables y todo eso, pero la sensación que yo tenía era que daban por hecho que sabría hacer lo que me pedían y tenía que preguntar si no era así. Deducía casi todo y acertaba bien, pero en muy pocos sitios se adelantaban a mis dudas. Así que ya en el segundo día parecía que nunca habría sido nueva.

Además, todo el tema de identificación personal lo tenía tramitado a los diez minutos de empezar. Si necesitaba correo electrónico, sesión en el ordenador, claves para diferentes programas… Cuando me sentaba a mi sitio después de presentarme a todo el personal, ya tenía todas mis claves.

La sensación siempre fue de exigencia. Se te exigía saber cosas que no te habían dicho. Y entre los compañeros mismos siempre había una cierta competencia.

Comienzos en la Pública

Cuando acabé de firmar la posesión, que es cuando oficialmente firmas el contrato de empezar y a partir de ese momento me convertí en trabajadora pública, tuve que irme a otro sitio a firmar más cosas. Pero a otro sitio literal, en otro edificio de otro lado. Pero es más, no me dijeron el sitio que era, lo deduje por otros compañeros que les constaba la misma consejería y me equivoqué, así que tuve que ir a otro sitio distinto que mis compañeros para firmar lo mismo. Me chocó muchísimo, no hay nada centralizado, incluso en la misma consejería. Según tu destino, firmas lo mismo en sitios distintos…

Tras hacerme el tour de firma de documentos varios y variados. Entre los cuales está la toma de posesión, la protección de datos, la cuenta bancaria para la nómina, la solicitud del abono, la declaración de irpf, etc. llego a mi lugar de trabajo. Me reciben con los brazos abiertos aceptando mi condición de funcionaria de carrera y siendo muy delicados al expresarse.

Poniendo en situación. La funcionaria interina que ocupaba mi puesto tenía unas condiciones laborales por las que cesaba única y exclusivamente en el momento en el que yo firmaba esa posesión del cargo público. La administración nos tiene prohibido cruzarnos, por lo que cuando yo firmo mi posesión, a ella la llaman para que abandone el cargo. En mi caso, llevaba muchos años y le tenían cariño. Cuando entré, hubo veces que sin querer se escapaba un “la que sustituye a X”, pero enseguida corregían y decían “quien ocupa su plaza merecida”. Ese día me permitieron irme antes a casa sin haber encendido el ordenador para que lo celebrara.

La entrada fue igual de caótica que en la privada, pero las exigencias eran distintas. Trabajo para un departamento que no “me gestiona” y es todo un poco complicado. Yo cumplo las funciones del departamento que “me gestiona”, pero para un departamento distinto, con sus particularidades. Entonces el jefe que me aprueba los días de permisos no es el mismo que el jefe que me da trabajo. Entre ellos se hablan y se coordinan, pero es algo que en la privada no me ha pasado nunca.

No daban por hecho que supiera nada. Casi me intentaban explicar hasta cómo hacer click en el ratón (he exagerado, pero la diferencia es abismal). Tratan de mimarme y que estuviera a gusto y no me agobiara. Valoran a menudo mi eficacia y están muy atentos a que me sienta bien. Sobre todo me ha sorprendido la valoración que hacen constantemente de lo bien que realizo mi trabajo, ¡eso nunca me había pasado en la privada!

Y sobre las claves e identificaciones que necesito para realizar mi trabajo… Bueno, unas claves las tengo que solicitar a un sitio y me las autorizan en otro. Otras claves las tengo que solicitar personalmente a otro departamento distinto. La de inicio de sesión del ordenador tardó una semana porque era urgente, de lo contrario, habría tardado mucho más. Así que mientras tanto tenía que trabajar con claves de mis compañeros e incluso de mi jefe.

Y la sensación general es la falta de competencia entre mis compañeros. Cada uno se ha ganado su puesto de trabajo con sus condiciones (de carrera o interino) y todos son bienvenidos.

Las guarderitis

Es oficial, he empezado a trabajar. Es algo que consta incluso en el boletín oficial. ¿Y qué pasa cuando tienes un bebé y tú debes cumplir con tu vida laboral? Pues que ese pequeño bebé indefenso con toda una vida llena y plena que vivir comienza su andadura en la guardería.

Con este post pretendo desempolvar un poco el blog y quitarle sus telarañas a la vez que me desahogo en esta eterna dualidad de ser madre VS ser mujer y persona. Y si no lo he hecho antes es por sufrir de guarderitis.

Bebito Fúturo y yo hemos podido disfrutar y sufrir de 16 meses de convivencia. Todo el mundo se queda con la parte de disfrutarla y pocos reconocen la parte de sufrirla. Yo quiero reconocer ambas partes, la buena y la mala.

La parte buena

Un bebé da mucho trabajo, pero estar con él te quita también muchísimo. Al poder cuidarle como buena madre se pone enfermo con menos frecuencia. Eres quien mejor le conoce y puedes ver toda su evolución. También ayudarle a evolucionar, ayudarle a crecer y estar con él.

Él te aporta felicidad a un nivel de sacrificio que merece la pena. Es extraño descubrir cómo puede pagarlo todo con una sonrisa. Te deja totalmente noqueada con una mirada dulce. Y poder saber que está sano y crece feliz entre tus brazos acaba realizándote como madre. Es una sensación de satisfacción pura a pesar del sacrificio que haces quedándote sin vivir experiencias a las que estás acostumbrada.

Pero todo eso da igual. Algo salido de tus entrañas se va a convertir en la razón de tu ser. Y disfrutas de su primera sonrisa, su primera comida, sus primeros pasos, sus primeras palabras…

La parte mala

Dejas de ser tú y de controlar tu vida. Creo que es lo que más echo de menos con diferencia. Poder ducharme cuando yo lo decida. Salir a tomar algo con quien me apetezca. Tener un bebé no quita que puedas hacerlo, pero tienes que entrar en la faena de adaptarlo.

Las salidas serán muy planificadas, además de muy cargadas de un millón de cosas para cualquier circunstancia. Pero es más, da igual cuanto tiempo de antelación lo hayas planificado, que siempre puede haber un cambio de planes repentino que se llevará al traste tus intenciones.

¿Te quieres duchar después de ir al gimnasio para tener el pelo seco antes de dormir? Bueno, pues no te olvides de que llegas a la hora habitual de la cena de tus hijos y que éstos no van a esperar a que te duches para llorar de hambre. Y en su ritual nocturno debes respetar que tras la comida, va su ducha y que les tienes que preparar para dormir. Pero es más, el bebé decide que no quiere dormir y te toca aguantar el tirón hasta que se duerma una hora más tarde. Total, que cuando te quieres duchar le estás robando el tiempo a dormir y eso del pelo seco… Recuerda que mientras los niños duermen mejor no hacer ruido, así que prohibido.

Adaptación a la Guarde

Todo esto viene porque, al empezar a trabajar, Bebito Fúturo ha empezado la guardería. En el colegio han respetado completamente el método de adaptación que he elegido y en esta ocasión lo hemos podido hacer paulatinamente. Pero los virus nos han atacado por igual.

Quizás por la lactancia materna que aún mantenemos, la virulencia no ha sido muy grande, pero sí inevitable. No sé qué virus ha tenido, como dice el título, yo ya lo llamo todo guarderitis.

La profundidad de mis AACC

Sinceramente, siento mucho tedio cuando veo en la persona con quien hablo que se cree que las altas capacidades es algo bueno, solamente. No ve ni se plantea que si tienen un diagnóstico psicológico es porque conllevan un sinfín de probabilidades de suponer un problema. Total, si es listo podrá resolverlo…

Ojalá todo fuera tan simple. De verdad que deseo que si el problema estuviera en la inteligencia se solucionara simplemente con pensar. Nos pudiéramos sentar, junto a un café, y decir… “A ver, ¿cómo soluciono las ganas de suicidarme que tengo?”. Porque sí, esas ganas de quitarnos la vida y acabar con nuestro sufrimiento están ahí, son una realidad.

Y cuando vas a cualquier psicólogo que no ha tenido contacto con las altas capacidades, que son muchísimos, te diagnostica de depresión, te manda pastillas y le da igual que dentro de ti tengas el eterno dilema (hasta llegar a volverte loco) que si hoy estás contento porque sí o por la pastilla. Esa pastilla se convierte en el centro de tus pensamientos y lo justifica todo, hasta los ratos largos en el baño pensando si merece o no la pena vivir enganchado a la pastilla. ¿Será para toda la vida? Y no paras de buscar la manera de quitarte esa pastilla. Te planteas qué puedes hacer e incluso cómo engañar al médico para que te la quite. Porque esa pastilla para ti es una tortura, no la solución.

Mientras, la gente sigue pensando que las altas capacidades son una maravilla.

Luego están las personas que no quieren etiquetar a la gente. Me parece maravilloso, porque yo también lo defiendo, que no metamos a las personas en sacos y hagamos lo mismo con todas las que están en el mismo saco. Odio profundamente que se me meta en un saco. Porque no, todos somos diferentes en la misma medida, con un equilibrio delicado, en la que todos somos iguales.

Pero cuando se le pone nombre a tu sufrimiento y comienzas a ver que tiene solución. Bueno, no se te pueden quitar las altas capacidades, pero empiezas a encontrar la forma de gestionar tus emociones. Pues oye, que sigo pensando que prefiero no ser metida en un saco, pero dame toda la información del saco en el que estoy metida para conseguir dejar de querer morir.

De repente, todo lo que te pasa tiene una explicación lógica. No solo eso, ¡no estás sola en el mundo! Esas experiencias vitales que te hacen sufrir constantemente son comunes en otras personas con altas capacidades y es más, los hay que tienen problemas añadidos que tú no has sufrido o al revés, has sufrido mucho más que otros, pero te comprenden. De verdad. No en plan compasión…

Y ves que cuando hablas con otras personas con altas capacidades no sientes esa constante tensión mental de si te has explicado correctamente o si te ha entendido un 20% de lo que has querido decir. Y ya no hablemos de ese tedio cuando a la otra persona ni siquiera le importa lo que le cuentas. Sí, lo percibimos… Y lo disimulamos. Aguantamos mucho porque no queremos hacer sufrir a nadie, ni a una mosca. Porque sentir tanto sufrimiento te hace odiarlo tanto que no quieres que otros lo sufran. Así que sufres para que otros no vean lo que te hacen sufrir.

Quizás la palabra sufrimiento se podría sustituir por otras más correctas. Pero escribo este post después de año y medio con poco descanso cuando son las seis de la mañana. Además en una época de mi vida en la que todo va a pegar un cambio muy brusco.

Ojalá todo esto fuera cuestión de ser más inteligente y, por tanto, pensar la solución. Me lo repito mientras me siento desbordada por el cansancio sin poder dormir porque vives en una ansiedad constante que, aunque es mi estado natural, está desbordada por todas las emociones de ese cambio.

Y mientras tanto, entre bambalinas, se está gestando un nuevo blog para hablar de todo ello y que la constante sensación de soledad eterna desaparezca. Y mientras digo esto vuelvo a sentir dentro de mí una calidez que me da sosiego y paz mental. Porque hacer cosas nuevas que nos motive en medio del estrés insoportable, nos da relax.

Podría seguir escribiendo… Pero tengo un bebé que vuelve a llorar reclamando su teta, a las seis de la mañana…

Volviendo… otra vez

Me gusta hacer balance de fin de año, lo he hecho siempre. Y proponerme unos propósitos nuevos. El 2019 parece que se me ha escurrido entre la oposición y la bimaternidad. Han pasado muchas cosas, he contado unas pocas. Y ese ciclo se ha terminado, ¡empezamos un nuevo año! Además, un año redondo.

He tomado una serie de decisiones que por la fecha en la que estamos se podrían llamar propósitos y me gustaría imponerles ese nombre. Todas tienen que ver con mi vida 2.0 y afectan directamente a este blog en gran medida.

Hay cosas que van a desaparecer y cosas que van a volver. ¿Novedades? Pues no, he experimentado lo que tenía que experimentar y quizás aparezcan, pero no forman parte de esos nuevos propósitos.

El blog volverá a ser un blog, así que ya no promocionaré los productos que había puesto en venta. Seguramente el día que tenga tiempo de sobra (si eso vuelve a ocurrir) actualizaré el Kakebo para las fechas de este año. Ya que lo tendré hecho, lo dejaré disponible en su sección por un módico precio. El hosting y el dominio no son gratuitos y si puedo quitarle peso a esa factura anual, se agradece mucho. Pero no le dedicaré tiempo para promocionarlo ni tendrá su propio dominio. He liberado la web del Kakebo en Excel.

Lo mismo he hecho con las copas menstruales. Me queda algo de stock, seguramente para personas más allegadas. Pero ya no estarán disponibles en la web. Ya no me reportan ningún beneficio ni emocional ni económico y creo que su ciclo ha terminado y hay que dejarlo ir.

Vuelvo a este blog y Papá Fúturo y yo volvemos también a Supervivencia en Familia. Esperamos que con regularidad, así que nos leeremos más a menudo.

Respecto a las redes sociales, puedo decir que las he “concentrado”. Me dedicaré públicamente a Instagram. Me he quitado el WhatsApp del móvil y voy a dejar Facebook solo para los ratos realmente libres con el iPad.

Mi libro, pues pasará lo mismo que con el Kakebo. Ahí está, muchas personas me están diciendo que les está ayudando mucho, no sólo con la maternidad, si no con la organización en general. Quizás me anime a promocionarlo un poquito más, pero no le voy a dedicar el tiempo de mis hijos.

Tengo algunos proyectos en mente, pero no tienen nada que ver con este blog, aunque tienen relación. Si surge, os iré comentando.

Mi vida laboral… es cuestión de días que comience. Bebito Fúturo ya tiene día de comienzo en la guardería para hacer una adaptación adecuada. Antes de terminar este mes probablemente ya tenga una rutina respecto a mi vida laboral. También os iré contando, porque será una rutina ya para siempre.

¡Gracias por estar ahí! Os deseo un próspero 2020 de todo corazón.

No estoy hecha para emprender

No lo digo por decir. Tampoco lo digo porque lo piense. Lo digo porque lo he intentado, pero me ha servido para conocerme en otra faceta más de mi vida confirmando algo que en realidad ya intuía. Puse muchísimo empeño en que saliera bien, pero la verdad es la que es… Y hoy os la quiero contar.

Tras siete años trabajando en una empresa privada en particular donde estaba medianamente a gusto, ésta me echó. Aunque siendo sincera era un poco lo que quería, no era lo que me esperaba. Pensaba que conseguiría irme tras encontrar otro trabajo mejor, pero el sorpresón de encontrarme en paro me lo supe tomar con filosofía. Era una gran oportunidad de llegar más lejos. En esa empresa como mucho podía aspirar a encontrarme más a gusto con los compañeros y tener un rato de desayuno (cosa que no tenía en el puesto donde estaba).

Tenía un gran abanico de posibilidades delante de mí. Mis preferencias eran claras, quería trabajar para una empresa y jubilarme en ella. Lo único que pedía era que me valoraran y que la compensación económica me diera para vivir tranquila sin preocupaciones, además de un horario con el que poder conciliar con mi familia. Preferiblemente haciendo algo que me gustara dentro del ámbito administrativo, pero soy muy flexible y enseguida me entusiasmo con lo que se me ofrece.

En mi ámbito más cercano, con quienes tenía cierto trato continuo (en las redes sociales) proliferaba el emprendimiento femenino por motivos familiares. Todas triunfaban con sus servicios o sus productos y, como he dicho antes, me entusiasmo con facilidad. Siempre he querido aprender más sobre porteo y poder ayudar de verdad. También especializarme en lactancia. Y todas mis amigas me dicen que les acompañé muy bien al elegir una copa menstrual. ¡Incluso me llamaba la posibilidad de acompañar el duelo gestacional! Así que algo fraguaba dentro de mí que abría las puertas a ser mi propia jefa.

Todas hablaban de lo genial que era establecer tu propio horario cuando tienes niños tan pequeños. Quizás tenías que trabajar por la noche, pero lo elegías tú. El niño siempre estaba atendido y te sentías libre de trabajar de lo que realmente quieres. No estaba exento de dificultades, pero se las sorteaba en la medida de lo posible. Había muchas maneras, estableciendo un sistema de productividad que fuera acorde a ti. ¡Todo pintaba de lujo!

Obviamente, para conseguir triunfar tienes que hacer una gran inversión y con la indemnización en esos momentos me lo podía permitir. Así que pagué mi formación de porteo, de lactancia e incluso de marketing especializado en madres. Por supuesto, para empezar a ofrecer los servicios especializados en copas menstruales tenía que hacerme con un stock importante que también salieron de esos ahorrillos.

Con nada de vergüenza, pero sí un poco de inseguridad, comencé mi andadura. Que si me seguís desde hace tiempo, bien lo sabéis. Me temía las consecuencias legales por no hacerme autónoma, pero el riesgo era muy grande y preferí explorar el emprendimiento antes de tomar ese riesgo. ¡Ni siquiera ganaba suficiente para hacer frente a la cuota! ¿Cómo me iba arriesgar a perder el sustento de mis hijos? Bastante que hice una inversión descomunal…

En fin, la cosa empezaba a fluir. Quizás no era suficiente para subsistir de ello, pero siendo el principio no podía quejarme. Yo vendía y la gente estaba contenta con mi servicio. Poquito a poco esto aumentaría y podría vivir de ello. Con las formaciones adquiridas aprendía cada día algo más. Además, me quedé embarazada y la alegría solo aumentaba…

Hasta… que sufrí mi aborto.

Entonces la vida me dio un vuelco, pero de los malos. No como cuando tienes tu bebé en brazos y de repente eres consciente de lo frágil y fuerte que es la vida. Si no como cuando te sacan el corazón del pecho, le cortan un cachito y lo tiran para que se pudra.

Me habían roto las ilusiones. Quizás no fuera la primera vez, pero las consecuencias de ese momento todavía se me agarran al pecho al pensarlo. Menos mal que contaba con el acompañamiento de Mónica Álvarez, mi hada colegiada. Pero todo se volvió negro, ofuscado y tenebroso. Por fuera podía sobrellevarlo, pero por dentro se había roto una parte importante de mí.

Y el entusiasmo por emprender fue una de esas cosas que se rompieron. Quería hacerlo porque me comprometí con ello, invertí mucho dinero y no tenía otra esperanza de sustento. Ya era consciente de que las empresas no querrían valorarme por ser una posible futura madre sin carrera universitaria, así que tenía que intentarlo muy fuerte…

Entonces vi lo malo de emprender. Trabajar a destajo (aunque sea en algo que te guste de verdad) totalmente sola y ocupándote igualmente de todo. Estar mal, realmente mal, y que da igual… Si no lo haces, no consigues dinero. La responsabilidad de que lo que haces lo tienes que hacer realmente bien si quieres llegar al objetivo que te has marcado. La terrible incertidumbre por no saber con cuánto dinero vas a poder disponer a final de mes, ni a principios, ni siquiera de aquí a tres días.

Todo eso era algo que yo no quería en mi vida. Ni siquiera cuando estaba bien. Darme cuenta en ese momento fue un hito importante para mí. Probablemente si no hubiera estado mal, me habría acabado dando cuenta, ¿pero cuánto tiempo después?

Entonces confirmé lo que ya sabía, necesito sentir estabilidad económica y laboral. El emprendimiento está muy lejos de eso. Tiene muchas cosas buenas, lo he vivido, pero la estabilidad para mí es más importante que la libertad horaria o el ser mi propia jefa.